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La historia paralela de la familia Rodríguez, abuelo y bisabuelo, del expresidente Zapatero

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Documentos del archivo de Pola de Gordón. / Inés Santos

  • El cronista de Pola de Gordón, localidad donde se asentaron los ascendentes de José Luis Rodríguez Zapatero, asegura que su bisabuelo no murió en la Guerra de Cuba ni su abuelo, el Capitán Lozano, fue asesinado por defender la República

¿Leyenda o realidad? Hay veces que la historia, que siempre suele quedar escrita por los vencedores, arroja sombras sobre hechos que solo las crónicas y archivos pueden dar luz.

Este es el caso de la familia del ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuya trayectoria ha tratado de esclarecer y buscar la verdad el cronista oficial de Pola, localidad donde se asentaron.

La trayectoria del bisabuelo de Zapatero, del que muchas historias hablan sobre su muerte en la Guerra de Cuba, no parece del todo clara. El cronista de Pola de Gordón, localidad donde se asentó la familia Rodríguez en el siglo XX, cree que se escribieron sus biografías «a su aire, más de dos o tres coinciden en que era teniente de infantería, eso es verdad, pero que había muerto en la Guerra de Cuba a mi no me cuadraba»

Agustín Quiñones quiso investigar y fue más allá, visitó el Boletín Oficial del Ejército en Madrid, el que según él desmiente todo esta historia. «Encontré cuando regresa a España, antes del Desastre del 98, en qué barco vino y en qué puerto desembarcó, vivo y coleando».

El bisabuelo llegó a España enfermo, como lo hicieron el resto de los sobrevivientes de Cuba, y este fue el final de su vida:

«Este señor murió en Villanueva del Terrible, en la provincia de Córdoba, donde habían ido parte de la familia a trabajar por unas minas de carbón descubiertas». Tras una serie de problemas el familiar de Zapatero murió.

¿Franquista o republicano?

Una vez fallecido, la familia se desplazó a La Pola de Gordón, donde consiguieron unas parcelas en Vega y tuvieron unas minas hasta los años 50.

El capitán Juan Rodríguez Lozano, abuelo del ex presidente, también presenta contradicciones sobre su lucha antifranquista.

El cronista asegura que «el abuelo era de los dos sitios». Según la Ley Azaña, cuando se crea el ejército de la república se exigió jurar la república o volverse a casa. «La historia casi siempre se dirige por el estómago y una cuarta más abajo, por lo que eligió quedarse en el ejército y la república».

Un compañero del capitán Lozano, hijo del primer alcalde de la república en Pola y que escogió irse a las guardias de asalto, siguió una vida paralela al abuelo de Zapatero y acabaron juntos en León cuando estalló la guerra.

«Este dice que lo cogieron porque debía estar como mediador entre los insurreccionados y los otros», explica Agustín Quiñones para atestiguar el prendimiento de Rodríguez Lozano.

Acciones a las órdenes de Franco

Las lagunas históricas y las leyendas son abundantes en este aspecto, por ello el cronista se afana en arrojar luz a los orígenes políticos del ascendente de Zapatero.

El capitán participó en la Revolución de Asturias a las órdenes del General Lafuente, para sofocar la rebelión asturiana, e indirectamente lo hizo a las órdenes de Franco. «Es curioso que las únicas acciones en las que participó por aquí fueran con el ejército a las órdenes de Franco», constata el historiador.

Agustín Quiñones es crítico con aquellos que aseguran sentirse antifranquistas desde el principio de la guerra y recuerda que Sanjurjo o Mola fueron los Primus Inter Pares del alzamiento, pero Franco consiguió alcanzar el poder tras una serie de acontecimientos.

«Cuando dicen que Franco era tonto eso no se lo cree ni el que lo pone. Era un gallego listo, listo, listo, de los de ‘subes o bajas’. No hay que ser ningún lumbrera para darse cuenta de que un tonto no está 40 años en el poder», ironiza Quiñones.

Una vez más las dudas parecen apoderarse del pasado. Una época oscura y trágica en España de la que queda mucho por aclarar y aprender para evitar que los errores del pasado vuelvan a nuestros días, al fin y al cabo, ese es el objetivo fundamental de la historia.