La sopa de truchas y los GRANDES sabores del recuerdo

La sopa de truchas es uno de los platos tradicionales de la gastronomía de la provincia de León y no falta en las cocinas de los restaurantes, sobre todo en la zona del Órbigo | Así se hacen

I. Santos
I. SANTOS

La sopa de truchas es uno de los platos tradicionales de la gastronomía de la provincia de León y no falta en las cocinas de los restaurantes, sobre todo en la zona del Órbigo. Es ahí donde Visi Alonso probó por primera vez este plato.

El recuerdo de toda la familia unida en la mesa en Hospital de Órbigo es posiblemente la razón por la cual esta leonesa, natural de San Millán de los Caballeros, le tiene tanto cariño a la sopa de truchas. Un día para celebrar en el que sus padres le llevaron junto a sus cuatro hermanos a la localidad leonesa del Órbigo. Ahora no recuerda lo que celebraron, pero si el sabor de la primera vez que degustó la sopa de truchas. Fue días después cuando la curiosidad y el gusto por la cocina despertaron en ella y le llevaron a preparar con su madre este tradicional plato.

«Al final en la cocina todo es probar y buscar los sabores que más te gustan». Y así es como fue añadiendo y quitando ingredientes para llegar al plato que hoy prepara en su casa. En su familia el picante es algo que nunca puede faltar en la mesa ya que le da «alegría» a las comidas, por ello las guindillas son uno de los ingredientes que no se pueden sustituir.

La receta

En una cazuela se coloca un chorrito de aceite de oliva y posteriormente el pimiento rojo y verde y la cebolla troceados para sofreírlos, en esta cazuela se añaden las truchas, bien troceadas o enteras. A su vez, en un cazo se calienta agua.

Mientras en el mortero se machacan los dientes de ajo y la sal, cuando esté hecha una pasta se añade el pimentón y un chorrito de aceite. Se mezcla creando una pasta homogénea y se añade el agua hirviendo. Esta mezcla se añade a la cazuela donde se encuentran las truchas y se vierte el resto del agua. Se añade perejil y guindilla al gusto para dar un sabor más picante al plato antes de que finalice la cocción de las truchas.

En una cazuela de barro se coloca el pan, cortado en finas rebanadas. Tras unos 10 ó 15 minutos, cuando la trucha ya esté cocida se extraen del caldo y se colocan con cuidado sobre el pan. Con una caceta se vierte el caldo de la cazuela sobre el pan y las truchas.

Cuando se casó su suegro era un gran aficionado a la pesca y cada vez que traían unas truchas, la familia se reunía a la mesa, aunque en esta ocasión eran la compañía de su marido y sus hijos los que sustituían a sus padres y hermanos.

La pasión por la cocina siguió en aumento y son numerosos los libros de recetas que posee, aunque reconoce que «ahora con Internet miro muchas cosas en el móvil». Y así, día tras día sigue sorprendiendo en la mesa con nuevas recetas, con las que primero disfruta en la cocina y luego en el comedor con la familia.

Las sopas de truchas son uno de esos platos en los que el día se convierte en algo especial, ya que a ella le inundan los recuerdos de quien le enseñó y transmitió el gusto por la cocina.

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