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El helicóptero, en la esquina superior derecha, se aproxima al fuego durante el simulacro. / Sandra Santos

Tecnología punta, fallo básico

  • El Grupo Tragsa, en un proyecto que involucra a nueve países, trata de mostrar en un simulacro su útima tecnología en extinción de incendios, basada en descargas de pellets de agua sobre el fuego desde un helicóptero, pero el fallo de la trampilla del compartimento da al traste con la demostración

Todo estaba preparado. Desde un alto cercano a Fontanos de Torío, un equipo de Tragsa dispuesto para la ocasión controlaba el simulacro. El despliegue de cuatro helicópteros, tres drones, un bulldozer, tres vehículos de autobomba y alrededor de 80 técnicos era más que suficiente para que todo saliera a pedir de boca.

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  • Simulacro fallido

El plan era el siguiente: parte de los técnicos prenderían una pira con el objetivo de simular un incendio desbocado, de manera que hasta este no pudieran llegar medios humanos a pie. Un dron sobrevolaría la zona, ofreciendo imágenes detalladas del fuego. Posteriormente un helicóptero, tras el pertinente vuelo de reconocimiento y las aproximaciones, realizaría la descarga de unos novedosos pellets de agua concentrada con los que extinguir el incendio.

Tras ello, se simularía una nueva reproducción del fuego, en el que un dron con cámaras infrarrojas ofrecería la información en condiciones más adversas.

Nueve países implicados en el innovador proyecto europeo AF3 (Advanced Forest Fire Fighting, de lucha avanzada contra fuegos forestales), desarrollado desde 2014.

Así, el dron cumplió su misión y sobrevoló el incendio ofreciendo información al puesto de mando instalado para la ocasión. Todo iba según lo acordado, hasta que salió el helicóptero portador de los pellets. Éste realizó la vuelta de reconocimiento y, aunque el viento aumentó ligeramente, pudo lograr la aproximación. Y pasó una vez por el incendio. Y pasó otra. Incluso una tercera vez. Y hasta una décima. Pero en ninguna de esas ocasiones realizó la descarga.

Ante la contrariedad de los presentes, la organización anunció por megafonía el fallo de la trampilla en el compartimento de los pellets, lo que impedía la suelta. En un primer momento se pospuso media hora para poder arreglar el entuerto, pero las condiciones ambientales y la caída del sol animaron a abortar la misión. Entendiendo que estas fueron las razones, más por intuición de los medios de comunicación que por informaciones ofrecidas por la empresa, que sí que apunta que el fallo se debe a un sistema desarrollado por la israelí Elbit Systems.

Así, el simulacro finalizó para los medios con la contrariedad más absoluta cuando en una tecnología puntera falla el más básico de los mecanismos. Afortunadamente, fue un simulacro.