Juana Biarnés, una 'fotógrafo' de corazón

Juana Biarnés, una 'fotógrafo' de corazón

La primera fotoperiodista española resume su obra en un libro que acaba con tres décadas de olvido

MIGUEL LORENCIMadrid

No quiso nunca que en su carné pusiera fotógrafa. «Preferí fotógrafo», explica Juana Biarnés (Tarrasa, 1935), la primera fotoperiodista española, que reúne lo mejor de su obra en 'Disparando con el corazón' (Blume), un libro necesario que pone broche al rescate de una figura y una obra olvidadas durante tres décadas. Una carrera en la que alternó el deporte con la moda y el reportaje social y la cobertura de accidentes y catástrofes con el retrato, género en el que brilló.

«No he colgado la cámara», dice esta pionera a contracorriente, una «jubilada muy activa» que presentó su libro junto a otra «desjubilada», la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Cronista de una España que empezaba a sonreír en los 60, Biarnés cambio la cámara por los fogones para regentar un restaurante en Ibiza, Cana Joana. Hoy sigue disparando su Olympus digital y lucha por recuperar sus negativos de los años «duros y felices» en los que trabajó en el diario Pueblo. «Mi mejor foto es la que haré mañana», asegura.

Hay quien sostiene que se fotografía con el cerebro. Quien apunta que es el ojo el que manda. Pero en el caso de Biarnés el corazón dicta lo que deben hacer el ojo y el cerebro. De ahí el título de un libro antológico y biográfico en el que, con el auxilio de Chema Conesa, resume una carrera que zanjó cuando la prensa del corazón le mostró el peor rostro de un oficio «en el que entré a golpes». «Detesto la palabra paparazzi», asegura hoy sin nostalgia una «fotógrafo» a quien su trabajo hizo «fuerte y feliz».

«No esperaba nada y si el reconocimiento llega ahora, bienvenido sea», dice risueña evocando su andadura en la profesión. «Se lo prometí a mi padre y lo único que hice fue cumplir la promesa», explica Biarnés, que tomó por primera vez la Leica de su progenitor para sustituirle en un reportaje en una sima. Luego hizo lo mismo en el fútbol y comenzaron los contratiempos. «¡Guarra!» fue lo más bonito que escuchó cuando cubrió por primera vez un partido de fútbol y quisieron echarla.

No se amilanó. Quería ser alguien en el mundo de la fotografía. Lo logró. Fue la primera reportera con contrato y carné del diario 'Pueblo', que dirigía Emilio Romero. «Nunca quise que pusiera fotógrafa. Elegí fotógrafo, y entonces como ahora, me siento uno más entre los fotógrafos», dice Biarnés. Jamás se sintió «acosada», y si «envidiada», aunque recuerda sin rencor cómo la mandaron «a fregar platos» en su primer partido, o cómo el árbitro respaldó a los energúmenos «diciendo que aquello era de hombres, como el Soberano». «No me mires como una mujer, mírame como un fotógrafo», exigió enrabietada.

Arrojada como pocas, se coló en el avión de los Beatles, se llevó un amoroso beso de Clint Eastwood, se la pegó a Roman Polansky, compró con Massiel en Londres el famoso vestido del 'Lalalá'. Siempre a contracorriente, cuando se hartó colgó la cámara. Cruzó el Mediterráneo y abrió con su marido un restaurante en Ibiza donde dio de comer a amigos como Julio Iglesias, Juan de Borbón, conde de Barcelona, o Juan María Arzak.

Rescate

PhotoEspaña inició hace un par de años la recuperación del legado de Biarnés, unas imágenes logradas «a golpe de corazón, que es el que ha mandado en mi carrera, en la que todo ha sido amor propio». Chema Conesa fue también el comisario de 'A contracorriente', la muestra que se abre este jueves en el Palau Robert de Barcelona y que inició el rescate de esta pionera de talante rebelde. Ella no oculta que a veces usó sus armas de mujer «para encandilar a alguno y conseguir la foto que quería». Que si tenía que ponerse una faldita no lo dudaba: «lo importante era llegar donde quería».

Su primera gran exclusiva llegó al colarse en el lavabo del avión que traía a los Beatles a Madrid. La seguridad le echó el guante cuando ya tenía la foto. Insistió en el hotel y llegó en el montacargas hasta la suite de los «escarabajos» «¡Otra vez tú!», exclamó Ringo Starr cuando le abrió la puerta. Pero Biarnés está más orgullosa de un reportaje sobre los hijos de solteras vejados y maltratados en el orfanato de San Fernando de Madrid. «Nos quisieran matar al redactor y a mí los guerrilleros de Cristo Rey», evoca.

Alternó campos de fútbol con saraos, salas de fiestas y platós, reportajes con retratos de una sensual Carmen Sevilla, de una esplendorosa Marisol o del bellezón de Rocío Durcal rodeada de soldados. Fotografió la intimidad torera de El Cordobés, a la duquesa de Alba flamenqueando, o la loca genialidad de Salvador Dalí y Luis Buñuel. Estuvo con Lola Flores en noches de fiesta y mañanitas de fútbol folclórico, con Sara Montiel de rodaje, con Raphael acosado por las fans o haciendo de carabina entre Julio Iglesias e Isabel Preysler.

Fotografió las inundaciones del Vallés en 1962 - «aún lloro al recordarlo»- y a los hippies en Ibiza. Retrató a Jackie Kennedy, Louis Armstrong, Yul Brynner, Jack Lemmon, Orson Wells, Rudolf Nureyev, Sammy Davis Jr. y Roman Polanski, a quien le robó la foto haciéndose pasar por otra, o a Clint Eastwood, que la besó en los labios. Todos sucumbieron al empeño y la curiosidad fotográfica de la imparable Biarnés, que llegaría a revelar sus negativos de los Oscar en el lavabo de la mansión de Xavier Cugat.

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