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Echegaray, el hombre olvidado por culpa del Nobel

José Echegaray retratado por Joaquín Sorolla, 1905.
José Echegaray retratado por Joaquín Sorolla, 1905. / Archivo
  • El Ateneo de Madrid recupera al escritor, ingeniero y político, primer español galardonado por la Academia sueca, en el centenario de su muerte

Oscurecida por el cuarto centenario de Cervantes o el primer centenario del nacimiento de Cela, y claramente en contraste con los fastos institucionales que ambas celebraciones han merecido, otra fecha ilustre aparece en el calendario de 2016. Se trata de la conmemoración del siglo de la muerte de José Echegaray. Primer Premio Nobel español (en 1904), hoy, sin embargo, son pocos los que recuerdan a este hombre poliédrico que destacó en campos tan variados como las matemáticas, la física, la ingeniería, la música, el teatro, la economía o la política. “Un genio entre dos aguas, las ciencias y las humanidades”, lo define el académico de la Lengua José Manuel Sánchez Ron.

Echegaray (1832-1916) fue ingeniero de caminos de profesión, y no uno cualquiera. Primero de su promoción, contribuyó como ministro de Fomento (también lo fue de Hacienda, además de gobernador del Banco de España) a renovar las ideas sobre la obra pública en España: revisó el transporte ferroviario en el norte de España y creó una Ley de Minas.

Pero sus inicios fueron difíciles: las normas para los recién salidos de la escuela de ingeniería eran muy estrictas, no podían trabajar por libre ni dar clases remuneradas. Echegaray se vio en aprietos económicos y así, con el afán de mejorar su nivel de vida, desarrolló su vena literaria, sobre todo en el teatro, que le acabaría dando el premio Nobel.

“En su época, fue un literato tan popular que la gente conocía sus obras porque acudía al teatro a verlas, no porque fuera leídas”, explica Alejandro Díez Torre, miembro del Ateneo de Madrid. Precisamente esta entidad, de la que Echegaray fue presidente a finales del siglo XIX, quiere paliar el olvido institucional con una serie de actividades durante la segunda semana de septiembre. Destaca una muestra en la que se expondrán ejemplares firmados de su producción literaria y científica, dibujos, caricaturas y otras publicaciones y fondos del Ateneo. También habrá conferencias y contenidos audiovisuales.

‘O locura o santidad’ o ‘El gran Galeoto’ son dos de las obras más conocidas de un autor, que cabalgó entre el romanticismo tardío y el primer realismo, como explica la guionista Ana Vega. “Está en el camino de dos siglos”, cuenta.

Quizá por eso, y por la dificultad de ponerlas en escena (muchos personajes, monólogos largos), sus obras parecen alejadas del público actual, “aunque las historias que trata tienen que ver lo que hay en el fondo de todos los seres humanos”, añade Vega.

Pero no es Echegaray un personaje reconocido en la Historia de España, y lo paradójico es que el Nobel fue quizá su tumba para alcanzar la gloria. “Que un compatriota recibiera el premio de la Academia sueca era motivo de orgullo en todo el mundo, salvo en España, donde se convocaron manifestaciones para proclamar que Echegaray no era digno de tal galardón”, recuerda el arquitecto y experto teatral Antonio del Castillo.

Tras el Nobel, la crítica que la generación del 98 levantó contra Echegaray, al que veían como propio de otra época y demasiado institucional, fue lo que acabó con la fama del escritor, recuperada en parte cuando en 1971 su efigie pasó a estar en los billetes de mil pesetas. La exposición del Ateneo de Madrid trata ahora de honrar su memoria.