León siente los efectos del cambio climático: subida de temperaturas y lluvias menores y más extremas

Otoño en el Bierzo. /César Sánchez
Otoño en el Bierzo. / César Sánchez

Entre 1950 y 2017 las temperaturas anuales han aumentado 0,2 grados por década | La provincia de León ha pérdido el 16% del terreno de cultivo a causa de la sequía

BEATRIZ JIMÉNEZ

Algo pasa con el clima y con el medio ambiente cuando siguen subiendo las temperaturas en los meses más fríos y el agua no llega ni en abril, ni en otoño. El cambio climático está causando estragos que ponen en peligro a numerosas especies vegetales y animales; vacía los pantanos y afecta a los cultivos y a la ganadería en todo el planeta y también en Castilla y León.

Es más, si la tendencia se mantiene y las temperaturas siguen subiendo lo peor está todavía por llegar. “El cambio climático es uno de los retos más importantes a los que hay que enfrentarse y tratar de solucionar”, y aunque hace unos años que se activaron las alarmas y todas las organizaciones nacionales e internacionales se pusieron manos a la obra, todavía hay camino por recorrer.

Las cifras están sobre la mesa e indican que ha comenzado la cuenta atrás: Las temperaturas han crecido entre 0,1 y 0,4 grados en Castilla y León en la última década; la precipitaciones han descendido nueve milímetros en este tiempo; se espera que las lluvias extremas sean cada vez más frecuentes, las zonas áridas reciban menos agua y se acentúen diferencias entre estaciones; las primaveras secas suponen ya un importante hándicap para muchos cultivos y, por ejemplo, en 40 años la cosecha en los pinares de pino piñonero se ha reducido más de un 35 por ciento. Son solo algunos datos que ponen de manifiesto que el cambio climático no es un fenómeno sólo ambiental sino de profundas consecuencias económicas y sociales.

En el caso de Castilla y León, se ha observado que el calentamiento está siendo mayor en invierno, mientras que en verano se está registrando un ligero descenso, pero con un repunte de los picos de calor.

En un estudio, José Luis Useros Fernández, académico de Número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid, recuerda que el clima permaneció “estable” durante los últimos 10.000 años y creó un escenario adecuado para el desarrollo de la especie humana. Sin embargo, hoy existen claros signos de que está cambiando. El aumento de las temperaturas llama a la preocupación si se tiene en cuenta que no debe aumentar en más de dos grados respecto a niveles preindustriales, precisa el meteorólogo Andrés Gómez.

Esta subida no es uniforme, sino que hay diferencias según las estacionales. En el caso de Castilla y León, se ha observado que el calentamiento está siendo mayor en invierno, mientras que en verano se está registrando un ligero descenso, pero con un repunte de los picos de calor”. “Tenemos inviernos cada vez más templados y veranos cada vez más variables y extremos”.

Los datos recogidos entre 1950 y 2017 demuestran que la tendencia de aumento de la temperatura anual para toda Castilla y León es de 0,2 grados por década, con un crecimiento mayor en las provincias de Salamanca y Burgos y menor en la de León.

El aumento es mayor en la temperatura máxima, con 0,3 grados por década, que en la mínima, de 0,1 grados, según los datos aportados por el investigador Sergio Vicente Serrano, del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC, al informe del ‘Comité Clivar’ sobre el clima de la Península Ibérica, que concluyó cambios para la temperatura máxima de 0,37 grados por década en verano y 0,43 grados por década en primavera; mientras que para la temperatura mínima estaría en 0,34 grados por década en verano y 0,41 grados para primavera. En el caso de la precipitación, los cambios son más difíciles de cuantificar, debido a la gran variabilidad, sin embargo, se observa una tendencia generalizada hacia la disminución.

Quinto informe del IPCC

Para poder entender este calentamiento global y sus efectos, el profesor de la Universidad de Salamanca Moisés Egido Manzano incide en la importancia de tener en cuenta al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que nació en 1988. Desde entonces, han elaborado cinco informes de evaluación y en este momento trabajan en el ‘Sexto’, cuya fecha prevista de presentación será en 2022.

