'El Drogas' regresa a León con la mirada puesta en el carbón y en los maquis

El Drogas, en una imagen de archivo. /Esteban Martinena
El Drogas, en una imagen de archivo. / Esteban Martinena

Enrique Villareal actúa este sábado en el Espacio Vías a las 22.00 horas presentado en la capital su último álbum 'Un día nada más'

SANTIAGO FERNÁNDEZLeón

Enrique Villareal es un hito vivo de la historia del rock estatal. Con Barricada o en solitario, después de cuarenta años encima del escenario, sigue siendo un artista de los más laureados. Con las ideas claras y sin esconder sus ideas, Enrique mantiene una bonita conversación con leonoticas, donde recuerda la última vez que pisó la provincia para dar apoyo a los mineros en la última Marcha Negra. Además, como investigador de la represión franquista durante la conversación tambíen hay un hueco para recordar a la guerrilla antifranquista surgida en los montes de León.

- Un concierto más, otra entrevista, ¿cómo lo lleva después de tanto tiempo?

- A mí es lo que me gusta. Es de lo que vivo, pero además de lo que quiero vivir.

- Con más de 40 años en el mundo musical, ¿cómo hace para no prostituirse en la música?

- No lo sé, pero tampoco me preocupa. A mí me gusta escribir de una manera determinada, sobre lo que vivo, lo que leo y sobre lo que me cuentan. No me importa cómo se pueda entender el término prostitución.

- A lo largo de su vida ha ido evolucionando, ¿Este progreso ha ido hacia posturas más moderadas?

- No sé, yo creo que soy bastante más crítico ahora que antes. Ahora mismo el país está en un estado levitativo con respecto al fascismo y yo me siento muy crítico con esas posturas

- Nace en un barrio obrero, en La Txantrea, en Pamplona. ¿Qué significa nacer allí?

- Allí viví toda mi infancia y adolescencia, y ahora resido allí. Para mí es un auténtico lujo, no tengo memoria de haber sido infeliz durante mi infancia. Recuerdo de pequeño jugar en la calle, estar todo el día en la calle porque la mayoría de los vecinos eran familias numerosas y vivían en piso de 60 metros cuadrados por lo que no había mucho espacio para estar en casa. Cada vía era una gran familia, por la noche las madres bajaban la silla al portal y mientras ellas charlaban nosotros jugábamos, así pasábamos las veladas. Luego se producirá la muerte de Franco, una época de ruptura política, que se trasladó a la calle. Era un tiempo de poner barricadas para que la policía no pase, y de lucha por la defensa de los derechos de los trabajadores, como, por ejemplo, los del metal.

- Piensa que se ha perdido ese ambiente callejero

- Yo creo que no se percibe de la misma forma. Antes tenías que comprar la fruta en la frutería, el pescado en la pescadería, etc, eso hacía que existiese esa vida de barrio. Ahora la gente compra en grandes superficies, y esto se nota. Otro cambio, es que los barrios ahora están llenos de coches, en mi barrio se iba un coche por la mañana y volvía por la tarde y durante ese periodo de tiempo no pasaba otro vehículo. De todas formas, somos mejores personas de lo que nos pintan los políticos. Ellos viven de enfrentar a la sociedad.

- Nace en la dictadura, pasa su adolescencia en la transición, y ahora vive una madurez. ¿Piensa que hemos ganado o perdido libertad de expresión?

- Ahora los poderes fácticos se han puesto a funcionar en una dirección muy determinada y las consecuencias se pueden ver. La libertad de expresión tiene que ser amplísima, no solo la que a mí me guste. El fin de la libertad tiene que ser donde comienza la amenaza. El estado tiene que ser ese ente que te transmita seguridad ante determinados problemas.

- ¿Qué tal en el colegio, como era de estudiante?

- Yo era del montón. Dependía mucho del profesor, si caías con un profe que te diese la materia de manera amena, aprendías, sino te aburrías.

- Ya de pequeño era reivindicativo, un día le echaron de clase por llevar la camiseta del Ché .

