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El proyecto Life+ eleva el número de osos pardos hasta 240 ejemplares, con 64 crías, y evitar la fragmentación genética

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Reunión para la puesta en común de los resultados de Life+. / Campillo

  • El municipio de Pola de Gordón acoge la presentación de los resultados de la desfragmentación de hábitats para el oso pardo en la Cordillera Cantábrica con 85.000 plantaciones y 230 boquetes de conectividad para asentar su población

La lucha por la supervivencia del oso pardo en la Cordillera Cantábrica ha dado un paso muy importante. El éxito del proyecto Life+ de desfragmentación de hábitats para el oso pardo de la Unión Europea ha permitido que la población de este ejemplar tan paradigmático como amenazado haya aumentado de forma destacada.

Este programa lleva años apoyando a los grandes carnívoros en Europa. «Este no es un proyecto aislado», asegura la directora de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, que reconoce un proyecto «de fondo» en el que hay que seguir trabajando.

240 osos, de los cuales 64 son crías, han sido avistados en el último año lo que ha permitido no solo una mejora genética de la especie, sino que ahora, a través de las mejores de este plan, se podrán quedar a vivir al encontrarse unas condiciones estupendas para su asentamiento en la Cordillera Cantábrica.

A esta estadística se debe sumar que la población oriental de osas con cría ha pasado de: en el año 2000, una osa sí y una osa no con una cría a, en el año 2015, ocho osas con cría.

Programa Life+

El presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, resalta la facilidad que han tendio para trabajar en el territorio.

Durante la aplicación de este programa se han plantado 82.202 árboles -frente a los 65.000 previstos inicialmente- dando forma a 223 bosquetes de conectividad y cobertura repartidos por el territorio en fincas de uso abandonado adquiridas por la Fundación Oso Pardo y terrenos gestionados en régimen de custodia del territorio. Entre estas especies plantadas se encuentran cerezos, mostajos, serbal de cazadores, pudios, manzanos, arraclanes, avellanos y abedules.

Además, se han firmado 13 convenios de custodia del territorio con propietarios de terrenos y diez acuerdos de colaboración. En este tiempo, ha sido posible generar una decena de puestos de trabajo para desempleados locales en una primera campaña de plantación, y 15 puestos de trabajo en una segunda campaña, ambas de tres meses de duración. Igualmente se han desarrollado numerosas reuniones y jornadas informativas con ganaderos, apicultores y cazadores, actividades de voluntariado con habitantes de la zona, reuniones técnicas y visitas de intercambio con otros proyectos nacionales e internacionales.

Los nuevos retos que se persiguen ahora desde la Fundación del Oso Pardo y la Junta de Castilla y León será consolidar la conexión entre la población oriental y occidental, fomentar el turismo de observación sin familiarizar a los ejemplares y afrontar nuevos retos que soluciones posibles conflictos con la población rural.

De ser cazados a ser protegidos

«El objetivo es que no estén en amenaza y sean compatibles con usos convencionales, nuevos usos y avistamientos; queremos que el oso no se vea como un problema; en el momento que se consiga que el ciudadano no lo vea como un problema dejará de estar en extinción y se alcanzará su protección».

Así de contundente se ha mostrado José Ignacio Molina, responsable de biodiversidad en la Junta de Castilla y León.

En este sentido, será importante el trabajo de los ayuntamientos de la zona para fortalecer la imagen de la especie que va a vivir en la montaña por las buenas condiciones en las que se ha establecido este hábitat.

El consejero de Fomento y Medio Ambiente de la Junta, que llegaba con retraso a la cita al estar en Comisión Informativa sobre incendios en Valladolid, ha explicado con una frase el cambio de tendencia de la especie de oso pardo, la cual se ha pasado de «gastar dinero y esfuerzos para cazarla a hacerlo para conservarla».

El primer paso se ha dado para salvaguardar la especie. Ahora toca seguir trabajando para llegar al objetivo de los 500 ejemplares en un área continúa, sin fragmentación, y plantear el paso de que la familia del oso pardo pase de estar en amenaza a ser vulnerables.