El museo Thyssen sopla viñetas en su 25 cumpleaños

Fragmento de 'Museomaquia'. / Astiberri Ediciones

Santiago García y David Sánchez, al alimón, guionizan y dibujan en 'Museomaquia' la historia de la pinacoteca

PILAR MARTÍN (EFE)Madrid

Los personajes que pueblan los cuadros de la colección permanente del Museo Thyssen-Bornemisza han saltado del lienzo a la viñeta de la mano de Santiago García y David Sánchez, guionista y dibujante de 'Museomaquia', una historia con la que el museo estatal celebra su 25º aniversario.

¿Se imaginan al Joven Caballero de Carpaccio y su escudero emprendiendo una aventura en la que intervienen el arlequín de Picasso, Enrique VIII de Inglaterra de Holbein, la ninfa de la fuente de Lucas Granach o la amazona de Manet? Pues esto es lo que han conseguido ambos autores en este cómic, que este miércoles sale a la venta.

"Cuando el Thyssen me propuso hacer un cómic que coincidiera con su 25 aniversario, por un lado me sentí honrado e ilusionado por la propuesta, pero por otro me quedé desconcertado. No sabía muy bien cómo abordar un tema tan amplio, una colección que cubre tantos artistas, épocas y estilos. Es mucho más fácil centrarse en un solo artista u obra, contar una historia", cuenta García.

Una reflexión que concluyó con una pregunta: "¿Qué es lo que une a todos estos, aparte de que están en el mismo museo, que han acabado formando parte de la misma colección?". Así, reconoce, "acabó pensando" en el museo como el "universo en el que convivían todas estas pinturas, sus personas, sus paisajes" e imaginó que "tenían una vida propia confinada a ese mundo en el que solo existían ellos".

De la mano del estilo visual de Sánchez, autor también de "Un millón de años", "Museomaquia" (Astiberri) propone un país de fondos reconocibles en el que se libra un guerra entre épocas y estilos artísticos de la mano de renacentistas italianos, primitivos flamencos o expresionistas y abstractos.

Una guerra en la que la mujer sale también empoderada: "A medida que me fui sumergiendo en la colección me di cuenta de que la verdadera guerra en la historia del arte había estado más en el género. Es pasmosa la presencia de la mujer en todos estos cuadros pintados por hombres, en su mayoría, y cómo y en qué posición aparecen las mujeres".

Un conflicto también en el que sus personajes, todos ellos de gesto serio en su versión pictórica, adoptan un cariz cómico gracias a Ortiz y García. "Con este libro la tentación habría sido dejarse impregnar del estilo de cada pintor para que influyera sobre cómo se representaba su obra en nuestro cómic, sin embargo David lo que hace es lo contrario: despojar a las obras del estilo y reducirlas a una representación homogénea, de una nitidez absoluta. Creo que eso es lo que hace que en muchas ocasiones salga a flote lo cómico", dice.

Un "efecto secundario" ante el que García se muestra "agradecido". Y tanto es así que la primera vez que vio las páginas en las que aparecen la cábala de los personajes masculinos se dio cuenta de que parecían "unos locos en un manicomio".

Aunque en realidad, lo que Ortiz ha conseguido, matiza, es "representarlos escrupulosamente" tal y como aparecen en los cuadros, pero con su propio estilo. Con gran maestría en interpretaciones de cuadros como "Metrópolis" de Grosz, el cómic supone el tercer cruce entre pintura y viñetas que lleva a cabo el Museo Thyssen-Bornemisza, tras las anteriores publicaciones de "Mitos del Pop" de Miguel Ángel Martín y "Dos holandeses en Nápoles", de Álvaro Ortiz.

Pero para García, que el cómic entre en los museos le hace ir más allá. "Ahora el desafío es ser capaces de estar presentes ante ese público nuevo sin caer en la mera producción de merchandising inofensivo para la tienda del museo. Aprovechemos la oportunidad para proyectarnos hacia otros lectores, pero no caigamos en el error de perder la mordiente. Estemos donde estemos, tenemos que seguir siendo nosotros mismos, concluye García.

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