El Río Hortega, ejemplo de reciclaje de residuos sanitarios para toda España

Control de residuos en el Río Hortega de Valladolid :: /HENAR SASTRE
Control de residuos en el Río Hortega de Valladolid :: / HENAR SASTRE

Los hospitales generan cada día más de cuatro toneladas de residuos sanitarios

ANA SANTIAGO Valladolid

Bolsas de sangre desechadas, cultivos y reservas de agentes infecciosos, filtros de diálisis, vendajes, viales de medicación, restos biológicos de cirugías, productos químicos... y esa casi infinita lista que, cada día, llena cientos de contenedores en los hospitales. Los residuos sanitarios de los quince complejos asistenciales de la comunidad suman 1.595.690 kilos al año, más de cuatro toneladas diarias y ello sin incluir los cientos de kilos de basura similar a la urbana que producen estos grandes complejos desde papel y plásticos a pintura y colchones o escombros, madera o aceite usado de las cocinas... muchos de ellos reciclables.

En los residuos sanitarios, que además aumentan con el incremento de la actividad –en un 23% desde 2014– hay una estricta regulación por seguridad de los propios profesionales y la medioambiental por la toxicidad o peligrosidad de productos químicos, medicamentos, tratamientos o simplemente agujas. En el resto, los 'asimilables a los urbanos' o los sanitarios que no requieren medidas de prevención se imponen las cuestiones ecológicas, de eficacia de la separación, según tipo de basura y reciclaje y eficiencia. Y la gestión de todos están regulados específicamente por un decreto de 1994 que establece las clasificaciones, su transporte y destino; además de algunas específicas.

Los hospitales tienen una gestión interna de estos materiales y desechos y, posteriormente, son empresas externas las que se ocupan del transporte, almacenamiento y eliminación. Y si alguno de los quince hospitales de Castilla y León sirve de ejemplo en estas cuestiones es el Río Hortega de Valladolid cuya experiencia de tres años fue puesta en marcha precisamente como demostración de estos tratamientos para el resto de centros asistenciales de toda España. Así, bajo el auspicio de un proyecto europeo, el Life Smart, cuyos socios son Sacyl, Cartif, Itene, Coinges y el RíoHortega, el objetivo fue «aumentar la capacidad de adaptación de los hospitales al cambio climático mediante el desarrollo de planes de actuación basados en mejores prácticas disponibles, formación a medida y potencial de replicabilidad de la experiencia» Y ello, en tres ejes: energía, agua y residuos, dirigidas «a reducir la huella climática del hospital y avanzar hacia la neutralidad de las emisiones de carbono». El Río Hortega finalizó el pasado mes de noviembre esta «experiencia demostradora para constituir un ejemplo real de los beneficios ambientales, operacionales y económicos obtenidos». Jesús Ángel Pérez Toribio, director de Gestión del centro vallisoletano, explica que «todos y cada uno de los tres mil trabajadores han recibido formación; pero, además, hemos llenado de carteles explicativos cada zona para que sepan en qué contenedor segregar. Esto además de proteger el medio ambiente, supone un ahorro. Es importante por todo ello».

Distribución

Así, el centro sanitario se ha convertido en una pequeña ciudad recicladora, con contenedores para usuarios y profesionales de diferentes colores y características en función del tipo de residuo y requerimientos de seguridad. Hay cubos en los pasillos junto a las máquinas de bebidas; también en las consultas para gasas, agujas o guantes usados, o en servicios como Anatomía Patológica por donde pasan cientos de muestras biológicas para su estudio y después su desecho o, por supuesto, en los bloques quirúrgicos. Desde un simple papel a citostáticos para tratamientos oncológicos. Guantes, apósitos o materiales punzantes y líquidos corporales o filtros de diálisis de pacientes portadores de sida... Cuatro grupos de clasificación, diferentes tamaños y formas de cierre y distintos colores para lograr una impecable separación de los utensilios y desechos que evite contaminación y riesgos laborales.

El grupo I aúna los residuos de la limpieza de las habitaciones, envases y bolsas vacías de fármacos, material desinfectado, cartón y papel de oficina o restos de cocina o jardín. «Lo que todos tenemos en nuestra casa y que no requiere más distinciones que las de los urbanos normales», explica Piedad del Amo, jefa de Prevención de Riesgos Laborales del Río Hortega.

El grupo II son sanitarios pero no de riesgo como el material de cura, la ropa de los profesionales, bolsas de colostomía o de sangre o equipos de goteo... pero siempre que no contengan agujas. El tipo III recoge en contenedores de diversos tamaños, según necesidades, residuos con potencial riesgo biológico. En los amarillos van agujas, bisturís... y en los negros y verdes, con o sin bolsa roja, los más peligrosos. Los restos biológicos, entre otros, van a parar a unos negros que además con un cierre definitivo –todos tienen también uno intermedio– se trasladan y eliminan con el contenedor incluido.

Finalmente, el grupo IV incluye los tipificados por normativas específicas según sean pilas, medicamentos, residuos radiológicos, restos anatómicos con 'entidad suficiente' como los procedentes de mutilaciones o los químicos... cada uno tiene su reglamento particular y su gestor externo.

Almacenes intermedios en cada planta acumulan los diferentes contenedores que luego son conducidos al edificio industrial donde se pesan, reparten y compactan en grandes máquinas para tal efecto. Un trabajo diario. Luego las empresas correspondientes las trasladan a las plantas de tratamiento.

La Junta destinará este año al servicio de recogida, transporte y eliminación de los residuos sanitarios específicos generados en los centros de Sacyl un total de 9.501.030 euros.

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