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La Cruz que pesa el Camino

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Los peregrinos se aproximan a depositar objetos en la Cruz de Fierro. / Sandra Santos

  • El Camino de Santiago cuenta con una parada obligatoria en la provincia leonesa, la Cruz de Fierro, donde los peregrinos expiran sus pecados depositando sus pertenencias para deshacerse de los pecados que ocupan su alma

Dice la tradición, esa que muchas veces guía a ciegas el paso de las personas, que una piedra de su lugar de origen debe acompañar al peregrino en el Camino. Su peso debe ser el mismo que el de los pecados que guarde su alma, y esta debe lanzarse de espaldas en la Cruz de Fierro, a más de 1.500 metros de altitud en la provincia leonesa.

Punto de paso y de parada para los caminantes de concha y bastón que, como si fuera una credencial más, detienen su zancada ante el poste de 5 metros de altitud que guarda las reliquias de los peregrinos.

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  • Se hace camino al andar

El Camino se hace al andar y por ello, no es necesario llegar a Santiago de Compostela para cumplir con uno mismo. Son muchas las rutas que llevan hasta el Obradoiro, tantas como peregrinos que se atreven a adentrarse en una de las rutas espirituales más importantes del mundo. Eso sí, cada uno con su propia meta.

Así lo asegura un peregrino, llegado desde Bélgica y que inició el Camino en Burgos. «Quiero buscarme, estar un poco solo. Siempre estoy con mucha gente, hablo mucho, vivo en una gran ciudad; necesitaba estar un poco solo y buscarme».

La Cruz de Fierro se eleva, casi hasta el cielo, simbolizando la unión entre lo terrenal y lo espiritual. Numerosos son los objetos depositados en este lugar. Interminable el número de mensajes en diferentes lenguas que se arrinconan a sus pies.

La tradición ha convertido a este punto de la provincia en parada obligatoria y el Camino invita a los peregrinos a detenerse para aclarar el alma, esencia de una ruta donde lo importante no es llegar, sino encontrarse con uno mismo.