riaño: 30 años (III)

riaño, el alma sigue viva

Riaño es hoy uno de los enclaves paisajísticos más bellos del Noroeste español, sin embargo, el dolor aún embriaga a los vecinos que ven sus casas bajo el agua y que intentan, con mucho esfuerzo, mirar hacia adelante, hacia un futuro en el que también le has tocado luchar, ahora por evitar el cierre de los servicios y la despoblación de su pueblo

ANDREA CUBILLASRiaño

Tras la tragedia llegó el silencio. Ese silencio ensordecedor, que evoca a la soledad, a la añoranza, al recuerdo. El mismo que inundó el valle de Riaño que, de la noche a la mañana, enmudeció. Atrás quedaron las proclamas de sus vecinos; ya no rugían las máquinas; ni se escuchaban las detonaciones que arrasaron un valle. No había nada. Sólo silencio.

Tras los desalojos de los nueve pueblos, el valle de Riaño se fragmentó cuál vaso de cristal al caer al suelo. Era el momento de rehacer la vida, de mirar hacia adelantE, de intentar sembrar raíces lejos del hogar. Cada uno se buscó las habichuelas como pudo, solicitando amparo a familiares y amigos. “Es triste ver marchar a la gente. Ver cómo el pueblo se separaba sin saber si a algunos les volvería a ver”.

Algunos se fueron a León; otros se realojaron en la localidad palentina de Cascón de la Nava; muchos permanecieron a orillas de su añorado Riaño; para unos era una necesidad; para otros, una obligación. “Muchos nos vimos obligados a quedarnos aquí por teníamos ganado que no podíamos abandonar”, recuerda Manolo, que relata cómo fueron muchos los que se marcharon del lugar una vez que lograron vender el ganado en la tradicional feria de noviembre. “Yo me fui a vivir a Burón”.

Porque aunque se habló del pago de la estancia en un hotel, la mayoría de los que allí se quedaron lo hicieron en especies de chabolas prefabricadas. Otros, como Begoña y Rosa, convirtieron en hogar la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, cuya demolición estaba prevista en 1987.

Riaño 30 años después

Sin embargo, este pequeño templo, originalmente situado en el pueblo de La Puerta, forma parte del conjunto monumental que se salvó del pantano junto con un hórreo, un campanario y la iglesia parroquial de Santa Águeda, antigua de San Martín de la localidad de Pedrosa del Rey, que fue trasladada piedra a piedra.

Allí y durante cuatro meses, Rosa crio a su hija con apenas seis meses. “En la pila bautismal guardaba el biberón de mi hija y los pañales. Era mi pequeño armario. Mi familia tenía ganado y no podíamos marcharnos sin más”, relata Rosa, que recuerda con gran dolor esos primeros días viendo un valle completamente reducido a escombros.

“El principio fue muy duro. No había ni un árbol, no se escuchaba ni un pájaro. Era el silencio de la pena, de la soledad. De repente te encuentras muy sola y miras a tu alrededor y todo lo que ves es desconocido”. Una sensación que comparte con su cuñada Begoña, para la que era complicado contener las lágrimas cuando regresaba a su Riaño a buscar leña. “Me acuerdo cuando no estaba el agua y bajaba. Sólo podía llorar constantemente. Es que lo que veían mis ojos era increíble”.

Era el inicio de una nueva vida en un Riaño que no era Riaño; un Riaño “impuesto” bien distinto al que hoy conocemos, situado en el alto de Valcayo, a los pies de lo que años después sería el embalse. Tras los derrumbes había construidas un par de casas así como el Ayuntamiento y el cuartel de la Guardia Civil. Porque no sería hasta el mes de agosto cuando los vecinos que así lo solicitaron accedieron a las casas de protección oficial.

Que no gratis, recuerdan estos vecinos, porque nadie les regaló nada. Todo lo contrario. “Pagué mi hipoteca como cualquier persona”, señalan, sin entender cómo se llegó incluso a insinuar que gracias al pantano se habían hecho ricos. Todo lo contrario. 30 años después, entienden que la administración se rio de ellos, con falsas promesas. “Aún recuerdo a mi abuelo ponerse la boina nueva e ir a cobrar y volver sin una peseta. Le engañaron vilmente. Se rieron de la gente del campo pagándole cuatro pesetas”.

«No sé contra quien habremos pecado da la sensación de que es una zona castigada. Lo cierto es que aquí se produjo un gran sacrificio y ningún beneficio para los vecinos de las poblaciones que ahora están bajo el agua. Con Riaño se sigue teniendo una deuda»

«No sé contra quien habremos pecado da la sensación de que es una zona castigada. Lo cierto es que aquí se produjo un gran sacrificio y ningún beneficio para los vecinos de las poblaciones que ahora están bajo el agua. Con Riaño se sigue teniendo una deuda» GUILLERMO HERNÁNDEZ

«Yo no sé la imagen que tenía esa zona sin agua pero a mí me encanta el paisaje no puedo decir otra cosa. En fotos se ve bonito el valle pero yo no lo viví y yo por lo que tengo que luchar es por este Riaño con pantano. Mi pueblo»

«Yo no sé la imagen que tenía esa zona sin agua pero a mí me encanta el paisaje no puedo decir otra cosa. En fotos se ve bonito el valle pero yo no lo viví y yo por lo que tengo que luchar es por este Riaño con pantano. Mi pueblo» BEGOÑA DÍEZ

Pero no sólo eso. Se muestran convencidos de que el único beneficiario de la construcción del pantano fueron las eléctricas. “Ni nos beneficiamos nosotros ni se beneficiaron los regantes, que ninguna culpa tuvieron aunque, sin duda, hemos sido nosotros los que hemos pagado el precio más alto por esta agua”, lamenta Rosa, que recuerda cómo durante años no soportaba a aquellos turistas que no escatimaban en elogios para describir la belleza del pantano. “¿Cómo podían decir que era bonito? Me parecía fatal. Yo me enfadaba. Ahora lo miro y pienso, pues sí, es bonito”.