Egido explica que el ‘Quinto Informe’ puso su acento en la evaluación de los aspectos socioeconómicos del cambio climático y en sus implicaciones para el desarrollo y la gestión de los riesgos, así como en la necesidad de arbitrar respuestas de adaptación y mitigación. Entre sus conclusiones destacó que “cada una de las tres últimas décadas fue más caliente que las anteriores”, con una subida “probable” de la temperatura de 0,85 grados de 1880 a 2012.

En el caso de que no se adopten medidas de mitigaciónde emisoines, «la temperatura aumentará en 2100 entre 3,7 y 4,8 grados »

El impacto del cambio es tal que, según las conclusiones de los expertos, algunos hábitats “únicos” afrontan un enorme peligro si la temperatura media sube un grado. De alcanzarse los dos grados, los ecosistemas más perjudicados serán los arrecifes de corales y el Ártico, indica Andrés Gómez.

En el horizonte de 2100, si no se adoptan las medidas oportunas, “millones de personas serán víctimas de inundaciones costeras y se verán obligadas a abandonar sus hogares”. Asimismo, las disponibilidad de agua y su calidad se verán seriamente amenazadas por los cambios en los patrones pluviométricos. “Por cada grado que se eleve la temperatura, disminuirá al menos un 20 por ciento la cantidad de agua”.

Cambio compartido

Al buscar la causa de esa aceleración de variaciones en las temperaturas, se encontró una relación directa entre el calentamiento global y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. En Castilla y León, desde que alcanzaron su máximo histórico en 2004, estas emisiones comenzaron a descender hasta lograr en 2008 cumplir con el objetivo establecido para España en el Protocolo de Kioto.

Si bien, éste implicaba un permiso para incrementar las emisiones un 15 por ciento sobre las registradas en el año 1990 y no una disminución. Ya en 2009, Castilla y León no sólo alcanzó el objetivo español, sino que redujo las emisiones sobre las registradas en 1990 en unos 35 millones de toneladas.

El informe resalta que sólo un gran cambio institucional y tecnológico proporcionará una oportunidad para que el calentamiento global no supere los dos grados centígrados en la superficie del planeta, el límite sugerido para los científicos a partir del cual “se podrían producir daños irreversibles para la humanidad”, datos en los que también coincide el meteorólogo Andrés Gómez. De hecho, se estima que las emisiones de CO2 se duplicarán e incluso triplicarán en 2050 en comparación con los niveles de 2010.

Se necesitarán recortes de emisiones sustanciales y sostenidos en las próximas décadas, del 40 al 70 por ciento entre 2010 y 2050, para reducirlas casi a cero en 2100. En el caso de que no se adopten medidas de mitigación, “la temperatura aumentará en 2100 entre 3,7 y 4,8 grados”.

La sequía y sus impactos

Uno de los impactos que ya se ha hecho notar son los cambios en el ciclo del agua. Se espera que las precipitaciones extremas sean frecuentes, las zonas áridas recibirán menos lluvias y se acentúen diferencias entre estaciones. De hecho, las sequías, inundaciones, olas de calor y frío han adquirido un gran interés climático porque están convirtiéndose en eventos extremos, así como por sus consecuencias. Lo explica profesora de la Universidad de Salamanca Concepción Rodríguez Puebla, que precisa que, por ejemplo, es lo que ha ocurrido este año con la cosecha de cereal de invierno, cuya reducción “llegó a ser superior al 80 por ciento en Castilla y León”, o con la primavera y el verano, caracterizados por una gran escasez de lluvia y altas temperaturas.

En España, la situación ha sido similar, con 1,6 grados de temperatura por encima de los valores habituales, y con una ola de calor del 13 a 21 de junio que afectó, principalmente, al oeste de España. Las sequías repetidas fueron destructivas para los cultivos y para el abastecimiento de agua, con graves consecuencias para la vida y también para la economía.

Templanza del clima

Sara del Río, profesora del Departamento de Biología Vegetal de la Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad de León, ha estudiado, en su tesis doctoral, la variación en los principales tipos de vegetación de Castilla y León si se cumplieran los nuevos escenarios de cambio climático y para ello utilizó registros de 1961 a 1997.

