Androja caineja, el embutido leonés desconocido

Rubén e Irina recuperan este embutido típico de Caín de Valdeón y aplican la innovación para crear productos innovadores como cubos de sabor, barritas energéticas para corredores o sopas de ajo instantáneas listas para comer en tan sólo tres minutos

Productos elaborados con Androja. / I. Santos
A. CUBILLASLeón

Hay sabores que evocan recuerdos. Que sirven para establecer nexos de unión entre el pasado y el presente. Sabores como el de la Androja caineja. Un embutido que surgió hace siglos, por necesidad, en tiempos en los que la carne del gocho no saciaba las bocas hambrientas.

Por ello, los lugareños decidieron conjugar la carne de cerdo adobada con pan y cebolla. El resultado, un producto que, a simple vista parece chorizo, pero que ofrece un sabor intenso, con una textura suave y sedosa que se conjuga con toques de picante y dulce que lo hacen inconfundible.

Sin embargo, con los años dejo de formar parte de la gastronomía de la montaña leonesa. Poco a poco fue desapareciendo de las casas del Valle de Valdeón, donde tan sólo queda en la memoria de los mayores.

Como Palmira, una vecina de Caín de Valdeón, que ha inspirado a su nieta Irina que, de la mano de su marido Rubén, han lanzado ‘Güela Palmira’, una marca con la que han recuperado este embutido que, por sus características, entendían que no podían dejar de morir.

Y por ello, se pusieron manos en la ‘masa’. Palmira enseño paso a paso como elaborar la androja que, pronto, se convirtió en un condimento más de algunos de los platos de su restaurante El Desván en Posada de Valdeón, donde además empezaron a comercializar ante el reclamo de aquellos que a cada mordisco rememoraron un pasado lejano y aquellos que se sorprendían con un sabor nuevo.

Innovación en la cocina

Pero ni Irina ni Rubén quisieron quedarse allí. Siguiendo la premisa de que en la innovación y la calidad está el éxito, este matrimonio decidió dar una vuelta de tuerca y lanzar unas barritas energéticas a base de androja, muesli, membrillo y miel.

Un chute de energía del que ya han disfrutado los participantes de las carreras de montaña El Cainejo y la Transvaldeónica. “En las bolsas del corredor incluían complementos alimenticios, bien en barritas o geles, que les resultaban muy dulzones. En ese momento se nos ocurrió la idea de crear una barrita”, recuerda Rubén.

Un primer producto al que le siguió el ‘T´Adobo’, cubos de sabor o pastillas sazonadoras que dan un toque único y refuerza los sabores de los guisos más tradicionales. Como unas sopas de ajo, uno de los platos señeros de la gastronomía leonesa, que ahora podrás disfrutar en tan sólo tres minutos.

La última creación de Rubén e Irina es el 'Yo t´adobo', sopas de ajo aderezadas con androja listas para comer en tan sólo tres minutos

Es ‘Yo t’adobo’, la última propuesta de este matrimonio que presentan en un cubo. En su interior, pan de hogaza de Valdeón, que previamente han secado, acompañado por dos láminas de pimentón y ajo y dos cubos sazonadores. El único requisito, hervir agua, remover y dejar reposar tres minutos. La guinda, una pipeta de aceite con ajo.

Un producto novedoso, que sorprende, sobre todo al paladar, y que está pensado para disfrutar de unas deliciosas sopas de ajo de forma rápida y sencilla, que marca la diferencia gracias al sabor de la androja que evoca al recuerdo de ese pasado de un Valle de Valdeón, al que estos dos jóvenes quieren dar un impulso.

Impulso al Valle de Valdeón

Porque su objetivo no es otro que dar a conocer una zona tan lejana como hermosa, aún muy desconocida. “Intentamos buscar a través del sabor, de la gastronomía y de los recuerdos un enganche para que se conozca la zona y fomentar el turismo”.

Porque por ahora tan sólo en su restaurante ‘El Desván’ se podrá disfrutar de alguna de las versiones de este embutido con un sabor diferente, que conquista paladares y que ha despertado el interés de este matrimonio, que ya juega en su cabeza con nuevas ideas, demostrando que saben conjugar tradición e innovación como nadie bajo el paraguas de ‘Güela Palmira’.

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