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Lavado de cara para la Cámara de Doña Sancha de la Colegiata de San Isidoro

Mural de la Cámara de Doña Sancha en San Isidoro.
Mural de la Cámara de Doña Sancha en San Isidoro.
  • La Dirección General de Patrimonio Cultural formalizó el contrato para la restauración del conjunto mural que tendrá un coste de 378.000 euros y un plazo de ejecución de 12 meses

La Dirección General de Patrimonio Cultural formalizó el contrato para la restauración del conjunto mural de la Cámara de Doña Sancha en la Real Colegiata de San Isidoro de León. Según publica el Boletín Oficial de Castilla y León (Bocyl), el contrato, que tiene un tiempo de ejecución de 12 meses, recae en la empresa Talleres de Arte Granda S.A. por importe de más de 378.000 euros, una cuantía cofinanciada por Fondos Feder.

La Cámara de doña Sancha, actual Sala del Tesoro, ubicada sobre el Panteón Real, es un espacio abovedado, de 14 metros de largo por 7,50 metros de ancho, que ha pasado por diferentes usos a lo largo de la historia, siendo desde tribuna de reyes e infantas, oratorio, celda, escritorio de monjes, sala capitular e incluso espacio de ingreso a la monumental biblioteca, por lo que ha tenido que adaptarse a estos diferentes usos y a diferentes modas estéticas, fruto de las cuales son los restos de decoración medieval y renacentista.

Según informe de la Junta sobre el estado de conservación de las pinturas murales del Panteón Real, la mayor parte de las pinturas de esta sala fueron arrancadas de sus muros mediante la técnica denominada 'strappo' y actualmente se encuentran depositadas en la capilla de la Magdalena, tres pequeños fragmentos que se trasladaron a soporte textil y que están expuestos en dicha capilla.

Las citadas pinturas arrancadas recorrían los muros de la sala desde la línea de imposta hasta el suelo. Sólo se conservan en el lugar una escena en la parte superior del muro occidental y las pinturas del muro oriental, a excepción de la parte baja del lado del evangelio.

El examen material de las pinturas murales ha concluido que se pueden agrupar en dos campañas pictóricas, acometidas en el siglo XVI y determinadas por sus respectivos momentos de ejecución: la primera se refiere a las grisallas conservadas en el testero; la segunda abarca tanto las escenas del Calvario y de la Conversión de San Agustín, conservadas in situ como las referidas a la vida de San Isidoro, que se concibieron como un conjunto unitario. Además de estas pinturas renacentistas, se han reconocido vestigios correspondientes a una decoración polícroma de época medieval, los cuales presentan coherencia material, técnica y estilística entre sí y con relación a los del Panteón.