Una belleza con sabor amargo

Belleza innegable de un pantano que, sin embargo y más coincidiendo con el aniversario del desalojo de los pueblos, sigue teniendo un sabor amargo. “Para mí tener este pantano aquí ha sido la mayor desgracia”, lamenta Manolo, que no olvida ni por un segundo esa niñez, esa juventud, esa vida que paso en su añorado Riaño. “Por un lado me gustaría que desaparecieran esas imágenes pero por el otro es el recuerdo de mis gentes y de lo que vivimos y sufrimos. Pero nunca volveremos allí”.

Toño sigue viviendo en Madrid, sin embargo, es uno de los vecinos que con mayor asiduidad acuden a Riaño. No así, los años posteriores a la demolición. Aún le embriaga el dolor y la impotencia que sintió al ver por primera vez el agua. “No quiero ni acordarme. Ese maravilloso valle que estaba bajo el agua. Es terrible. Han pasado tres décadas y si lo pienso me pongo malo”.

Imagen del Valle de Riaño tras los desalojos y durante el inicio de la construcción de la presa. / Valentín Cosío.

Rabia la que no oculta al pensar que tanto su familia como el resto de los vecinos de los nueve pueblos fueron engañados. Porque ni tan siquiera se ha alcanzado el fin por el que se proyectó el embalse. “Los políticos de León fueron unos impresentables que presumían del pantano de Riaño sin ser conscientes del daño medioambiental y emocional que causó. A nosotros nos engañaron con los regantes del Sur de León y la realidad es que detrás de la construcción están los intereses de las eléctricas”.

Riaño en lucha

El 31 de diciembre de 1987 comenzó a llenarse. En el muro podía leerse la palabra ‘demolición’. Aún hoy son muchos los que claman por ella. Sin embargo, la mayoría vive mirando al futuro; un futuro en el que ven al Riaño actual como la “tabla de salvación emocional y psíquica de los vecinos del valle, el guardián de las tradiciones y el alma de lo que fuimos”.

Un futuro en el que el pantano tiene cabida pero en el que seguirá siendo necesario que los vecinos luchen. Y por este nuevo Riaño es por el que luchará Begoña Díez, una joven de 28 años que reconoce que aún hoy duele recordar los desalojos y los primeros años con el pantano. “Es inevitable preguntar qué paso pero sino preguntas es difícil que te lo cuenten porque para ellos fue muy duro”.

Reconoce que gracias al documental ‘Mi Valle’ pudo acercarse un poco más a la experiencia que vivieron sus padres, aunque asegura que es difícil ponerse en la piel de una persona que le han echado de su casa sin poder sacar todos sus enseres y que luego ha visto como toda su vida se viene abajo.

No es de extrañar que mire al pantano con otros ojos diferentes a los de su madre o los de su tía, que todavía no ha sido capaz de sentarse en el puente más bonito de León porque la orientación dirige la mirada al lugar dónde estaba su pueblo, La Puerta.

“Yo no sé la imagen que tenía esa zona sin agua pero a mí me encanta el paisaje no puedo decir otra cosa. En fotos se ve bonito el valle pero yo no lo viví y yo por lo que tengo que luchar es por este pueblo. Mi pueblo”.

Por avatares de la historia, Riaño hoy por hoy sigue en lucha. En esta ocasión, pelean por evitar el cierre del servicio de Correos y por la supervivencia del colegio. Pero están convencido de que mañana encararán una nueva lucha. Porque, según sentencia con contundencia Rosa, la zona está castigada. “No sé por qué hay un látigo contra esta zona pero vamos a seguir luchando aunque sea por nuestros hijos y nuestros nietos. Vamos a tirar para adelante. Como siempre”.

***Pinche en cada uno de los nueve pueblos afectados por el pantano para ver las imágenes

Es el sentimiento luchador de Riaño que, 30 años después, sigue latiendo con fuerza entre sus vecinos, los mismos que intentan convivir con un pantano bajo el que descansa la historia de nueve pueblos. Sólo Riaño, Burón y Vegacerneja pudieron ser reconstruidos. El resto, Pedrosa del Rey, La Puerta, Salio, Huelde, Anciles y Escaro viven tan sólo en el recuerdo de aquellos cientos de vecinos que intentan mantener viva la esencia y las raíces de lo que en su día fue el gran Valle de Riaño.

Un valle con el que aún se tiene una deuda.

RIAÑO VIVE

> Capítulo I- RIAÑO, UNA HERIDA QUE NO SE OLVIDA

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Riaño, León (Provincia)

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