El despegue del sector fresero en Ávila

Cinco trabajadores, en pleno trabajo para recoger las fresas./R.H.
Cinco trabajadores, en pleno trabajo para recoger las fresas. / R.H.

Los viveros de la fresa comienzan a desarrollar su plantación y distribución

MARÍA FERNÁNDEZÁvila

Debido a sus condiciones agroclimáticas, Castilla y León es la primera región productora de planta madre de fresa para posterior cultivo. Según fuentes de la Junta de Castilla y León, en 2017 se plantaron 1.500 hectáreas con una producción de 700 millones de plantas en los 41 viveros productores, concentrados en las provincias de Ávila, Segovia y Valladolid.

Se estima que el volumen de negocio anual alcanza los 70 millones de euros y emplea a 6.000 personas durante la campaña de recolección. La característica anual del cultivo implica que se plante entre abril y mayo y se coseche en octubre, obteniéndose de cada planta madre entre 20 y 40 plantas hijas, exportadas principalmente a Huelva, Marruecos, Túnez y Argelia para su trasplante. De este modo, dan fruto en la cosecha de febrero a junio.

En Ávila, la superficie de planta madre de fresa plantada ha sido de 600 hectáreas, repartidas entre los 14 viveros con presencia en la provincia. La mayoría de ellos destinan sus cultivos a Huelva. Ávila cuenta con viveros de las principales cooperativas freseras, como son Santa María de la Rabida, Grufesa, Cuna de Platero, Marifrancis, Vivero Surexport Compañía Agraria, Nuestra Señora de la Bella, Coophuelva, Frespalos, Viveros Niharra, Gardisancho, Laguna de Niharra, Cartayfres y Condado de Huelva.

Variedades tempranas

En términos económicos, se calcula que los costes previos al procesado son de 25.000 euros por hectárea (se incluye el coste de la desinfección del suelo y compra de la planta reproductora); el procesado de plantas y royalties supone un coste de hasta 20.000 euros por hectárea.

Sólo en Cabezas de Alambre, donde se encuentran ubicados dos viveros dependientes de Huelva (Grufesa y Cuna de Platero) conforman 49,09 hectáreas destinadas a la producción de plantones y 9,33 hectáreas destinadas a la producción de fruto, en superficie de cultivo bajo plástico. En Cabezas de Alambre se llevan a cabo los trabajos de recolección, selección y preparación de las plantas de variedades tempranas. Posteriormente se plantan en los campos de destino. En la primera fase de la cadena de producción de la fresa, el tiempo de floración toma aproximadamente un mes. Tras una supervisión de calidad por parte de los técnicos de los viveros, se recolectan y preparan las mejores plantas para ser transportadas a Huelva. Unas horas después de su recolección son sembradas y atendidas para crecer en las condiciones óptimas.

Hace más de 30 años que en el vivero Cuna de Platero cultivan plantones en Cabezas de Alambre para más tarde ser trasplantados a Huelva; el vivero de Grufesa lleva a cabo la misma hazaña desde hace 17 años.

Como pioneros, Cuna de Platero logró la satisfacción de los clientes con una producción de entre 25.000 y 30.000 toneladas de fresa a repartir entre España, Francia, Italia y Austria. Juan Báñez, responsable del vivero, asegura que el suelo abulense reúne las condiciones necesarias para la plantación: es arenoso, drena bien y no encharca.

Por su parte, en Grufesa han plantado a modo de experimento dos hectáreas de fresas, que suman a las 50 dedicadas a plantones. El objetivo es abastecer los mercados con el producto a lo largo de todo el año.

Roberto Gómez ha sido el responsable del vivero Grufesa en Ávila desde 2011. Llevan más de 15 años instalados en la provincia abulense, con infraestructuras propias y una inversión considerable, con intención de mantenerse en un futuro.

Sin embargo, éste año no se han conformado con proseguir la tradición sino que han apostado por plantar dos hectáreas de fruta, abordando toda la producción de la fresa; por el momento, consideran que la prueba «está saliendo bien».

Se eligió Ávila para el experimento porque ya existía una infraestructura y unos terrenos, . Gómez admite que el producto no es «tan bonito y uniforme como en Huelva», pero el sabor de la fresa es «muy bueno». La plantilla de Grufesa está formada por cerca de 400 personas trabajando en el almacén; el negocio se abastece de personal de Peñaranda, Medina del Campo, Arévalo, Segovia y Moraña en general. Dependiendo de la época o fase en que se encuentre la producción, el personal desciende hasta los 40 o 50 miembros. Al margen de la plantilla propiamente dicha, el vivero genera riqueza en los municipios adyacentes a su ubicación a través del alquiler de vehículos, parcelas, tractores, autónomos auxiliares con plataformas y todo lo que la producción trae consigo.

Con el proyecto de plantación de la fruta, se ha multiplicado casi por dos la plantilla, implantándose una cuadrilla en el vivero de los plantones y otra en el de la fruta. Así, se mantiene «la vida» en Cabezas de Alambre, al igual que cierto nivel para los 200 habitantes que perciben los beneficios de la actividad incluso en los meses de invierno, cuando la mayoría de las zonas rurales de Ávila quedan prácticamente despobladas en comparación con el verano.

Falta de mano de obra

En ciertas fases de producción de los plantones y las fresas, las cooperativas freseras perciben un descenso de la demanda de empleo. El director de Cuna de Platero asegura que cuesta encontrar gente en el periodo de marzo a octubre, lo que supone un problema porque constituye uno de los picos altos de la temporada.

Aunque aseguran que el convenio laboral es más favorable en Ávila que en zonas tradicionalmente freseras, como Huelva, resulta complicado encontrar mano de obra dispuesta a realizar según qué tareas.

«Los años anteriores había tanta mano de obra como necesitábamos», asegura Roberto Gómez, desde Grufesa. «Ahora los que venían a trabajar aquí, han encontrado empleo en otros sitios». El responsable del vivero opina que al haber más «movimiento» en el panorama laboral a nivel nacional, las condiciones de trabajo de los viveros son menos atractivas para los jornaleros.

Si los plantones dan problemas a la hora de encontrar mano de obra, la dificultad se agrava en el caso de la recolección de la fresa. «La fresa es un reloj que hay que atender cada tres días», explica Gómez. «Empiezas a las cinco de la mañana en el campo, que es más duro que una nave».

En Segovia y Niharra, zonas freseras como Cabezas de Alambre, también se ha comenzado a plantar la fresa y desarrollarla al completo; si el «experimento» sale bien, el sector agrícola fresero en Ávila se diversificará, manteniendo los dos tipos de producción y asegurando la popular fruta roja en los supermercados durante todo el año.

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