El dueño del parador de Pajares prevé abrir la zona de restauración en Navidad

Parador de Pajares./
Parador de Pajares.

La idea del empresario balear Miguel Fernández Baker es iniciar la actividad de la cafetería y el restaurante en plena campaña de esquí

ALEJANDRO FUENTE

Por el momento, las labores se han centrado en la limpieza del recinto y en pequeños arreglos de las goteras. Es «para lo único que tenemos permisos», explicaba Miguel Fernández Baker, propietario de la empresa hotelera Élite Hotels, de Menorca, que adquirió el parador de Pajares a finales de septiembre. El empresario señala que la intención es abrir la zona de restauración de la planta baja del edificio -la cafetería y el restaurante- para la próxima campaña de Navidad, con la previsión de que para entonces haya nevado lo suficiente para que la estación de esquí ya esté operativa. «Queremos ofrecer el mejor caldo de a zona», dice entre risas.

Fernández Baker mantiene el plazo de cinco meses para la apertura total del parador, reconvertido en hotel de cuatro estrellas. Está todavía a la espera de obtener licencia de obra y de actividad y de realizar las gestiones necesarias en el Principado para la consecución de la citada categoría hotelera. Por lo pronto, lo que sí ha generado la noticia de la recuperación de la actividad en el singular edificio del alto de Pajares es una gran expectación para lograr un puesto de trabajo. «Es mucha la gente que acude todos los días para traer su currículo», añade el empresario.

Fernández Baker ofreció a El Comercio todos los detalles de la operación de compra del inmueble. Así, el valor de la transacción ascendió a 950.000 euros sin impuestos. Tras realizar una primera inspección del parador, que acumulaba muchos años de abandono, la empresa estimó que se tendrá que invertir otros 600.000 para su puesta a punto. Se trata, reconocía Fernández Baker, de un gasto importante, pero se mostraba más que convencido del potencial del equipamiento. «Estamos muy ilusionados», añadía.

Los responsables de la empresa balear quieren que el citado servicio de restauración tenga un marcado sabor autóctono. Además de restaurante y cafetería, el parador reabrirá con spa y una oferta hotelera de 70 a 80 camas. Su idea es emplear a entre diez y quince personas, para lo que tienen intención de apostar «por gente de la comarca».

La agonía del inmueble inaugurado en los años 50 comenzó en la década de los setenta del siglo pasado, cuando el Gobierno olvidó sus años de esplendor y lo excluyó de la Red Nacional de Paradores. Esto lo abocó a un primer cierre en 1979. La clausura definitiva se produjo en 2005. Cuatro años más trade, el Ministerio de Economía anunció la primera puja para su venta con un precio de salida de 771.600 euros. Tras varias convocatorias desiertas, a pesar de diferentes bajadas en su precio, Inversiones Inmobiliarias Valmurián se hizo con él en 2010 por 510.000 euros. Su primera intención era abrir un hotel. Pero no fructificó. En 2013 lo puso a la venta por el triple de lo que lo compró: 1,5 millones de euros, cifra que fue bajando ante la falta de ofertas en firme. En septiembre de 2016, el grupo Santagadea anunció su compra, pero la operación no se llegó a cerrar. Hasta la llegada definitiva de Élite Hotels.

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