Venecia, el 'Big Bang' de la pintura moderna

Vista de dos versiones de la María Magdalena penitente, de Tiziano. / EFE

El Thyssen reúne un centenar de piezas, la mayoría inéditas en España, de los maestros que cambiaron el ideal de belleza

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La pintura se destruyó en la Venecia de siglo XVI para reinventarse. El Renacimiento fue literal, acabando con un modelo oscuro y normativo, encorsetado por la religión y en el que imperaban la línea y el dibujo, para asistir al insólito triunfo del color y la sensualidad. Un arte nuevo en el que prima la mancha, cabe la improvisación y emerge una libertad vedada hasta entonces a los artistas. «Fue el 'Big Bang' de la pintura moderna» explica gráficamente Guillermo Solana, director del Museo Thyssen-Bornemisza, que con la muestra 'El Renacimiento en Venecia' ilustra esa liberadora, sensual y seminal explosión que alcanza al arte contemporáneo. Sin ella sería imposible llegar a Pollock, Rothko, Bacon o Freud.

'Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura' es el subtítulo elegido por el comisario de la exposición, Fernando Checa, ex director del Prado, catedrático de Historia del Arte y gran experto en el Cinquecento, «cuando Venecia se reinventa y reinventa el ideal de belleza y la pintura misma». Ha logrado reunir 89 obras excepcionales de Tiziano, Tintoretto, Veronés -el trío magno del Renacimiento veneciano-, Jacopo, Bassano, Giorgione o Lorenzo Lotto, entre otros, muchas de ellas nunca vista en España.

Telas como la última 'María Magdalena' que pintó Tiziano, y a la que dice la leyenda que murió abrazado, y que se exhibe junto a las de San Petersburgo y Nápoles; 'El rapto de Europa', de Paolo Veronés, enorme lienzo que nunca antes había salido de Italia y que sólo dejó un vez el palacio Ducal de Venecia para viajar a Verona, o el 'Retrato de un joven en su estudio', de Lorenzo Lotto, uno de los grandes retratos de Renacimiento. Comparten protagonismo con el icónico 'Joven caballero en un paisje' de Carpaccio, y el monumental 'Paraíso' de Tintoretto, dos joyas del propio Thyssen incorporadas al relato de Checa.

Ficha:

Qué: El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura.

Dónde: Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado, nº 8 (Madrid). www.museothyssen.org

Cuándo: Del 20 de junio al 24 de septiembre de 2017.

Cuánto: Entrada general a 12 €, reducida a 8 €.

Cadena

El arte veneciano del siglo XVI brilló con renovado esplendor al liberarse del corsé religioso y academicista. De la tiranía del dibujo, la planificación y el intelecto. «Venecia establece los fundamentos de la pintura moderna, de los que surgen Rubens, Caravaggio, Rembrandt, Velázquez y los demás genios del Barroco que aprenden de los maestros del Veneto», explica Solana sobre una muestra con 19 obras de Tizianio, 16 de Veronés, 8 de Tintoretto y 6 de Bassano.

Son los primeros eslabones de una brillante cadena, de la que también Goya forma parte, «y que llega al impresionismo, al expresionismo y la abstracción». «Al consagrar la primacía del color y la mancha, tiene una profunda huella en la pintura del siglo XX, con la liberación del pintor, la aceptación de la improvisación y la puesta en valor de lo inacabado que veremos en el 'action paiting'», precisa Solana.

Lo ratifica Checa, que ve la huella de esa nueva e inusitada libertad surgida en en la Venecia renacentista «en pintores como Francis Bacon, Mark Rothko o Lucien Freud». La excepción sería Picasso, más ligado a tradición francesa de Ingres o Poussin. Y es que en en aquella Venecia que renace, surge el uso del claroscuro, del color y su sensualidad como fundamento de la representación de la figura y del espacio. Florece también una atención a la naturaleza más directa que la que proponía la tradición clásica, y de concepción más idealista.

La muestra se abre con el primer plano de Venecia a vista de pájaro de Barbari (1500) y se cierra con el 'Cristo crucificado' de Tiziano' (1565) de San Lorenzo del Escorial, paradigma de la destrucción de la pintura a través del color y claro precursor de la modernidad. «Pretende demostrar cómo los medios específicos de la pintura veneciana plantearon una idea de belleza plenamente renacentista al mismo nivel, y a veces incluso superior, a lo que se hacía en Roma, Parma o Florencia», señala Checa.

La renovación plástica se da en un contexto de crisis económica, política, militar y geoestratégica. En una Venecia derrotada, bajo la amenaza de quedar en una posición periférica y que trata de recuperar su importancia y revindicarse de nuevo como el lugar más bello del mundo. Tras una oscura Edad Media, con un arte constreñido por su función religiosa, Venecia idealiza su imagen «y hace lo propio con la de la mujer el poder o el paisaje, como vemos en la muestra» explica Checa, que ha trabajado cuatro largo años en el proyecto junto a Mar Borobia.

Su despertar artístico y arquitectónico colocó a la 'Serenissima Repubblica' en el centro del debate artístico, primero italiano y desde finales del XVI y en el XVII, en el europeo. Su nuevo ideal de belleza libre y sensual se erige en alternativa a los paradigmas estéticos florentinos y romanos encabezados por Rafael y Miguel Ángel y caracterizados por su mayor consideración hacia lo intelectual a través del dibujo (disegno), concebido previamente en la mente (idea).

Organizada en un recorrido temático con ocho secciones, la muestra ofrece también algunas esculturas, grabados y libros. Pieza que, como las pinturas, proceden de colecciones privadas y museos como la Galría de la Accademia de Venecia, el Museo del Prado y la Biblioteca Nacional de Madrid, la Accademia Carrara de Bérgamo, el Palazzo Pitti de Florencia, el Kunsthistorisches de Viena, la Galeria de los Oficios de Florencia, el Louvre de París o la National Gallery de Londres.

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