Los datos registrados entre 1950 y 2017 arrojan una disminución del 11% para toda la superficie de cultivo de Castilla y León, con mayores cambios para Salamanca y León, con sendos descenso del 18 y del 16%

Su trabajó recogió que la temperatura tiende a aumentar de forma notable en invierno siendo menos importante el ascenso en primavera y contraria a lo propuesto en otros estudios, se aprecia un leve descenso de los termómetros en verano y en otoño. Este hecho determinaría que en Castilla y León se produzca una “templanza del clima”, disminuyendo así los contrastes térmicos entre invierno y verano. Esta “oceanización” en la región favorecería, según Del Río, “la expansión de los bosques caducifolios en relación con los de hojas perenne”.

Escasez de precipitaciones

Junto al incremento de la temperatura, se ha observado que las precipitaciones están disminuyendo en Castilla y León una media de nueve milímetros cada diez años, según indica el meteorólogo Andrés Gómez. También existen diferencias estacionales, con una marcada bajada en invierno y primavera.

Esas primaveras secas, como explica, “suponen ya un importante hándicap para muchos cultivos” en los últimos años. De hecho, los datos registrados entre 1950 y 2017 arrojan una disminución del 11 por ciento para toda la superficie de Castilla y León, con mayores cambios para Salamanca y León, con sendos descenso del 18 y del 16 por ciento, y menores para Palencia y Valladolid, con una disminución del cuatro por ciento.

El índice de sequía estandarizado, que combina los efectos de la precipitación y la evaporación, evidencia un cambio de un 0,2 por ciento por década para toda Castilla y León, obteniendo mayores cambios de sequía para Salamanca y Burgos, con un 0,3 por ciento por década, explica la profesora de la Usal Concepción Rodríguez,

Graves consecuencias

Desde el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, sostienen que “el impacto potencial es enorme”, con predicciones de falta de agua potable, grandes cambios en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor. “El cambio climático no es un fenómeno sólo ambiental, sino de profundas consecuencias económicas y sociales”. Apuntan que los países más pobres, que están peor preparados para enfrentar cambios rápidos, serán los que sufrirán las peores consecuencias.

Asimismo, se predice la extinción de animales y plantas, ya que los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo. Para el meteorólogo Andrés Gómez, el aumento de las temperaturas favorece la expansión de especies parasitarias en algunas zonas y provoca la pérdida progresiva de vegetación nival en zonas de montaña y en ese sentido indicó que en los últimos 40 años la cosecha en los pinares de pino piñonero se redujo en más del 35 por ciento.

Adaptación al cambio

Ante un panorama “tan poco halagüeño”, como lo define Gómez, es imprescindible tomar medidas. Los científicos tienen claro que el calentamiento continuará durante los próximos años. Incluso si se dejaran de emitir gases de efecto invernadero por completo, “no se podría frenar esa inercia”. Asumiendo ese escenario, es necesario que “el ascenso de las temperaturas sea el menor posible” y “adaptarse”. Andrés Gómez remarca que es el momento de plantearse si muchos de los cultivos tradicionales son rentables y si serán rentables en el contexto de un nuevo clima.

Además, la gestión del agua, que tenderá a ser cada vez más escasa, será otro reto clave, a lo que se suman actividades como el turismo, asociado por ejemplo a los deportes de invierno, que quizá tendrá que cambiar su enfoque y reconvertirse.

Castilla y León aprobó ya en 2009 una estrategia propia contra el cambio climático, con el horizonte puesto en 2020. Entre 2009 y 2014, se pusieron en marcha cerca de 500 actuaciones; se prestó una especial atención a la integración de la sostenibilidad ambiental y se mostraron unos resultados “en general positivos”, que se materializaron en ahorros significativos en el consumo de energía, en la mejora de la administración electrónica, en la gestión de los residuos orientada al reciclaje o en la incorporación de criterios ambientales en las licitaciones públicas. Si bien, coinciden los expertos, lo que es necesario es un esfuerzo conjunto para frenar este reto que afecta a todos.

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