León sigue siendo la provincia que menos espectáculos taurinos celebra de Castilla y León

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Castilla y León celebra ahora casi la mitad de corridas y novilladas que hace diez años, mientras que los espectáculos populares comienzan a recuperarse

ICAL

Los toros, en Castilla y León, son cosa de dos: Salamanca y Valladolid. Ambas provincias concentran más la mitad de los eventos taurinos que se celebran en Castilla y León, aunque con un perfil bien diferente: mientras las localidades charras apuestan por espectáculos mayores, como corridas de toros y novilladas, principalmente, con 92 espectáculos el año pasado; los pueblos vallisoletanos optan por los espectáculos populares, principalmente encierros, que llegan a los 674, según los datos recogidos por la Agencia Ical.

Ambas provincias suman 1.200 de los 2.250 espectáculos taurinos celebrados el año pasado en la Comunidad y, si a esta relación se le une la comarca segoviana de Cuéllar, se puede decir que más de tres de cada cuatro festejos de este tipo (el 70 por ciento) se celebran en estas zonas. Castilla y León es la segunda comunidad española con mayor número de espectáculos taurinos, sólo por detrás de la Comunidad Valenciana.

Salamanca y Valladolid son también las provincias donde el sector ha aguantado mejor la crisis económica que se ha traducido en una reducción generalizada del número de espectáculos. Entre 2006 y 2016 se ha caído casi un quinto de los eventos que se organizaban en la Comunidad (un 18,4 por ciento), mientras que en Valladolid esa reducción sólo ha sido del 7,7 por ciento y en Salamanca, del 16,5. Hay otra provincia donde la reducción ha sido aún mejor, Palencia, si bien el número total de celebraciones que se contabilizan en este territorio es muy inferior, apenas 79 el año pasado, dos menos que hace diez.

Otras provincias, con reconocida tradición taurina, han soportado peor la falta de recursos de los años de la crisis y, como en el caso de Ávila, han visto desaparecer casi un tercio de sus espectáculos (pasan de 317 a 216 en diez años) mientra que Segovia y Zamora también han perdido uno de cada cuatro eventos de este tipo en la última década. También ha sido importante la caída experimentada en Burgos, superior al 30 por ciento, con lo que se ha roto la barrera del centenar de celebraciones en un año. En León, la presencia de espectáculos taurinos casi es testimonial (apenas 28 espectáculos, frente a los 34 de 2006) y también se ha resentido.

Si todo el sector está en crisis, ésta se acentúa más en el caso de los festejos mayores, que se han reducido casi a la mitad: 359 lidias se produjeron el año pasado en las nueve provincias, frente a las 624 que se celebraron en 2006, en plena época de bonanza, lo que supone un 42 por ciento menos. Ese tipo de espectáculos cae en todas las provincias, aunque en este caso es Vallladolid quien más lo acusa hasta el punto de perder dos tercios de este tipo de corridas en diez años. Si en 2006 se celebraban 86, ahora apenas llegan a los 27, concentrados en la capital, principalmente. De la reducción no se salva ni siquiera Salamanca que, pese a contar con el 90 por ciento de las ganaderías de toro bravo de Castilla y León y alrededor de un 15 por ciento a nivel nacional, experimenta una caída del 22 por ciento (de 119 a 92), si bien sigue siendo la provincia con más festejos de este tipo, un cuarto de todos los que se celebran en la Comunidad. Es más: la mitad de las corridas y novilladas se concentran en la provincia charra y en Ávila. Los espectáculos mixtos son los más demandados.

El coste de las cabezas de ganado y de los profesionales, así como la necesidad de instalaciones para la realización de los eventos, suponen su organización un reto mayúsculo para muchos municipios, especialmente para los de poblaciones más reducidas.

Espectáculos populares

En cuanto a los espectáculos populares, la progresión es más esperanzadora. Pese a que se ha producido también un descenso significativo, del 11,5 por ciento, desde el año 2012 se aprecia una tendencia al alza con un crecimiento en estos cuatro años del diez por ciento. Incluso dos provincias, Palencia y León celebran ahora más eventos de este tipo que antes de la crisis y Valladolid ha conseguido mantenerse. En el caso concreto de la vallisoletana, verdadero centro de afición de estos espectáculos, cuatro de cada diez municipios de la provincia lo programan al menos una vez al año, lo que suma un total de 674 espectáculos populares el año pasado. Los encierros urbanos son los más demandados.

Pese a que la época de crisis afectó también a los acontecimientos taurinos populares, es ahora este sector el más esperanzador para los distintos operadores taurinos y se acerca de forma progresiva a niveles anteriores a la crisis. Así lo señala el empresario taurino Martín Perrino, encargado durante más de 20 años de la gestión de la plaza de toros de Arévalo, que asegura que los eventos mayores pierden cada vez más peso y los populares más prestigio. Según sostiene, la mayor causa del declive del sector es la falta de afición de las grandes empresas organizadoras, de las que opina “que están haciendo mucho daño a la fiesta”. Además, el coste de los espectáculos mayores es la causa también de este declive, ya que los festejos populares, en su gran mayoría, son gratuitos. “El festejo popular se mantiene porque la gente participa de él, y sobre todo porque no se paga”, concluye el empresario.

Pérdida de calidad

Según Perrino, los últimos tres años han sido los más duros del sector dado que la necesidad económica ha provocado que se vayan perdiendo espectáculos mayores en lugares de gran tradición como son Tordesillas y Medina del Campo, mientras que en Segovia “están muy limitados a Cuéllar”. En cuanto a los festejos populares, el mantenimiento de la celebración ha tenido como contrapartida, en ocasiones, una pérdida de calidad de las reses. “En los populares ha bajado el toro, donde antes echaban toros de ganaderías importantes ahora se opta por erales”, opina Perrino, quien destaca un encarecimiento de las reses en más de un 50 por ciento en el precio. “Hoy estamos pagando por novillo más de lo que antes pagábamos por toro”, recalca Perrino.

Ante el futuro, Martín Perrino se muestra optimista, al menos en parte. “Mientras haya críos con ilusión, se juegue a los toros en las calles y se fomente la afición, (la tauromaquia) va a seguir, ¿por qué no?”. El mayor problema lo encuentra en que la pasión por la tauromaquia no crece porque no se fomenta, y se dibuja un panorama en el que la edad del aficionado medio es bastante elevada para el mantenimiento de la tradición.

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