Las aguas leonesas contienen diez pesticidas, ocho de ellos prohibidos, capaces de alterar el sistema hormonal humano

Laboratorio de calidad de la CHD en Valladolid./Ángel Torres
Laboratorio de calidad de la CHD en Valladolid. / Ángel Torres

Una de las sustancias es un herbicida que se comenzó a usar en los años 50 y tiene una vida media en los suelos de entre 30 y 70 días

ICAL

Las aguas de la cuenca del Duero contienen diez sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal humano y animal, y de estos disruptores endocrinos ocho no están autorizados por la Unión Europea. Así lo indica un estudio, que firma Ecologistas en Acción, que arroja la existencia de 12 plaguicidas en las aguas del río, dos de ellos algo menos inofensivos.

El herbicida prohibido 'isoproturón' es la sustancia que se ha observado con mayor frecuencia y concentración. Se utiliza para el control selectivo de gramíneas y malezas de hoja ancha desde los años 50 en cultivos de patata, maíz, verdura, frutales y arbustos ornamentales, y su vida media en suelos oscila entre los 30 y 70 días.

En el conjunto de España, el uso de la amplia mayoría de los plaguicidas detectados (el 70 por ciento) no está autorizado pero siguen presentes en el medio acuático. Incluso, algunos sin autorizar desde hace muchos años por su elevada toxicidad, como el DDT, el lindano, la atrazina y el endosulfán, entre otros. Ninguno de ellos se ha encontrado en la Comunidad. Además, 26 de los 47 plaguicidas encontrados han sido identificados como disruptores endocrinos «o se sospecha que lo son».

El informe 'Ríos hormonados' consultado por Ical se ha elaborado con los datos obtenidos por los programas de vigilancia de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) que, según la organización verde, «funciona mejor que otras» en este sentido. Así, el 'isoproturón' se ha encontrado en las aguas de la Comunidad en 87 de las 680 mediciones realizadas por la CHD en el año de estudio, con análisis puntuales que alcanzaron los 2,48 microgramos por litro, cuando el máximo permitido, según las Normas de Calidad Ambiental (NCA) es de un gramo.

«El 'isoproturón' aparece con mucha frecuencia. Podría indicar un uso continuado y masivo, dado que no es una sustancia muy persistente. No podemos decir que haya un uso ilegal, pero los datos conducen a que podría ser por la vida media de su degradación en el suelo», explica a Ical la responsable de Política de Sustancias Químicas de Ecologistas, Dolores Romano.

Prohibido desde 2004

En los ríos de la cuenca del Duero se hallaron al menos otros tres productos que, si bien no son tan perjudiciales como el 'isoproturón', sí obligan a ser prudentes. Dos son similares en cuanto a composición: la 'simazina' y la 'terbutilazina'. El primero es un plaguicida prohibido desde 2004; y el segundo está autorizado y se está conviertiendo en sustituto del anterior. Ambos cuentan con una solubilidad en agua y «potencial de partición de materia orgánica», con efectos tóxicos que «podrían afectar al desarrollo sexual de los humanos y la fauna silvestre».

En todo caso, y aunque se ha encontrado en algunas aguas, en «ninguna detección puntual» elaborada por la CHD «se ha superado la máxima que se permite para estas sustancias», de cuatro microgramos por litro, puntualiza Romano, que explica que existen dos tipos de límite establecido. Por un lado, la media de todas las detecciones que se toman (que en esta ocasión no se ha tenido en cuenta), y la puntual, que «en ningún momento se ha superado». De hecho, de las 680 mediciones realizadas para la 'simazina' y la 'terbutilazina', solo 15 dieron positivo en la primera y 49 en la segunda, sin superar los 0,2 y 0,12 microgamos por litro, muy lejos de los cuatro de máxima autorizada.

El 'clorpirifós', insecticida permitido

El 'clorpirifós', un insecticida detectado en casi todos los ríos examinados, «es motivo de preocupación» para Ecologistas en Acción, a pesar de estar permitido, «ya que revela el uso prolongado y extenso en España». Es un producto «detectado en un mayor número de alimentos», añade la experta.

Al parecer, según evidencias científicas, esta sustancia «afecta al sistema nervioso de los seres humanos». De hecho, Ecologistas en Acción advierte de que en ranas expuestas a niveles ambientales de este producto durante los primeros años de vida «desarrollaron malformaciones físicas, esqueléticas y de la estructura de las branquias».

Esta sustancia no es muy soluble en agua, de manera que generalmente se mezcla con líquidos aceitosos antes de aplicarse a cosechas. Se utiliza para afrontar plagas de cochinillas, mosca blanca, orugas, algunos escarabajos y otros insectos.

El lindano y su abandono

El informe de Ecologistas en Acción hace hincapié en un producto prohibido desde 1991, que no se ha encontrado en 2016 en los ríos del Duero, pero sí en 2012, año del anterior estudio. Se trata del lindano y su rama Gamma HCH. «Es bastante dudoso que haya un uso ilegal. Es más probable que esté en el medioambiente y que se detecte por uso histórico, porque es tan persistente que se mantiene durante decenas de años», indica Romano, quien precisa que solo el Gama HCH «se usaba comercialmente y el resto son residuos de fabricación».

Por cada tonelada elaborada se obtienen entre seis y diez toneladas de «residuos sucios». Es decir, que las empresas que «los fabricaban hasta principios de los 90 hicieron un mal uso y los abandonaron, presuntamente», según Romano, «en vertederos ilegales, cunetas, en pozos y en minas». Algo así sucedió en Cabria (Palencia) y en la mina de Borobia (Soria), «donde la gente del pueblo se enfrentó y les obligó a cargar otra vez los camiones». «El problema es que el lindano va saliendo de los vertederos poco a poco y acaba en las aguas. El año que hay más tormentas torrenciales sale a la luz. Por ello en 2012 salió positivo y en 2016, que no llovió mucho, no se observó. Ello no significa que no esté presente».

De hecho, el lindano se detectó en siete de las diez cuencas analizadas en 2016. Este producto también provoca cambios hormonales, a un bajo nivel de exposición. A pesar de su prohibición hace 27 años, aún «se encuentra escondido en superficie, principalmente en vertederos».

España, con un consumo de 78.818 toneladas anuales, es el país europeo que más plaguicidas utiliza. Los datos recopilados presentan plaguicidas tóxicos en todas las cuencas analizadas. En conjunto, en 2012 se detectaron 46 de los 95 plaguicidas analizados, y en 2016, 47 de 104. La mayoría son insecticidas (21) y herbicidas (19) y, en menor medida, fungicidas (cinco).

El territorio tan heterogéneo y amplio de Castilla y León motivó que, además de la cuenca del Duero, también se encuentren otras cuatro. En global, en la del Ebro se encontraron 21 sustancias, de las que 16 son disruptores endocrinos y en 18 casos no está autorizado su uso. En el Tajo, se hallaron 12 productos prohibidos y 13 eran posibles disruptores.

En el caso de la Confederación Miño-Sil se detectaron 13, de las que estaban prohibidas cinco y once pueden forzar cambios hormonales. Por último, en la del Cantábrico, solo se observaron dos sustancias y en una única muestra. Ambas están prohibidas y una de ellas es el lindano.

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