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Ecos de vida en el monte

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Un ciervo en la berrea entre la nubes al amanecer en el Valle de Miranda.

Eduardo Margareto

  • La sequía descafeína la berrea de los ciervos en un espectáculo único que año a año atrae a miles de turistas a las zonas de montaña de Castilla y León

Tino Rodríguez pega el dedo índice a sus labios al amanecer. Pide silencio absoluto mientras, lentamente, desciende una de las laderas del Valle de Miranda, en la carretera de los pantanos, en plena Montaña Palentina. Sólo se percibe el leve sonido de su pisada sobre la hierba seca. Carga con prismáticos, un teleobjetivo y un trípode. De repente, un ciervo macho y adulto lanza un berrido en un espacio frondoso. Es perfectamente reconocible. No se ve, pero se oye. Al cabo de un rato y a pesar de que la berrea de este año “no ha sido buena por la lluvia”, el cérvido presenta su gran cornamenta. Con la inestimable contribución de unos anteojos se lo ve rodeado de una decena de hembras que han sido atraídas por su masculinidad, principal concepto que es necesario aprender cuando se sale al monte a observar los ciervos en esta época.

Con los picos Espigüete y Curavacas como testigos mudos y por encima de una intensa niebla que cubre el valle pero que no alcanza las praderas más altas cobra protagonismo uno de los espectáculos sonoros más impactantes de la naturaleza. “Ha sido un mal año. Empezó a mitad de septiembre y casi ha terminado porque no ha llovido. Los machos necesitan la humedad para segregar las glándulas que facilitan el celo”.

Lo dice un hombre que es un autodidacta de la naturaleza. Hace casi dos décadas fundó la empresa ‘Dos Aves’ y a partir de ahí, con la ornitología como foco principal, ha desarrollado un turismo sostenible que ha evolucionado en positivo en este tiempo, cada vez con mayor atracción del cliente por la observación de fauna salvaje. “Pero que nadie se engañe. Nos queda mucho por hacer. Es increíble que, con el potencial que tiene Castilla y León en esta materia, sobre todo de aves, no se esté explotando lo suficiente”, critica.

‘Dos Aves’ fue calificada como la primera firma de la Comunidad de ecoturismo y de las pioneras en España y ya tiene reservas para toda la primavera, el verano y parte del otoño de 2017, casi todo a través de operadores turísticos. Nueve de cada diez clientes son extranjeros, principalmente europeos, estadounidenses, escandinavos o australianos.

Ecos de vida en el monte

En primera persona

La berrea es así uno de los encantos que el turista puede disfrutar en la Montaña Palentina, como también en La Cabrera zamorana, entre otros puntos de la Comunidad. Atrae a miles de personas año a año, pero hacerlo de la mano de un experto como Tino Rodríguez, que se conoce los rincones más especiales y recónditos de este espacio natural, significa identificar e interpretar fauna y flora que muchos sólo han visto en los libros y en internet. “El reclamo sexual de la berrea es increíble, pero este año se les escucha menos. La reproducción se desarrollará igual, pero no será tan vistosa”, comenta este palentino, que dirige una firma con rutas de naturaleza a demanda por casi todos los continentes del globo, desde Senegal o Gambia, en África, a Ecuador, puntos de Europa y principalmente la Península Ibérica, desde Castilla y León a Doñana pasando por Extremadura, entre otros.

El sonido ronco del ciervo, que no intranquiliza al ganado vacuno que allí pasta ni despista a una familia de jabalíes que atraviesa el valle, se escucha únicamente al amanecer y atardecer, cuando deciden marcar territorio frente a los jóvenes y cuidar de sus hembras. “En función de la potencia del berreo, así es la fuerza y tamaño del macho”, explica Rodríguez, lo que permite alertar a sus competidores.

Con la ayuda de los prismáticos no es difícil observar el intento de ciervos primerizos de acercarse a otros harenes de hembras. En muchos casos son agredidos por la imponente cornamenta del más fuerte. Sólo existe lucha si ambos son de similar corpulencia.

Ecos de vida en el monte

Caminando, también se aprecia las marcas de orín y la tierra removida para informar al resto de quien manda en esa zona. Una de las instantáneas más bellas es el momento en que frotan sus cuernos en los árboles. Todo este ritual sirve para espantar a otros machos y “tranquilizar a sus hembras, quienes no son tontas y suelen elegir también a los más fuertes”. El resultado se apreciará ocho meses después, cuando las hembras paran su cervatillo.