Los osos del Occidente y Oriente de Picos de Europa rompen con un siglo de aislamiento genético

Huella de un oso macho adulto, en lo montes de Liébana. /Joaquín Pañeza
Huella de un oso macho adulto, en lo montes de Liébana. / Joaquín Pañeza

El contacto entre las dos poblaciones, confirmado mediante los análisis de excrementos, se produjo a través de los montes de León

MARCO MENÉNDEZ

Los estudios genéticos lo confirman. Osos macho de la población occidental han contactado con la oriental después de cerca de un siglo de aislamiento de ambos grupos. Y se sabe gracias al análisis de excrementos y pelos encontrados en las montañas de León, Cantabria y Palencia, cerca de los Picos de Europa.

Según parece, estos animales habrían conseguido salvar barreras que se suponían infranqueables, como la autopista del Huerna y la línea férrea. Además, para hacer su viaje desde el occidente asturiano habrían elegido los montes de León. Esto supondrá, a la larga, el final del aislamiento genético de ambas poblaciones, lo que redundará en una mayor fortaleza de los ejemplares.

A ello se une que la población oriental, mucho más pequeña que la occidental, está en franca expansión desde donde había quedado reducida en los montes de Palencia, habiéndose avistado osos en zonas que no utilizaban desde hace unos cincuenta años, como las praderas de Argüébanes y Brez, en los altas praderas de Potes.

En esta época, los plantígrados jóvenes están ampliando sus áreas de campeo, ya que se dedican a pastar y a buscar colmenas para alimentarse de las larvas de las abejas. Y es que el 99% de los daños que causan ahora los osos se centran en las colmenas. En verano será el turno de que estos animales se alimenten de frutos carnosos (arraclán, cereza y manzana) y también ataquen colmenas -en esta ocasión para comer la miel-, para en otoño pasar a los frutos secos (bellota y castaña), hormigueros y carroñas.

No se ven ahora hembras por las inmediaciones de los Picos de Europa. Se mantienen con sus crías en los montes palentinos, donde tienen sus oseras. Aunque quedan preñadas en primavera, el óvulo fecundado no se les implanta en el útero hasta noviembre. Su periodo de gestación es de dos meses y dan a luz de una a tres crías de entre 300 y 400 gramos de peso, ciegas y sin pelo.

Es a partir del primer mes cuando abren los ojos. A los dos meses caminan torpemente y a los cuatro ya tienen esa apariencia de 'peluche' tan reconocible. Y ese rápido desarrollo de las crías se debe a que la leche materna les aporta un 33% de materia grasa.

La pequeña población oriental de osos está en franco desarrollo y están localizados seis grupos familiares, aunque se calcula que hay un mínimo de unos 40 ejemplares. Tienen su hábitat en alturas comprendidas entre 500 y 1.400 metros, si bien pueden llegar a cotas de 2.000 metros en busca de comida, especialmente arándanos.

El oso está mejorando la economía de los territorios en los que se ha asentado y de ello son conscientes sus moradores, quienes tras años de reticencia ante la presencia de estos animales, y gracias al trabajo de concienciación de entidades como la Fundación Oso Pardo y las administraciones regionales implicadas, es decir, el Principado de Asturias, Cantabria y Castilla y León.

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