Eco Leone: «Bob Marley me ha dado mucho de comer»

El compositor e intérprete leonés prepara su primer trabajo en solitario tras un periplo por Latinoamérica, donde conoció «la peor y la mejor cara de la vida»

El músico leonés, Eco Leone. /Campillo
El músico leonés, Eco Leone. / Campillo
ELENA F. GORDÓN León

“Me fui y, en parte, no volví/ me fui y, en parte, no volvió/ la parte que me falta en mí/ la parte que el camino se quedó”. La estrofa pertenece a una de las canciones del leonés Diego García Suárez, de 31 años, músico, viajero y filólogo que ahora prepara su primer trabajo discográfico en solitario. Eco Leone es el nombre artístico con el que ofrece distintos estilos enriquecidos por las experiencias adquiridas en una intensa trayectoria vital.

A los diez años tocaba la guitarra, casi como un juego, estudió en la Escuela Municipal de Música de León, se licenció en Filología Hispánica y después de formar parte de varios grupos de rock y punk hace más de cuatro años se fue a viajar por Latinoamérica. Comenzó en México, donde su amigo Rubén le convenció para formar parte de un proyecto que reunió diversas modalidades artísticas representadas por jóvenes de varios continentes.

En Brasil, de donde regresó hace unos meses tras pasar allí año y medio, consolidó y completó su repertorio de estilos, incidiendo en la música latina, samba, bossa nova, música popular brasileña, cumbia, salsa y flamenco. Allí, subraya, hay muchas posibilidades para tocar y cantar... en la calle, en el metro o en los bares, porque casi todos tienen música en directo, como ocurre en otros países de aquellas latitudes.

Diego-Eco vive el día a día y el momento, no se crea expectativas y le atrae cualquier cosa relacionada con la música y el arte que permita dar salida a su energía creativa, que también empleó en otras aventuras. En Medellín pasó un mes en un circo en el que, subraya, aprendió mucho y vivió un “ensanche mental artístico bastante grande”, que le llevó a hacer una incursión en el mundo del 'clown' y a hacer sus pinitos incluso en los malabares.

Admira, entre otros, a Caetano Veloso, Joaquín Sabina, Jorge Dresler o Paul McCartney, y de sus muchas canciones favoritas pone como ejemplos 'Corazón espinado' y 'Stand by me'. Hace “un poquito de todo” (pop, rock, funk, reggae), canta en español, inglés y portugués y no duda en afirmar que a lo largo de los últimos años “Bob Marley me ha dado mucho de comer”. Comenta, con pesar, que ha visto músicos “muy buenos perdidos por la bebida y la mala vida; con muy buen rollo pero perdidos y eso me impacta mucho”. “A veces hay que apagar un poco el cerebro y tirar un poquito más de otras cosas”, reflexiona.

La prudencia le invita a no desvelar los momentos más complicados de su periplo, tanto en grupo como por su cuenta (para evitar algún susto a posteriori a su familia menciona de refilón un incidente relativo a una mara salvadoreña). “Hay momentos duros pero merece la pena. Viajando solo hay veces que cuesta un poco y es increíble cuánto aprendes... cuando está a punto de irse todo a la mierda, siempre se soluciona y es para mejor”, comenta antes de asegurar que ha vivido alguna situación “límite”.

También destaca la impresión tremendamente positiva que le causó, por ejemplo, el valor humano “increíble” que conoció en las favelas brasileñas, que le mostraron “la peor y la mejor cara de la vida” o el gesto de una mujer, madre de familia más que numerosa, que le acogió en su casa y le dio el techo y la comida caliente que horas antes no tenía garantizados.

“El que empieza a viajar ya no para, le cuesta”, afirma, mientras prepara su viaje a Alemania, acompañado de un percusionista, Rafael, que toca el cajón y con quien comparte escenarios en León. Berlín y Leipzig son las ciudades elegidas, aunque no descartan otros destinos. Después se plantea desplazarse a Argentina, por tiempo indefinido, siempre en función de lo que pueda surgir antes, ya que está disponible para actuar dentro y fuera de la provincia y de España.

Su familia le apoya y también sus amigos, quienes le consideran un valiente por su actitud ante la vida y el mundo. Él, por el contrario, opina, que para lo que hace falta verdadero valor es para trabajar 40 años en la misma empresa.

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