Joël Dicker: «Nunca aceptaría ser ministro de Cultura»

Joël Dicker posa ante de una entrevista. /Fernando Alvarado (Efe)
Joël Dicker posa ante de una entrevista. / Fernando Alvarado (Efe)

«Todos tenemos un precio», asegura el exitoso escritor suizo que regresa con 'La desaparición de Stephanie Mailer'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«No aceptaría nunca el cargo de ministro de Cultura». Jöel Dicker (Ginebra, 1985) lo dice tajante tras conocer el fugaz paso del escritor y periodista Màxim Huerta por esa vistosa cartera en España. «Para ese puesto es necesario un bagaje político que no se obtiene escribiendo», asegura este joven y exitoso narrador suizo que, con apenas 32 años, ha vendido más de cuatro millones de libros tras entrar por la puerta grande en territorio del 'bestseller' de calidad. Irrumpió con 'La verdad sobre el caso Harry Quebert' - el cineasta Jean-Jacques Annaud ultima una serie basada en la novela- y 'El libro de los Baltimore'. Ahora renuncia a su personaje fetiche, Marcus Goldman, y regresa con 'La desaparición de Stephanie Mailer' (Alfaguara), número uno en las listas francesas desde su publicación en marzo.

Dicker ofrece a su legión de entregados lectores otra intriga en 650 páginas que se beben en un suspito y en las que la trama y el suspense son un pretexto para reflexionar sobre temas de más calado, como la reparación y la corrupción. Lo hace en una novela coral, armada en torno a una treintena de personajes entre los que no hay ni delincuentes profesionales, ni psicópatas, ni asesinos en serie y sí «mucha gente normal que de repente derrapa, que por alguna razón patina y ve como su vida cambia radicalmente».

Jesse Rosenberg y Derek Scott son dos policías de un pequeño pueblo de Nueva York que veinte años atrás resolvieron con aparente éxito un caso terrible: el asesinato de toda una familia en Orphea, un pueblo de los apacibles Hamptons. Pero dos décadas después una joven periodista, Stephanie Mailer, les dice que metieron la pata, que se equivocaron de asesino y que ella dispone de información irrefutable que lo demuestra. Días después la joven se esfuma y la investigación sobre su desaparición se mezclará con un viaje al pasado de imprevisibles consecuencias para la pequeña comunidad.

«Todos los personajes evolucionan juntos y son la clave. Es un novela de suspense solo en apariencia. La investigación se añade después y la intriga no es el elemento esencial», advierte Dicker. «Nunca tengo un plan en la cabeza cuando escribo; tengo personajes y quería reunirlos en la misma ciudad, en el mismo momento, y viviendo algo complejo», precisa. La investigación es «el hilo conductor» y el denominador común de los personajes «es ese momento vital de dificultad personal que tienen todos y que marcará para siempre y la posibilidad de que el verano de 2014 sea reparador de una herida y puedan reiniciar sus vidas».

La corrupción, presente en todas las culturas y tiempos, es otro tema crucial de la novela. «Todos tenemos un precio», asegura el escritor. «De ahí la importancia de pagar bien a la gente. En los países en los que los funcionarios están mal pagados existe el riesgo de que haya mucha corrupción pero también existe dónde se paga bien al funcionario, así que hay que tener cuidado con la naturaleza humana y limitar las tentaciones de caer en ella», dice Dicker que no aceptaría cargos políticos.

«Nunca aceptaría ser Ministro de Cultura. En mi país seria técnicamente imposible, porque el sistema político suizo elige a todos su ministros por votación, no por designación. Pero si viviera en Francia o España, rechazaría ser ministro», insiste. «Provengo de una cultura en la que la política se construye y a través de etapas que validan cada proceso, y no creo que un escritor pueda, de repente, ser ministro de Cultura. No tendría el bagaje necesario», es el análisis del escritor suizo de lengua francesa.

Las dos caras del éxito

Feliz por todo lo que le ha dado un éxito tan fulgurante como temprano, es consciente de que también le ha restado otras coas. «Me ha dado una orientación, una dirección en la que avanzar, pero me ha quitado la inocencia del escritor a quien nadie lee pero para el que existe una infinita gama de posibilidades, que es algo muy importante», apunta. «Cuando tienes éxito y sigues escribiendo llega el momento en que dudas si es por una necesidad íntima o una obligación para ofrecer a los lectores que ya tienes el siguiente libro: si escribo por facilidad mientras que antes lo hacías en la dificultad o si lo hago porque es indispensable para mí» se pregunta Dicker para quien el rechazo de varios editores acabó siendo un estímulo. «Me permitió escribir un libro de éxito gracias a los fracasos anteriores», concede.

«Soy aún un joven autor. Tengo más novelas rechazadas que publicadas y lo destaco para decir que las etapas importantes del aprendizaje de mi oficio todavía no han pasado», asegura Dicker que ha ambientado sus tres novelas en Estados unidos. «Es un país que conozco bien y eso me ha permitido concentrarme en la ficción, que ha sido muy importante para mí, por distanciarme de la autoficción que limitaba la intriga». «Algún día saldré de Estados Unidos, pero por el momento es una etapa importante en mi trabajo de joven autor. La siguiente será ser capaz de contar una ficción total pero en Ginebra», ironiza. Dejará de ser un joven autor no es para él «una cuestión de tiempo, sino de percepción». «Y ya noto cambios. Hace ya 13 años que escribo todos los días y siento que empiezo a controlar un poco lo que hago, a comprenderlo», asegura.

Achaca Dicker al lector una parte crucial de su éxito de sus ficciones. «Sea de la cultura que sea, experimenta un placer idéntico cuando entra en una novela que le gusta, de modo que se convierte en creador, en parte sustancial del proceso». «Esa la fuerza del lector, su imaginario, con el que construye de hecho la novela, de modo que es un componente primordial de la ecuación», señala. «Leer es pura creación, ya que el lector imagina en relación con su experiencia. Esa es la fuerza de la literatura. Vivimos en un mundo que parece que se nos impone, pero gracias a la novela creamos otros mundos y no sufrimos el que nos impone la realidad. Eso hace que la experiencia de la novela sea tan fuerte», resume.

Jean-Jacques Annaud ultima una serie basada e su primer gran éxito -la sexta novela que escribió y la segunda que publicó- y Dicker está encantado. «Está ultimando la post-producción y la estrenará en los próximos meses. La serie es muy buena y estoy contentísimo con el proyecto y el trabajo de Annaud, pero no he participado. He estado muy presente, pero tengo muy claro que una cosa es la novela y otra su traducción a imágenes. Quería dejar ese bebé a otros padres. Es importante que yo haga otras cosas», concluye.

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