- Si eso es verdad, pero tampoco era consciente de quién era ese señor en blanco y negro que tenía dibujado en la camiseta. Me echó del aula un maestro que nos daba formación del espíritu nacional, era un falangista que llevaba el yugo y las flechas en la solapa. Más adelante, lo entendí. En sexto, me expulsó el profesor de religión por negar la existencia de Dios. Pobre cura, la que le cayó, todos los días discutiendo.

- ¿Cómo nace el espíritu reivindicativo de Enrique?

- Nacer en un barrio obrero donde, durante la transición, hubo movilizaciones sociales hace que se vaya creando ese espíritu reivindicativo. Nosotros discutíamos mucho, sobre diversos temas, la patria, las banderas, la sanidad o la educación…

- Vivió de primera mano ese cambio político y social

- En los 80 no sólo es la irrupción de la política y los temas sociales, sino que también es el estallido del consumo de droga. Ese espíritu de probar cosas nuevas te lleva muchas veces a naufragar en la ignorancia.

- Su primer grupo fue Punk Sapos Band. Punk antes del punk…

- Si. Justo coincide con la llegada del disco de Never Mind The Bollocks de los Sex Pistols. Uno ya empieza a definirse con esa actitud, aunque las canciones que hacíamos no eran demasiado punk, era rock and roll de tres acordes y letras casi absurdas.

- Después le toca la mili…

- En mi época o ibas a la mili, o te tenías que ir del país por lo menos siete años. Otra de las opciones era hacerte objetor de conciencia, que te metían en la cárcel. Lo suyo era, pasar el servicio militar cuanto antes y volver a casa lo menos tocado posible.

- Después de pasar la mili nace Barricada…

- Si yo decido que al salir de la mili iba a crear un nuevo grupo. Barricada es lo primero que se me ocurrió antes de que nadie llegará al grupo. Le otorgo ese nombre porque era lo que se vivía en la calle, los enfrentamientos con la policía estaban a la orden del día. El grupo nace con tres pilares básicos, uno de ellos era el disco de Sex Pistols, el segundo, el álbum Ace of Spades de Motorhead. Por último, Leño, que a partir del año 78 forma parte de mi vida. Toda esa mezcla es Barricada, no sé si se consiguió, pero la idea era esa (risas).

- ¿Cómo fueron esos primeros conciertos?

- El primer concierto que dimos fue en La Txantrea, el 18 de abril de 1982. Eran conciertos desastrosos, pero una gozada. Mucho corazón y poco rock and roll. Ensayábamos todos los días, y teníamos un bolo al mes. Nos recorríamos todos los barrios de Pamplona, para nosotros la preparación de las actuaciones era alucinante. Recuerdo esa época con mucho cariño, es la base de lo que vino después.

- Ahora da unos conciertos que llevan una gran preparación, pero en los comienzos era subir y tocar sin preocuparse del resto, ¿Cómo lleva el cambio?

- Hace poco tocamos en las fiestas de Teruel y fue bastante parecido a los conciertos de antes, también estuvimos de gira por Argentina que fue similar. Además, solemos hacer acciones callejeras y tocar de improvisto. Son cosas necesarias que no hay que olvidar. Soy consciente que soy un privilegiado de poder vivir de lo que quiero.

- ¿Qué siente al ser consciente que en cualquier discoteca o verbena de pueblo sigue sonando Barricada?

- Formar parte de la banda sonora de la gente es lo que más te llena. Lo que procuro es no darle vueltas o vivir de eso. Yo lo que quiero es seguir adelante, intentando sorprender al público. No me gustaría sentir que me dejo llevar por la inercia.

- ¿Considera que el tema Blanco y Negro, es un perfecto resumen de la situación del País Vasco en los años 80?

- Podría ser, sin ser una canción estrictamente política. La canción la compongo a principios de los 90, y es un reflejo de lo que se vive en la calle.

- No poder controlar la interpretación que hace el púbico de tus canciones, ¿Le asusta o le despreocupa?

- Nunca me ha gustado explicar las letras, lo que pasa que llevo un tiempo que lo he tenido que hacer. Luego el criterio de la gente ya es libre, no me veo presionando los oyentes para que la entiendan de una forma en concreto. Muchas veces yo dibujo las letras y lo que represento en ellas son mis dudas hacia una determinada materia. Una canción como es “No hay tregua” ha pasado por un montón de vicisitudes. Escrita en el año 1984, hace referencia a esas dudas, dentro de lo que era la organización ETA político-militar, cuando dejan la lucha armada para incorporarse a la vía política. La composición de esa letra, dentro de las canciones que había de otras bandas punk, es como si lo hubiese escrito una monja.

