Norman Foster, de la granja a la Luna

Norman Foster. / J.J. Guillén (Efe)

Una exposición en Madrid se centra en la faceta social y ecológica del arquitecto. «Creo en el trabajo en equipo», afirma para rechazar implícitamente la posible independencia de Cataluña

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En 1958, Norman Foster era un estudiante de arquitectura al que no le preocupaban demasiado los grandes proyectos, sino las pequeñas obras que facilitaban la vida de la gente. Así se explica que sus primeros dibujos, al contrario que los de sus ambiciosos compañeros, fueran granjas sostenibles. Todo ha cambiado desde entonces para el creador de edificios más reputado, le han llegado la fama y la gloria, las ciudades se pelean por su firma, pero su visión de la arquitectura como el arte de hacer un mundo mejor se mantiene en su espirítu.

Norman Foster (Mánchester, 1935) presentó ayer en la Fundación Telefónica de Madrid la exposición 'Futuros comunes', un diálogo entre 24 de sus proyectos más significativos, una mirada al pasado para entender el presente y sobre todo, el futuro, la gran preocupación de este profesional, que intenta reconciliar tradición y modernidad.

«Hablamos de la tecnología como si fuera un invento de hace diez años, aunque todo empezó cuando dos o tres personas decidieron salir de la cueva y crear un edificio bajo las estrellas», aseguró Foster, que ve la exposición, compuesta por vídeos, 30 maquetas y 160 dibujos, como «una mirada al futuro, pero sin dejar de mirar al pasado remoto, lo que nos da continuidad».

«Enseñamos el otro lado de los proyectos que me motivan, aquellos más pequeños que pueden marcar una gran diferencia, en los que la tecnología y el imperativo social contribuyen a fines como la mejora del cambio climático, la igualdad o el bienestar social. Son temas recurrentes a lo largo de mi carrera que siguen hoy», prosigue el ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009.

La energía, ya sea la creativa o la real, la que permite que los objetos cobren vida, es la que mueve a Foster, que en esta muestra reivindica su preocupación por la sostenibilidad, el cuidado del medio ambiente y la salud de los ciudadanos. «Aquellos edificios que se adaptan al clima están buscando crear un ambiente más saludable», asevera. «Siempre se trata de ver cómo se usan los recursos disponibles, en términos de materiales, tiempo, costes y energía», resume el arquitecto, cuyo sello aparece en proyectos ya clásicos de la arquitectura mundial, como la reestructuración del edificio de las bodegas Châteux Margaux, en Burdeos, la reinterpretación contemporánea del Carré d'Art de Nîmes; la sede de la empresa Bloomberg, en Londres; el puente del Milenio, también en la capital británica; el Sainsbury Centre, en Norwich, o la Nueva Casa de Gobierno de Buenos Aires.

Aeropuertos, carriles para las bicicletas, centros sociales, viviendas y hasta refugios componen el amplio y variado porfolio de Foster, que unió su talento al de otro genio, Steve Jobs, para crear la ultramoderna nueva sede de Apple en la ciudad californiana de Cupertino, conocida como el 'platillo volante' y que ofrece cobijo a 12.000 empleados. El proyecto estuvo supervisado directamente por Jobs y el 80% de su superficie la ocupa un bosque.

Cápsulas

Arquitecto global por excelencia, a Foster el mundo parece quedársele pequeño y sus ojos se han puesto en la Luna. En colaboración con la Agencia Espacial Europea, prepara el diseño de una serie de bases lunares con capacidad para cuatro personas y que resistirán los meteoritos, las radiaciones y los cambios de temperatura. Las cápsulas se construirán a partir de un módulo tubular que viaja en un cohete espacial y a partir de él una cúpula inflable sirve como soporte de la definitiva: pequeñas casas para vivir en la Luna.

La huella de Foster también se ha posado en España. La Torre de Collserola en Barcelona, el metro de Bilbao o el plan territorial para La Gomera son algunas de las iniciativas del arquitecto. Con la apertura de su propia fundación en Madrid pretende echar raíces, y su proyecto más importante es la rehabilitación del Salón de Reinos del Museo del Prado, del que ayer no desveló detalles, salvo la idea de «eliminar las barreras para el visitante».

Foster cree que los arquitectos «deben involucarse en el ámbito público» y quizá por eso rechaza claramente el 'brexit' y más prudentemente la posible independencia de Cataluña: «Creo en el trabajo en equipo. Yo me siento europeo con independencia de lo que puedan indicar los referendos». «En mis obras arquitectónicas se puede encontrar mi opinión, y no son del estilo del 'brexit'», concluyó.

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