La población de oso pardo se consolida en la Cordillera Cantábrica y alcanza un censo de 107 ejemplares

Ejemplar de oso pardo. /
Ejemplar de oso pardo.

La FOP se muestra optimista ante este nuevo récord pero incide en que es una especie en peligro de extinción y en la necesidad las comunidades aprueben el protocolo para el manejo de osos habituados y conflictivos

LEONOTICIAS

El oso pardo consolida su presencia en la Cordillera Cantábrica con un censo que alcanza las 40 osas con 67 crías en dos subpoblaciones, lo que iguala el record de 2015 -aunque con tres crías más- y consolida, según señalan desde la Fundación Oso Pardo, el proceso de recuperación de este animal en la zona.

Concretamente, 34 osas con 57 crías corresponden a la subpoblación occidental -centro-occidente asturiano, Alto Sil leonés y Ancares- mientras que las otras seis osas con sus 10 crías corresponden a la oriental -Montaña Palentina, Montaña oriental leonesa y bosques colindantes de Cantabria-.

Por su parte, en el núcleo occidental, se detectaron 29 osas con 50 oseznos en Asturias y cinco osas con siete crías en el oeste de León. En cuanto a la subpoblación oriental, cuatro osas con sus crías han estado en diferentes momentos del año entre Palencia y Cantabria, una se ha movido entre León y Cantabria y la última se ha localizado siempre en Palencia.

La Fundación Oso Pardo ha realizado una contribución importante al censo, aportando 131 fichas de datos. De ellas, 39 corresponden al núcleo occidental, con localizaciones de 17 grupos familiares, y 92 al sector oriental, donde la FOP ha localizado y realizado un seguimiento de los 6 grupos familiares.

Fin del aislamiento

Los datos refuerzan la tendencia positiva, igualando el número de osas del 2015, que fue el más alto obtenido desde que se iniciaron los recuentos anuales de osas con crías en 1989. En la pequeña subpoblación oriental, con el mismo número de osas (6) y una cría más (10) que en 2015, se consolida el inicio de la recuperación, con hembras reproductoras en toda la Montaña Palentina y las áreas oseras de Cantabria hasta los bosques inmediatos a la autovía Cantabria-Meseta (A-7).

Sin embargo, su expansión se detiene entorno a la carretera N-621 (Riaño-San Glorio) y o los de Ponga y Redes (Asturias).

Las dos subpoblaciones cantábricas no solo aumentan en número, sino que se está asistiendo al final de un aislamiento genético que ha durado quizás cerca de un siglo

Además de las cifras demográficas, los estudios genéticos publicados en 2016 muestran una creciente comunicación entre ambas subpoblaciones realizada sobre todo por machos occidentales que han atravesado al núcleo oriental. Y los datos recogidos en 2017 en un proyecto para poner a punto nuevos métodos de estudio genético confirman este extremo. Las dos subpoblaciones cantábricas no solo aumentan en número, sino que se está asistiendo al final de un aislamiento genético que ha durado quizás cerca de un siglo.

En peligro de extinción

En cualquier caso, la FOP alerta de que no se debe echar las campanas al vuelo. De acuerdo con los criterios de la UICN, el oso cantábrico sigue estando en Peligro de Extinción, y legalmente la especie continúa en dicha categoría en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

Viene a cuento este recordatorio, según señalan desde la asociación, porque en las últimas semanas están viendo campañas mediáticas con un “tufo antioso” que recuerda a la propaganda contra las alimañas de tiempos pasados. “La recuperación parcial del oso en la Cordillera Cantábrica es un privilegio del que debemos presumir, no una desgracia para sus habitantes, como algunos grupos de interés nos quieren vender”.

Es cierto que el crecimiento de la población depara nuevos retos que afrontar sin complejos. Aunque no hay evidencias del aumento de daños al ganado, sí es verdad que algunos ejemplares se dejan ver con más frecuencia, y el potencial de conflicto se incrementa al aumentar el número de osos. En ese sentido, urge que las comunidades autónomas cantábricas aprueben el protocolo para el manejo de osos habituados y conflictivos, pues esto va a dotar a las administraciones de una herramienta muy útil a la hora de afrontar los conflictos causados por los osos y para reducir los temores de los vecinos de los pueblos de nuestras montañas.

Población en los Pirineos

Y en los Pirineos, las cifras son también halagüeñas. Los 39 osos detectados como número mínimo en 2016, entre ellos 5 osas con 10 oseznos, también dan motivos para la esperanza, y demuestra que el plan de reforzamiento que se inició a mediados de los 90 está funcionando. La escasez de daños y la reducción de los conflictos en la vertiente española son el fruto de un trabajo muy serio por parte de técnicos y autoridades.

Pero se debe reconocer que los problemas y el malestar no han desaparecido en el lado francés, donde no se aplican medidas de prevención de ataques a los rebaños de ovino y colmenares, y este descontento amenaza con extenderse a nuestras propias fronteras. Apaciguar el ambiente social en Francia es un reto aún sin resolver.

Y en el lado español hay también una asignatura pendiente. En los Pirineos occidentales, entre Navarra y Aragón, van envejeciendo los dos únicos machos que habitan esas montañas. No les deberíamos dejar morir sin darles la oportunidad de transmitir sus genes. Esto es especialmente importante ya que la madre de uno de ellos, Canelito, fue la última hembra autóctona pirenaica, y este ejemplar es el único oso vivo en los Pirineos que conserva los genes de la población original. Habría que volver a impulsar la iniciativa de reforzamiento con hembras entre Navarra y Aragón, tantas veces planteada en los últimos tiempos. En la actualidad, se empiezan a dar las condiciones sociales favorables para llevar a buen puerto estos proyectos. Es el momento de aprovechar la oportunidad.

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