Cualladó, la poesía de lo cotidiano

Gabriel Cualladó./
Gabriel Cualladó.

Una muestra reivindica la mágica naturalidad de uno de los grandes maestros de la fotografía española del siglo XX | Sus imágenes revelan la delicada mirada humanista de un paseante por una España áspera y desabrida

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

No hay pose ni artificio en sus fotografías. Son imágenes esenciales en las que brilla la poética de lo cotidiano. La magia de la sencillez. Así son las instantáneas de Gabriel Cualladó (Masanasa, Valencia, 1925 - Madrid, 2003), un maestro de la naturalidad cuya obra corría el riesgo de encallar en la zona gris del olvido. Para impedirlo llega la muestra 'Cualladó esencial', que revela cómo su delicada y humanista mirada retrató una España áspera y desabrida a través de centenar y medio de imágenes que recorren la trayectoria de un maestro empeñado en hacer arte de la foto, el primer galardonado con el Premio Nacional de Fotografía en 1994.

«Luchó para que la fotografía se considerara un arte sin adjetivos», recordaba su hijo Gabriel al presentar la muestra, que hasta finales de abril en las salas del Canal de Isabel II, y organizada por la Comunidad de Madrid y la Fundación Catalunya la Pedrera, recorre toda la obra de su progenitor.

Comisariada por Antonio Tabernero, reivindica a Cualladó como «una de la figuras más singulares y relevantes de la fotografía española». Y no sólo «por su dimensión poética», sino también «por su extraordinaria libertad de expresión y la natural sencillez con la que abordó su interpretación del mundo». Maestro del claroscuro y los contrastes, fue un pionero en la ruptura del academicismo imperante en la fotografía de los años cincuenta.

Ficha:

Qué:
'Cualladó esencial'. Gabriel Cualladó, fotógrafo (1925-2003)
Cuándo:
Del 17 de febrero al 29 de abril.
Dónde:
Sala Canal de Isabel II. C/ Santa Engracia 125, Madrid. www.madrid.org
Cuánto:
Entrada gratuita.

A pesar de su grandeza, «Cualladó sigue siendo un desconocido para una parte del público y un enigma para los conocedores de su obra», lamenta Tabernero, que ha seleccionado imágenes desde sus primeras tomas en los años cincuenta hasta sus experimentos con Polaroid y el color en los ochenta y sus últimas series, de nuevo en blanco y negro a finales de los 90. Su época de mayor actividad estuvo entre las décadas de los 50 a los 70, aunque se mantuvo activo hasta poco antes de su fallecimiento, cuando aceptó el proyecto 'Puntos de vista' para el Museo Thyssen-Bornemisza, con el que se cierra una exposición «que trasmite el latido vital de una época», según Tabernero.

Visible e invisible

Su legado es «una obra cargada de humanismo lírico, capaz de hallar la poesía incluso en lo más doméstico», destaca el comisario. Una poesía de lo cotidiano que emerge en los vagabundeos de este sensible y atento paseante por ciudades como Madrid o París. Pero también en entornos rurales de Asturias, Galicia o Castilla y en sus conmovedores y penetrantes retratos, casi siempre de su entorno familiar, de sus amistades o de personajes anónimos.

Su innato talento y una sensibilidad muy especial le permitieron retratar con delicadeza una España áspera y desabrida. «Humanizaba todo lo que veía», resumió su hijo. «Demuestra cómo la fotografía sencilla y directa conforma un discurso estético lleno de delicadeza y una aportación esencial a la historia de la fotografía española», asegura el comisario. «En sus imágenes, lo visible es una apuesta por lo invisible», sostiene.

Cualladó comenzó trabajando en el campo y acabó dirigiendo una próspera empresa de transportes -germen de la actual UPS- que vendió para dedicarse por entero a una pasión en la que inició tardíamente. Autodidacta, fiel a la legendaria Leica, se inscribió en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, donde formó en 1956 el grupo La Palangana con Cantero, Masats, Rubio-Camín y Ontañón. Miembro del mítico grupo AFAL, ese mismo año fue premiado por la revista norteamericana Popular Photography y expuso en París, Múnich, Londres y Moscú.

Convertido en un referente para sucesivas generaciones de fotógrafos, su obra está presente en las colecciones y museos más relevantes del país. El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) conserva casi medio millar de imágenes del legado de Cualladó. Él siempre se tuvo por un 'amateur' y bromeaba diciendo que toda su obra «cabría en una caja de zapatos», pero captó algunas de las mejores fotografías del siglo XX en España.

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