Rafael Gumucio: «La frustración sexual aún cabalga por todo el mundo»

Rafael Gumucio posa tras una entrevista. /Enric Fontcuberta (Efe)
Rafael Gumucio posa tras una entrevista. / Enric Fontcuberta (Efe)

El escritor chileno se inspira en su propia vida para la novela tragicómica 'El galán imperfecto'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El escritor chileno Rafael Gumucio (Santiago, 1970) se inspira en su propia vida en 'El galán imperfecto' (Literatura Random House), una novela tragicómica sobre un hombre que se somete a una circuncisión y que, a partir de ese momento, «quiere convertir a su pene en el centro de todas las conversaciones». «Antonio soy demasiado yo», reconoce Gumucio, que recuerda en el libro su juventud, marcada por el sexo, o más exactamente, por la falta de él.

«La moral católica nos ha traumatizado y la frustración sexual sigue cabalgando por todo el mundo. Los jóvenes de hoy siguen siendo tan vírgenes como lo éramos nosotros y me impresiona que en Nueva York, uno de los lugares más libres, todavía haya gais a los que les cueste salir del armario», indica. «He tratado de ser un judío americano y he querido hacer algo similar a las comedias románticas norteamericanas», reconoce Gumucio, casado con una estadounidense y declarado seguidor de la literatura y el humor judio-estadounidense que tiene a figuras como el Nobel Saul Below, Philip Roth o Woody Allen entre sus grandes representantes.

Tras su operación, Antonio, el protagonista de la novela, se ve envuelto en una dinámica de delirio y celos respecto a su novia, Valentina, que se ha marchado de viaje con sus amigas al sudeste asiático. Treintañero con problemas para integrarse en la sociedad, Antonio es un personaje con el que no resulta difícil que el lector se identifique. «Sobreactúa en su derrota para sacar ventaja, pero en su actitud hay un grado de cinismo. Ha vivido toda la vida dependiente de las mujeres, pero en realidad, no le va tan mal, es un falso perdedor», dice Gumucio, que no tiene pudor en señalar que el personaje de la novela es su 'alter ego'.

Pasan por el libro el 'bullying', la soledad, el sexo esporádico y una madre protectora que sobrevuela sobre todas las decisiones de su hijo y que es puro caos, esa madre que se parece tanto a la del escritor «que se echó a llorar cuando leyó la novela», relata Gumucio con ese tono divertido y ácido que impregna un libro. «Las cosas que cuento me ocurrieron o son recuerdos mezclados con fantasía», agrega. Se sorprende por «haber sobrevivido» a todo lo que sucedió y poder decir que ahora es «una persona normal, casada y con hijos».

«Para los hombres, el sexo es su cordón umbilical con el mundo, pero representa el fin de la inocencia. El sexo es un contrato con el mundo, con la pareja y con los hijos», explica el escritor, que ha retratado también en Valentina, la novia del protagonista, a un tipo específico de mujer chilena. «Pertenece a la clase media o alta, es entre conservadora y moderna, un poco frágil y quiere vivir su vida», subraya.

Columnista y profesor especialista en asuntos humorísticos, Gumucio cree que estos son tiempos de censura. «Todo lo que brillaba en los años 90, el sexo, la cocaína, está en entredicho», argumenta. «Estamos viviendo en un invierno del descontento, que decía Shakespeare. El cambio tecnológico está siendo tan fuerte que cada uno busca refugiarse en su parroquia, en su iglesia, y eso consiste en prohibirles a los otros hacer cosas», destaca el escritor. «La sociedad abierta y global le produce temor a mucha gente porque sienten que todo eso les va a arrasar, que no van a ser necesarios en el mundo. Y la respuesta es replegarse y eso explica que ganen Trump y el 'brexit, el recurso de cada uno a la versión más extrema de su ideología», insiste.

Gumucio es el autor de libros como 'Invierno en la torre', 'Memorias prematuras', 'Monstruos cardinales', 'Comedia Nupcial', 'Los platos rotos', 'Páginas coloniales', 'La deuda', 'Contra la belleza', 'La situación', 'Mi abuela, Marta Rivas González', 'Milagro en Haití' y 'Contra la inocencia'. En 2004 obtuvo el Premio Anna Seghers.

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