Inspiración leonesa en porciones

La pizza de cecina y castañas en almíbar, embajadora de la gastronomía del Barrio Húmedo

Pizza de cecina de La Competencia. /
Pizza de cecina de La Competencia.
JUAN J. LÓPEZLeón

A tenor de lo estudios realizados por los historiadores, no es de extrañar que la pizza llegase a León gracias a la Legio VI, y que esta se ganase el apelativo de ‘Victrix’, tras un suculento festín de pan plano con queso fundido por encima.

Las legiones romanas –como con otras tantas ideas, artilugios y enseres de su cultura– bebían de la influencia griega y de aquellos panes recubiertos de queso con dátiles que utilizaban los hoplitas, el llamado ‘plakuntos’, quizá, a su vez, incorporado por estos tras los tiras y aflojas entre espartanos y persas. Está claro que de los ‘palos’ de la antigüedad también se extraían ideas.

Es por ello, que bien pudieron ser los soldados de Octavio Augusto los que entre ‘pilum’ y ‘gladius’ con cántabros y astures, fuesen los primeros en engullir la primera porción de pizza de la provincia leonesa. Las mismas raciones que La Pizzeria La Competencia ha convertido en su mejor embajadora desde hace 25 años, primero en León, y, posteriormente, en ciudades como Valladolid, Palencia, Burgos, Ponferrada, Avilés, Gijón u Oviedo. «Es uno de los productos que más llama la atención», explica Alberto Pérez, uno de los representantes de la firma leonesa en el local del popular Barrio Húmedo, tan en boga estos días por la capitalidad gastronómica de la ciudad leonesa.

La pizza, ese antiguo ‘plakuntos’ griego, se ha convertido en el mejor reclamo para los visitantes y claro, cuando el turista, que comienza a llegar en un número importante de ciudades como Madrid, y no precisamente en ‘caligae’ sino en AVE, centra sus ojos en esa ‘pizza leonesa’, el pedido está claro. «Llama la atención. Tiene un aspecto peculiar y resulta llamativo», afirma Pérez, quien incide en el contraste que se produce entre los dos productos estrella del plato: la cecina y la castaña. «Nadie puede tener dudas de dónde es la pizza, ¿no?», bromea Alberto, quien admite el aumento de visitantes a la ciudad.

En el interior de la cocina del establecimiento, Miguel Ángel González alude al secreto de «la leonesa». «La clave está en la masa. Es súper fina, hecha artesanalmente y de manera casera», afirma. «Es fundamental que quede muy crujiente, crujiente», añade de inmediato.

La base inmediatamente se recubre con una capa de tomate «elaborado también de forma casera», para, a continuación, colocar una capa de castañas. «Tienen que ser del Bierzo», señala el cocinero leonés, quien defiende el producto «de la tierra».

Tras el horneado, el toque «mágico» llega con la cecina. «De la del IGP», agrega Miguel Ángel, quien no escatima a la hora de recubrir el plato con parmesano, mozzarella y un embutido, que unido a la receta prerromana, bien podría ser digno de un banquete del mismísimo César.

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