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Un cuento de hadas

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Un hada colgada en una de la hayas del Faedo de Ciñera. / Eduardo Margareto

  • El Faedo de Ciñera, uno de los bosques más singulares de la Comunidad con 15.000 visitantes al año, alberga hayas de cinco siglos y transmite la sensación de estar dentro de una fábula

A Josefina Díaz se le empapan los ojos, relucientes y brillantes. Hace más de medio año que no viene. La lágrima es visible cuando cruza el pequeño puente de madera que atraviesa el fino arroyo, sin agua en otoño, que permite entrar al Faedo de Ciñera, a su ‘faedo’. Le embarga la emoción por todo lo que allí ha vivido, sobretodo desde que recientemente falleció su yerno, uno de los principales impulsores de este bello parque de hayas centenarias.

“Este lugar es muy intenso. No sabe uno ni donde mirar”, cuenta esta asturiana de 72 años, que reside en la Montaña Leonesa desde la niñez. “Han sido tantos los momentos aquí vividos...”, suspira en un día otoñal, en el que las hojas se dejan caer con un vuelo ralentizado, en forma de zig-zag, acariciando cada centímetro de suelo. No deja de sonreír, a la vez que el lloro se vuelve a hacer presente al pasar junto a un rincón que es muy especial para la familia, donde se encuentran enterradas eternamente las cenizas de Juan López del Moral, cerca de ‘Fagus’, una de esas hayas incluidas en los catálogos de árboles singulares que supera los 500 años de vida, con 32 metros de altura y más de seis metros de perímetro.

FAEDO DE CIÑERA

El paseo en el Faedo es cómodo. Principalmente, por la senda de tablas instalada por los vecinos del pueblo para evitar que los visitantes pisen este fructífero suelo y se conserven las raíces de los árboles. Pero los principales valedores de este bosque tan especial son los mineros, que lo han limpiado y adecentado durante las huelgas de los últimos años. “Mientras por la mañana cortaban la carretera, que se las veían canutas, por las tardes venían a trabajar voluntariamente aquí”, relata. Es algo que confirma Juan Carlos Lorenzana, exalcalde de La Pola de Gordón -Ayuntamiento en el que se integra Ciñera- y exminero de profesión.

“Es un lugar mágico, un cuento de hadas, donde se respira paz, más si llegas de duras manifestaciones. Es un refugio de la naturaleza en el que la entrada de luz recuerda al interior de la catedrales”, rememora ‘Zana’, como todo el mundo le conoce en la comarca. En un instante de silencio, da tiempo a escuchar e interpretar el sonido de la hoja, el canto de los pájaros. Dicen que hasta las hadas te envuelven si te quedas pasmado mirando hacia el bosque frondoso.

No es difícil imaginar, si se pierde la mirada, a Caperucita Roja saltando con su cesta y su inocencia o a Blancanieves durmiendo junto al pie de un haya centenaria mientras los siete enanitos la observan ensimismados; quizás a Hansel y Gretel perdidos en el bosque justo antes de encontrar la sabrosa casa; o Alicia cayendo temerosa hacia el país de las maravillas. Si se cierran los ojos, cualquiera se podría perder en el Faedo de Ciñera de Gordón, en plena Montaña Leonesa, un espacio en el que da la sensación de estar dentro de una fábula, donde alguien creyó alguna vez que allí basaron sus cuentos los Hermanos Grimm.

El cuento de ‘Haeda’

Esto debió de pensar Josefina cuando, alentada por un concurso de la Hullera Vasco Leonesa con relatos vinculados al carbón, decidió crear el personaje de ‘Haeda’ y escribió un pequeño cuento sobre cómo una bruja mala se convirtió en buena para dar cobijo a una familia. A partir de ahí, la autora recrea el nacimiento del pueblo de Ciñera en torno al carbón. Como anillo al dedo en un lugar que pedía por los cuatro costados entregar al pueblo la magia que poseía. “Siempre que he llegado a las puertas del Faedo me he detenido y he pensado que no había nada más bonito”, repite emocionada. Ya lo pensaba de niña, cuando salían corriendo del colegio para jugar entre las hayas y esconderse bajo el abrigo de las hojas. “¡Aquí tiene que haber brujas!”, exclama.

Muchos años después, Josefina se dijo a sí misma que quería que sus hijos nacieran en un pueblo de fábula, que es como define a Ciñera. “Una noche, después de haber ido al Faedo, me levanté con la mente fresca y en cinco minutos escribí el cuento de ‘El carbón de Haeda’. Soy un estilo de Gloria Fuertes”, ironiza entre risas, incluso admitiendo su parecido físico. “La lectura es fácil, pensada para niños. Yo no soy estudiada; yo siempre digo que soy abuela...”, desliza orgullosa.

Una ‘mina’ de visitantes

‘Zana’ toma el relevo de Josefina. Su condición de exalcalde le permite conocer datos como que en torno a 15.000 personas al año visitan el Faedo, que recibió un fuerte impulso a partir del año 2000 con la propia actuación de los vecinos del pueblo, que todos juntos daban la voz de hacendera.

Ciñera acoge así al hayedo situado geológicamente más al norte de Europa, con hayas sombrías y encinas de solana. “Ello podría significar que aquí existe un pliego tectónico, según los expertos”, apunta Lorenzana. Desde su posición de regidor, recuerda, una de las principales luchas del pueblo fue para paralizar la línea de alta tensión Sama-Velilla, ya que una de las alternativas cruzaba directamente por el Faedo, considerado en 2007 el Bosque del Año y mejor cuidado por la organización ‘Bosques sin fronteras’.

Era habitual que los jóvenes del pueblo acudieran al Faedo “a enamorar a las chicas”. “Cuando estabas aquí, eran ellas las que se enamoraban… pero del bosque”, murmura entre risas. Pero este espacio va más allá. Este pueblo minero siempre se ha identificado con su bosque, ya desde que los trabajadores de la mina trabajaban en el cercano pozo Ibarra, hoy cerrado, cuya verticalidad alcanza los 250 metros.

‘Zana’ aprovecha la oportunidad para pedir una especie de plan que lleve a los visitantes del Faedo a conocer también el castillete de esta mina, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y que data de 1917, de estilo “robledado” y que recuerda a los puentes de Eiffel. Sin embargo, se encuentra en estado de abandono desde que el Grupo Ciñera lo cerrara en 1996 tras 103 años de historia. Un lugar para el que existió un proyecto turístico que hubiera servido para regenerar una zona muy dependiente del carbón que ahora paga las consecuencias de la mala gestión de diversos planes. Una mina sentimentalmente importante para los habitantes de Ciñera, pues muchos trabajaron allí, entre ellos el abuelo, el padre y el propio Juan Carlos Lorenzana.

Siempre que acude al bosque, muchas veces de guía acompañando a escolares que lo visitan con sus profesores, ‘Zana’ hace un juego a los niños. “En el Faedo hay un hada, un elefante y un corzo, pero hay que tener imaginación… El que quiera descubrirlos, tendrá que venir a encontrarlos...”, despide misteriosamente, absorbido por la fantasía.

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