Vinos de buena cuna

Bodegas Familiares Matarromera presenta cuatro marcas de Emina Ribera, en la nueva cata de El Norte

Teresa Muñoz, Veronica Pareja y Borja Garrido, en la cata de El Norte de Castilla en el hotel AC Palacio Santa Ana. /G. Villamil
Teresa Muñoz, Veronica Pareja y Borja Garrido, en la cata de El Norte de Castilla en el hotel AC Palacio Santa Ana. / G. Villamil
Nieves Caballero
NIEVES CABALLERO

Hubo sorpresas de la mano de Bodegas Familiares Matarromera en la primera cata organizada por El Norte de Castilla tras la vendimia. La cata que se celebró en el hotel AC Palacio de Santa Ana de Valladolid, permitió a los invitados del Club de Catas del diario decano de la prensa nacional probar cuatro vinos de la bodega Emina Ribera del Duero. Fue su enóloga, la cordobesa Verónica Pareja, la encargada de explicar las bondades de Emina Pasión 2016, Emina Crianza 2014, Emina Reserva 2012 y Emina Atio 2006. Pero antes, Teresa Muñoz, del departamento de Comunicación y Marquéting, recordó que emina era la medida del vino que tenían destinado los monjes del cercano monasterio de Santa María de Valbuena y que equivalía a 250 mililitros.

Esta bodega se encuentra precisamente en la conocida como milla de oro de la Ribera del Duero, ese triángulo prodigioso formado por los municipios de Valbuena de Duero, Pesquera de Duero y Peñafiel. «Los monjes benedictinos plantaron cepas en Valbuena de Duero traídas de Francia en el siglo XII», añadió.

Precisamente, la bodega Emina Ribera del Duero es el principal núcleo de enoturismo de las Bodegas Familiares Matarromera. Cuenta con un museo y un centro de interpretación del vino, un jardín de variedades, el restaurante de cocina tradicional La Espadaña y una casa rural, tal como detalló después la nueva responsable de Enoturismo, Chelo Miñana, quien animó a los invitados a visitar la bodega.

La enóloga Verónica Pareja inició la cata con una primicia: Emina Pasión 2016, un vino que saldrá al mercado en las próximas semanas y que ha renunciado a dos meses de barrica respecto a la añada anterior, lo que significa que solo se cría durante cuatro meses en madera, con el objetivo de que mantenga la mayor carga frutal posible. De este vino se elaboran entre 120.000 y 150.000 botellas. A la vista ofrece una capa media, es limpio y brillante; en nariz y en boca regala toda la fruta roja de la variedad tempranillo con ligeros toques de vainilla.

Emina Crianza 2014 tiene tonos rojos más oscuros y capa más alta. En la nariz aparecen los aromas a fruta compotada y toques de cedro, especiados, clavo y pimienta. Presenta más estructura en boca tras una entrada suave y sedosa. De este vino se elaboran unas 225.000 botellas. Emina Reserva 2012 solo se produce con las uvas de las mejores añadas y no suele superar las 15.000 botellas. La crianza es de 16 meses en barricas de roble francés nuevas y se redondea durante 20 meses como mínimo en botella. En este caso, vuelve a aumentar la capa aunque mantiene un color muy vivo.

La cata concluyó con Emina Atio 2006, que se elabora con los racimos del Pago del Horno, situado a más de 900 metros de altitud. La enóloga subrayó que «es uno de los pagos de Matarromera en el que las uvas tienen más color y antocianos porque los hollejos son muy gruesos». Con 18 meses de barrica, solo se producen 5.000 botellas de este gran vino que ha cumplido once años.

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