- ¿Le molesta que le encasillen?

- Parece que a todo el mundo le resulta más fácil de digerir la papilla. Yo a eso me niego, no quiero ser representante de nadie ni de nada. Simplemente me conformo con hacer pasar un rato ameno a la gente, otras veces, me conmueve ver como lo que escribo a alguien le impresiona de tal manera que lo vive. Me considero un juglar que es lo me gustaría. El que quiera ponerle la marca al queso que se lo ponga, pero yo no soy muy partidario de eso.

- Grupos como Barricada, acentúan la tendencia de cuestionarse las reglas establecidas.

- En estos años, se da una explosión de todo tipo de expresiones artísticas. En la música, en el teatro, etc. Hubo una explosión de radios piratas bestial, que nos permitieron escuchar bandas que de otra manera era imposible. Nosotros formamos parte de esa explosión, fuimos cómplices. Yo siempre digo que vengo de los 80 y que estos años me han hecho ser como soy.

- El disco de Barricada 'La tierra está sorda', publicado en 2009, incluye un libro de 184 páginas sobre la Guerra Civil Española escrito por usted, ¿Por qué piensa que a pesar de que no se habla mucho, parece que es un tema que satura?

- Esa saturación no es en toda la sociedad, a quien le cansa es tema es por ignorancia. A mí el desconocimiento me impulsó hacer este trabajo. Lo que sí está saturado son las cunetas de este país. También está saturado la cantidad de niños robados que hubo en esa época. Otra saturación es la cantidad de tierras robadas por la Iglesia a gente que desterraron y asesinaron.

- Según su punto de vista, ¿Cómo cree que ha tratado la historia a los testigos de la Guerra Civil?

- Yo a los maquis, por ejemplo, dado que voy a actuar a León, siento que son de los míos. Parece que hay que ser políticamente correctos y todos somos iguales y no es así. Yo a Martín Villa, otro leonés, no le tengo ningún cariño. La micro historia de tu abuela tiene que salir a luz, porque también es parte de la historia, y tenemos que ser conscientes de esto.

- De todas las entrevistas que hizo, ¿qué fue lo que más le llamo la atención?

- Muchas cosas. Gracias a trabajar con este tema, he conocido a grandes personas. Marcos Ana fue una de ellas, para mí fue un tremendo honor dado la potencia del personaje. Pero bueno, esa grandeza la tienen también gente anónima de mi barrio que tuvo que vivir este fatídico episodio. Conocer a la hermana de Maravillas Lamberto y que te cuente la historia familiar es apasionante a la vez que demoledor.

- ¿Por qué hay partidos políticos que les cuesta condenar el franquismo?

- Es que son de la misma línea que ganó la guerra, lo que hace que les sea muy complicado. Los hijos no tienen la culpa de lo que hicieron los padres, pero si tienen la culpa de tapar lo que sus padres hicieron. Harían bien en reconocer toda esta barbaridad. Franco ganó la guerra y la limpieza de cerebros se nota.

- Ahora está en solitario, promocionando el álbum “Un día nada más”, disco con colaboraciones de sobra conocidas

- Agradezco a toda la gente que vino. Siente mucha admiración por toda la gente que estuvo. Han conseguido hacer más grandes las canciones de ese disco. Fue una situación muy bonita, desde los ensayos hasta las actuaciones.

- ¿Cómo ve el futuro del carbón?

- Yo creo que si hay que cerrar las minas habrá que dar una alternativa a sus habitantes. Si hay una subvención la mayoría del importe recae en el dueño de la mina, siempre termina en las mismas manos y lo perjuicios, por el contrario, van para el otro lado siempre. Es una injusticia muy clara. No pueden quedar zonas deprimidas económicamente. En vez de correr tanto en algunos sitios, estaría bien esperar a los que tienen que ir más despacio, porque todos no corremos igual.

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