Leonoticias

Rudyard Kipling en las trincheras

  • Fórcola publica las crónicas de la I Guerra Mundial del Nobel de literatura, que nunca habían estado disponibles en castellano

Las crónicas que el Nobel Rudyard Kipling escribió sobre la guerra de trincheras se han publicado, cuando se conmemora el centenario de la Primera Guerra Mundial, por primera vez en español, con un prólogo del escritor Ignacio Peyró, que lo describe como "el último poeta de masas de Inglaterra".

También como el más leído en Reino Unido al menos hasta la autora de "Harry Potter", "y no hablamos de un país con una tradición narrativa precisamente escasa", ha matizado Peyró, quien ha valorado el valor historiográfico de estos textos "ante todo en lo que respecta a un frente mal documentado como es el italiano".

"Crónicas de la Primera Guerra Mundial" (Fórcola) reúne las que escribió sobre ese frente y sobre las trincheras en suelo francés y "sirven para redescubrir al Kipling que vuelve al periodismo, al intelectual público comprometido con la propaganda del Imperio y al escritor con una prosa de efectividad asombrosa", ha dicho Peyró en una entrevista con Efe.

Admirado por Borges, Orwell y Henry James, Kipling fue el Nobel más temprano de la historia y el primero en inglés, pese a lo cual sigue pesando sobre él la idea de que era el escritor del imperialismo británico.

"Aun cuando su fama siga siendo equívoca mantuvo siempre una impecable dignidad personal", ha señalado Peyró, especialista en literatura inglesa, quien ha añadido que estas crónicas, ahora traducidas por Amelia Pérez de Villar, "hacen pensar en las difíciles relaciones entre literatura y propaganda, que es como decir entre literatura y política".

"Puede ser que Kipling, en efecto, militara en una causa mucho mejor que la alemana en la Gran Guerra, pero ¿hasta qué punto puede eso legitimar la animalización y la demonización del enemigo? ¿hasta qué punto es moralmente válida la incitación al odio, por mucho que combatamos por una causa justa? ¿hasta qué punto puede retorcerse la verdad sin igualarse con el mal contra el que uno lucha? Más aún: ¿hasta qué punto estos rasgos llegan a manchar una literatura que es, en sí misma, fascinante?", se pregunta Peyró.

Como Kipling ya no tenía edad para entrar en combate, recibió la misión de mantener la moral alta en el frente doméstico, entre todas aquellas personas que quizá tenían un hijo o un marido en la guerra.

"Además de las crónicas, Kipling escribirá no pocas historias cortas en las que subyace el mismo propósito de demonización del enemigo alemán, y lo cierto es que su don para la propaganda fue extraordinario, tanto en la ficción como en la crónica", según Peyró.

Entre otros valores literarios, el prologuista ha señalado su "magnífico retrato de la vida en las trincheras en el frente francés, así como sus vivas descripciones del frente italiano de los Dolomitas, que contaba con las dificultades propias de la guerra en las montañas".

"Lo llamativo del caso de Kipling es que con los años va a ir pasando del ardor patriótico a un paulatino desengaño por la muerte de su hijo -el único que le quedaba, de dieciocho años- en el frente; la traumática desaparición de John llevó a Kipling a una penosa búsqueda por los campos de batalla de la guerra y, de hecho, su cadáver tardaría un siglo en ser hallado", ha explicado Peyró.

Kipling finalmente caería en la decepción más amarga, y escribió sus célebres versos "nuestros padres mintieron, eso es todo"; pero "la muerte de su hijo le empujó a otros dos empeños literarios, a un piadosísimo homenaje, la historia de los 'Irish Guards' con los que combatió su hijo; y, en segundo lugar, a desarrollar uno de los encargos más emotivos que haya recibido un escritor de un Gobierno, la disposición de la retórica pública para la conmemoración oficial de los muertos; de ahí vienen sus lápidas a los soldados desconocidos", ha concluido Peyró.