«Si no fuera por los inmigrantes, estaríamos demasiado tranquilos»

José Núñez, alcalde de Fuente el Olmo de Fuentidueña / M. R.

José Núñez, alcalde de Fuente el Olmo de Fuentidueña, cuenta cómo es vivir en su pueblo sin paro y con más inmigrantes que nativos

MÓNICA RICO

En Fuente el Olmo de Fuentidueña no hay nadie en el paro. Y de ello alardea su alcalde, José Núñez, que recuerda cómo ha cambiado la vida en el municipio en los últimos años. Retrocede hasta los años 60 del siglo pasado, cuando en la localidad vivían más de 850 personas, una cifra que fue disminuyendo por la emigración de buena parte de la población a las grandes ciudades en busca de oportunidades.

Una imagen que poco tiene que ver con la actual, en la que el pueblo prácticamente sobrevive gracias a los inmigrantes, que suponen más del 50% de la población. De ellos, en torno al 90% proceden de Rumanía, mientras que prácticamente el resto llegaron desde Bulgaria. Todos ellos lo hicieron para trabajar en una empresa del sector agroalimentario, que cuenta en la localidad con una gran planta y viveros, y da empleo a cientos de personas.

El primer edil, orgulloso de que no existe desempleo en la localidad, recuerda cómo la empresa hortofrutícola se instaló en la localidad hace unos veinte años. Fue entonces cuando empezaron a llegar los primeros extranjeros, en su mayoría mujeres. Primero desde Polonia. Algunas de ellas incluso se quedaron en el municipio y se casaron con vecinos. Después comenzaron a llegar rumanos y ahora incluso uno de los bares del municipio lo gestiona una vecina llegada desde Rumanía hace ahora catorce años. En una localidad con una población muy envejecida, de entre 50 y 94 años de edad, la llegada de extranjeros ha supuesto un soplo de aire fresco en el día a día del municipio, especialmente en invierno, puesto que en verano la población asciende hasta los 400 habitantes. «La convivencia es buena», asegura el alcalde, que afirma que si no fuera por ellos «estaríamos demasiado tranquilos».

También han conseguido disminuir la media de edad en el municipio, pues casi todos los inmigrantes rondan los 40 años, aunque también hay gente que se encuentra en la veintena. Además también han aumentado el censo municipal en lo referente a menores de edad y Fuente el Olmo tiene seis niños que van al colegio a Cantalejo. Aunque no hay problemas de convivencia, Núñez es consciente de que a la mayoría les cuesta trabajo integrarse y que en los últimos ocho años ha habido episodios de delincuencia que anteriormente no ocurrían, pero en el pueblo «nos llevamos bien todos», por ello, asegura, «yo me quedo con esto, porque si no seríamos un pueblo monótono, asegura».

Los inmigrantes dan vida al pueblo especialmente los fines de semana, cuando, por unas horas, aparcan su trabajo en los viveros y disfrutan, salen, acuden a los bares y realizan sus pequeñas compras. La mayoría vive en una zona preparada por la empresa situada junto a las instalaciones, aunque algunos buscan mayor intimidad, principalmente matrimonios, por lo que han encontrado su lugar en las pocas viviendas que se alquilan en el pueblo.

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