Mircea Cartarescu, el escritor melancólico que vino de la ciudad más triste del mundo

Cartarescu presenta su libro en Granada. /Miguel Ángel Molina (Efe)
Cartarescu presenta su libro en Granada. / Miguel Ángel Molina (Efe)

El autor rumano, candidato al Nobel, presenta en España su nueva novela, 'Solenoide'

VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Dicen de él que es «el autor rumano más conocido y reconocido del mundo». Incluso lo califican como «uno de los más importantes teóricos del posmodernismo rumano». Es poeta, narrador, profesor y crítico literario. Su nombre es Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956) y su obra se caracteriza por la nostalgia y la melancolía. Impedimenta, su editorial en español, acaba de publicar 'Solenoide' y la anuncia como «su obra más madura hasta la fecha, que incide en sus temas clave: Bucarest, la infancia, los sueños, las ruinas, los laberintos y el compromiso con la escritura».

La ha presentado en librería Rafael Alberti de Madrid, que desde hace casi 40 años atiende Lola Larumbe, una mujer que recomienda libros como quien receta medicamentos para sanar almas y cuerpos. Ahí, Cartarescu -el pelo largo, la timidez rampante- habló ante un reducido grupo de personas y dejó claro que él es «alguien que escribe para entender su situación, como decía Kafka. Kafka es alguien a quien admiro mucho porque nunca se describió como escritor ni formó parte del mundo literario».

Diez de las 800 páginas de 'Solenoide'(una bobina que se emplea en diversos aparatos eléctricos y crea un campo magnético) consisten en la repetición de la palabra socorro entre signos de admiración. «En torno a esas diez páginas están armadas todas las demás», dijo provocando asombro en el público. Explicó que no habría podido escribir un libro como este antes de cumplir 60 años porque no tenía experiencia suficiente para abordar la complejidad de una historia que llega a sacudir el alma del lector.

Pero hay un libro en el que este profesor casado con una poeta se autorretrata sin tapujos. Se llama 'El ojo castaño de nuestro amor' y está compuesto por una selección de textos autobiográficos donde se alternan memorias, cuentos y reflexiones que subyugan por su sensibilidad y elegancia, fruto de una cuidada elección de las palabras que suelen hacer los poetas. Cartarescu habla aquí de la pérdida del amor, de la pobreza de su hogar y hasta del aroma del café, pero también de su relación ambivalente con Bucarest, de la soledad y de la muerte. Cuenta la tragedia de una isla rumana engullida por las aguas de una represa, el exilio del poeta Ovidio en esas tierras, traza un panorama de las letras rumanas y se queja de la falta de valor de la poesía en este mundo inmanente y aleatorio, y de la falta de cultura de las nuevas generaciones de lectores.

Su testimonio más conmovedor es el que evoca la muerte de su hermano gemelo, a los cinco años, víctima de una neumonía, un drama familiar que lo marcó para siempre y que presta su poético título a esta selección. Bajo estas postales asoma también la historia reciente de un país que se sacudió con esfuerzo el yugo del comunismo solo para ser escaldado por una versión salvaje del capitalismo y no oculta su desencanto con la posterior revolución y con Occidente.

Cartarescu contó en la librería Rafael Alberti en qué basa su trabajo: "En mi diario escribo lo que me sucede, veo, sueño y pienso desde que tenía 16 años. Todos mis libros parten de alguna de sus páginas». Aclaró que sus jornadas de escritura solo abarcan dos horas diarias y es, más bien, automática: rápida, sin esquemas, pasando con facilidad del realismo a la fantasía. «Mis ficciones están empapadas por el romanticismo alemán, por la nostalgia, la melancolía, la tristeza, el existencialismo, la estética y una constante idea del fin del mundo», especificó.

Hay quien dice que pronto le darán el Nobel de Literatura a Cartarescu. Él replica, con modestia, que no es para tanto. Se esfuerza por parecer sencillo y humilde y subraya que aprecia «a la gente modesta concentrada en sí misma y que se alegra ante la hoja de papel en blanco». Incluso va más allá: «En toda mi obra existe mi condena para el escritor que escribe por dinero, búsqueda de gloria o parafernalia de la literatura. Para mí el verdadero arquetipo del verdadero escritor sigue siendo Kafka que escribía para sí mismo, para su familia y amigos».

Antes de estar en Madrid, el escritor pasó por Granada y por León y concluirá su gira por España en Barcelona. El próximo mes encabezará el cartel de los poetas en la FIL de Guadalajara (México), donde espera consolidar su presencia entre el público hispanohablante. En su país ha ganado los premios literarios más prestigiosos como el Premio de la Unión de Escritores Rumanos y el Premio de la Academia Rumana. En 2014 obtuvo el Premio Euskadi de Plata concedido por el Gremio de Libreros de Guipúzcoa al mejor libro del año, por su obra 'Las bellas extranjeras'.

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