El último problema de la Variante de Pajares: la ladera de Campomanes sigue deslizándose

Imagen de la problemática ladera de la Variante de Pajares en Campomanes./Peio García
Imagen de la problemática ladera de la Variante de Pajares en Campomanes. / Peio García

Los geólogos analizan la causa de los últimos movimientos en la ladera e investigarán durante cinco meses para calcular el riesgo de que se abata una de las pantallas de la variante de Pajares

RAMÓN MUÑIZOviedo | León

El último gran problema de la Variante de Pajares: la ladera de Campomanes sigue deslizándose. Los geólogos analizan la causa de los últimos movimientos en la ladera e investigarán durante cinco meses para calcular el riesgo de que se abata una de las pantallas de la variante de Pajares.

La consultora gallega GOC y la catalana Applus Norcontrol firmaron el pasado día 14 un contrato clave para la variante de Pajares. Adif, la empresa pública del Ministerio de Fomento que coordina la mayor obra pública hecha en Asturias, les confía la realización de una campaña geológica que permita descifrar por qué, tras diez años de obras, hay un punto en el que la ladera de Campomanes sigue deslizándose y amenaza con abatir el muro de contención. Los especialistas deberán además diseñar el tipo de obra capaz de solventar el último problema de la zona.

Los adjudicatarios se impusieron a otros siete aspirantes, con una oferta de 268.026,56 euros, un 25,9% menos del dinero que Adif pensaba gastar. El contrato formalizado les concede ahora cinco meses para dar con la hoja de ruta que permita vencer al denominado como deslizamiento número 2. Los problemas de este punto fueron los primeros en descubrirse en la zona. Acciona, la empresa encargada de ejecutar la plataforma ferroviaria del tramo Sotiello-Campomanes envío al lugar a un geólogo que, en 2006, encontró roto uno de los inclinómetros que había dispuesto para analizar el terreno. A 14 metros de profundidad la mezcla de arcillas deformó el cilindro en unos 16 centímetros.

La primera pantalla que no resistió

Como primer remedio, Acciona propuso salvar el tramo con un túnel por debajo de la cicatriz de deslizamiento, opción que desecharon los técnicos de Adif por considerar que el adjudicatario solo pretendía encarecer la factura. En su lugar le impusieron levantar una primera pantalla de 178 metros de longitud, afianzada con pilotes de 30 metros de profundidad. La instalación no aguantó.

Para superar el problema, la pantalla se reforzó a cuatro niveles, y por encima se ejecutó una red de pozos drenantes que, al quitar agua al terreno, debían aligerar la presión que ejercía. La mejora culminó a principios de 2010 pero «la pantalla comenzó a experimentar tales deformaciones que a mediados del mismo año se estimó que se había alcanzado el agotamiento estructural en cuatro de los cinco pilotes instrumentados», recuerda el pliego del contrato.

Los técnicos de Adif empezaron a trabajar en un refuerzo que «permitiera garantizar la estabilidad» del muro. A finales de 2012 sin embargo el talud contiguo empezó a desmoronarse, urgencia que se resolvió llenando de tierra la traza ferroviaria. En abril de 2014 Acciona logra el permiso para cambiar el proyecto, salvando la inestabilidad con un falso túnel, lo que sacrificaba parte del espacio previsto inicialmente para el apartadero de trenes.

El movimiento continúa

A finales de 2015 los ingenieros de Adif comprobaron que nada había bastado. «Los incrementos de desplazamientos medidos en cada una de las fases constructivas superaron las previsiones de los cálculos (...) en algunos casos ampliamente». Los deslizamientos contra el muro «continúan hasta la fecha en todos los niveles auscultados sin mostrar una tendencia clara hacia la estabilización». Pese al falso túnel realizado, el talud sigue «transmitiendo empujes» a la pared anexa. «La tendencia contraria a la estabilización hace incidir en la idea de que los anclajes no son capaces de proporcionar a la pantalla la retención necesaria frente a los empujes del deslizamiento», admiten.

GOC y Applus deberán ahora desembarcar y limpiar los pozos drenantes, para calibrar luego el desgaste de los anclajes de la pantalla. La segunda fase de su misión es una investigación geológico-geotécnica «en mayor profundidad de lo realizado hasta el momento», para descubrir la profundidad real de un deslizamiento que desborda todos los cálculos anteriores. Los resultados dirán la evolución futura de la pantalla, el coeficiente de seguridad, y los refuerzos que pueden permitirle ganar la batalla. Los técnicos del Adif consideran que no se trata de un problema crítico y que el resto de obras pendientes pueden seguir avanzando.

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