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Proceso de desenlazado de calcetines en la empresa de artesanía textil Santiago Geijo de Val de San Lorenzo Val de San Lorenzo.
Proceso de desenlazado de calcetines en la empresa de artesanía textil Santiago Geijo de Val de San Lorenzo Val de San Lorenzo. / Eduardo Margareto

No sólo mantas en El Val

  • Ocho empresas del textil sobreviven en la localidad maragata a pesar de la presión asiática, aunque se han visto obligadas a diversificarse con calcetines y productos de lana

Santiago Geijo aprieta el botón de lo que parece una antigua máquina de su taller textil. Pero es todo lo contrario. “Aunque intentamos elaborar todo a mano y de forma artesanal, no ha quedado más remedio que mecanizar algunas cosas”, señala el propietario de la pequeña fábrica, que lleva su nombre. Ubicada en la localidad maragata de Val de San Lorenzo (León), esta firma es una de las ocho que aún sobreviven en la población, muy lejos de aquel empuje económico que supuso para la comarca en otros tiempos, centrado principalmente en las famosas mantas.

Sin embargo, cuatro están a punto de jubilarse y desaparecerán, por lo que serán pocas las que se mantengan, entre ellas la de Geijo. “Por un lado será bueno porque habrá menos competencia, pero por otro afectará a la imagen textil del pueblo”, remarca.

En su intención de diversificar, obligado por la demanda y la presión del mercado asiático, Geijo se fijó en la lana. “Es buenísima para la circulación de la sangre, porque absorbe el sudor”, explica. De ahí que todos sus productos llevan este material. Pero principalmente, se ha centrado en los calcetines, justo en una etapa empresarial en que el relevo está cerca y pasará el testigo a la cuarta generación, su hija Noelia, que entre otra formación está aprendiendo a hilar a mano en la rueca.

En un recorrido por el pueblo es fácil encontrarse con algunos de estos talleres. El de Santiago supone una de las cunas de la artesanía, que perdura casi como tal. “Aunque seamos los que más mantenemos la tradición, esto ya no es lo que era. Antes dabas un paseo por el pueblo y sólo se escuchaba el traqueteo de los telares. Ahora la gente ya los tiene abandonados o de adorno”, lamenta el propietario, quien junto a su mujer Pepita regentan el negocio.

Al lado del taller se encuentra la tienda, por la que transitan, sobre todo los fines de semana, cientos de visitantes. “Algunos gastan más y otros menos, pero al menos saben que lo aquí encuentran es de calidad y está hecho a mano”, sentencia Noelia. Chaquetas, jerséis, calcetines, guantes, gorros, mantas, alfombras y una amplia gama de colores de lana y algodón de varios grosores y un sinfín de artículos más que pueden adquirir. “Tenemos la ventaja de que son todos artículos exclusivos, porque no hay dos iguales al elaborarse a mano. Sólo tienen el denominador común manual”, sostuvo.

Talleres especializados

Hoy en día, algunos de los talleres textiles de Val de San Lorenzo se han especializado en paños y en trajes regionales, porque el negocio de la manta ya no es rentable por sí solo. En el caso de Santiago Geijo se han declinado más por los calcetines, un complemento que una máquina fabrica como una sola unidad de lana alargada y que luego se separa hasta en 34 piezas. Pero el proceso no acaba ahí: “Tenemos un trato con algunas mujeres del pueblo a las que les llevamos los calcetines y ellas los rematan con armonía”. Tras estos remates, pasan a una lavadora industrial y luego se secan al sol: “Se tienden, como la ropa”.

Esto supone, sostiene Noelia, que pronto dirigirá esta empresa familiar, “poder seguir trabajando la lana como como antaño”. Bien lo saben los clientes, que llegan a las tiendas de Val de San Lorenzo los fines de semana, aunque menos de lo que los habitantes quisieran, por lo que piden a las administraciones que intenten dinamizar más la zona y redirijan a los turistas que visitan Astorga, “porque no hay más lugares en España que hagan este tipo de productos”.

“Saben lo que buscan y aquí encuentran calidad”, explica Santiago, quien añade que también reciben pedidos de Barcelona, La Coruña o Sevilla. Pero en función de los productos, los envíos se especifican. Por ejemplo, los calcetines se remiten en su mayoría a las comunidades del norte, “porque son zonas más húmedas”.

Las propias artesanas del pueblo con las que las empresas como Santiago Geijo tienen acuerdos elaboran a mano también guantes, gorros, bufandas y todo tipo de prendas de punto. Incluso zapatos para bebés o chales. “Es lo que vendemos nosotros. De todo menos alfombras”, comenta Geijo, quien recuerda que hace un cuarto de siglo contaba con la participación de un centenar de “señoras” del pueblo para estos trabajos.

Admite que las largas épocas de calor de los últimos años no ayuda a vender elementos de lana. El mayor peso de las ventas se produce de octubre a febrero, una cuestión “lógica”, por lo que es necesario diversificarse con otros productos para el resto del año. También, elaboran mantas para muchas de las escuelas con pedagogía Waldorf y reconocen que la incertidumbre política en España ha motivado una caída de sus ventas “porque la gente prefiere guardar de momento”.