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Demetrio Madrid.
Demetrio Madrid. / J. L. Leal

Demetrio Madrid: «Lo que hizo Aznar en la oposición cuando dimití retrató al personaje»

  • El político zamorano reflexiona sobre las circunstancias que envolvieron su decisión de dimitir como presidente de la Junta y analiza la situación actual del PSOE

En una época en la que dimitir no es un verbo que se conjugue ni con facilidad ni con frecuencia, el que fue primer presidente de la Junta de Castilla y León recuerda de forma vívida algunos de los momentos que le hicieron pasar a la historia de la Comunidad, entre otros motivos, por asumir responsabilidades de un modo que le ha granjeado el respeto de propios y de extraños. Como suele hacer en sus declaraciones públicas, Demetrio Madrid (Villaralbo, Zamora, 1936) comenta sin complejos y de forma descarnada, en esta entrevista concedida a la agencia Ical, algunos de sus recuerdos de hace tres décadas, parte de ellos marcados en la noche del 29 de octubre de 1986, cuando renunció a la Presidencia del Ejecutivo autonómico por motivos estrictamente personales.

-¿Qué ve al mirar hacia atrás, con treinta años de perspectiva?

-Tengo que pensarlo porque la acumulación de sensaciones te puede bloquear. Cuando hago una recapitulación y trato de pasar a limpio sentimientos, andaduras y compromisos públicos tengo una sensación muy positiva, aunque ha habido momentos muy duros en la vida pública, hasta el punto de que trastocan todos los proyectos personales y familiares y, sin poner en duda la necesidad de seguir luchando, entra una situación de cierta parálisis. En términos generales, da igual treinta años, veinticinco años o cincuenta, porque en algunas cosas podemos hablar de tiempos anteriores a la Transición, aunque algunos veníamos trabajando en cambiar esto.

-Usted presentó su dimisión como presidente de la Junta por un caso que no era de corrupción. ¿Cree que ese nivel de exigencia en aquella época era mayor que el de hoy?

-No. El nivel de exigencia no es una situación ambiental, sino personal. En ese caso, no solamente no era de corrupción sino que, como se demostró en todos los sitios donde se vio y se juzgó, que no había cometido ni siquiera una leve falta, sino que me había excedido en mis responsabilidades.

-¿Considera una mera pose la petición de regeneración y transparencia en la vida política actual?

-Lo que hay es una situación frente a cierto fracaso en términos de reacción personal de algunos responsables públicos. Ha habido un exceso de celo en introducir esto en los códigos de comportamiento, que siempre es una cuestión teórica, pero todo falla si las convicciones morales y éticas de los responsables públicos no funcionan. Como dice la gente sencilla, y dice bien, quien hizo la Ley hizo la trampa y siempre habrá recovecos para poder saltarse la Ley y hacer la corrupción. Es una cuestión general de educación pública, desde luego, de los cargos públicos fundamentalmente pero para que haya un corrupto tiene que haber un corruptor y de eso se habla poco.

-¿Se sintió respaldado por el Partido Socialista ante la decisión de dimitir?

-Hay que trasladarlo a aquel momento porque, si las cosas se descontextualizan, caben en el plano teórico todas las salidas. Yo habría dimitido igual. Otra cosa es si, en aquel momento, algunas personas -no el Partido, sino algunas personas del Partido- estuvieron a la altura ética, moral y solidaria. Ahí hubo comportamientos de todo tipo.

-La tendencia que hoy defienden el PP y el PSOE es seguir en el cargo hasta la apertura de un juicio oral.

-(Sonríe). Claro. Cuando yo decido dimitir porque sé que voy a ser comprometido judicialmente, le comenté al vicepresidente, Jaime González, que le dijera a Aznar, como jefe de la oposición, que iba a dimitir. Ese mismo día reuní a la Ejecutiva, de la que era el secretario general y la Junta de consejeros. Hice una rueda de prensa y, a la media hora de decirle esto, él hizo otra rueda de prensa en la que me pedía la dimisión pero en 24 horas. Eso demuestra cierta miseria, ¿no? Porque lo normal es que el jefe de la oposición, dentro del juego político, pida la dimisión. Cuando el presidente tiene la deferencia de decírselo y él exige que se haga en un plazo… No es porque me doliera, porque me dolieron algunas cosas de lo que más cerca tenía. Lo único que hace es retratar al personaje.

-¿Le afectó la presión que ejerció el entonces presidente del PP de Castilla y León?

-No tengo sensación de que eso supusiera en aquel momento ninguna presión personal porque hay que valorar a la gente según su categoría. Por suerte, yo tengo una condición y es que todavía no hay ningún personaje en la vida pública -y menos en la privada- que tenga la altura y el nivel para ser mi enemigo. Todavía no he encontrado a nadie que se lo merezca.

-Hace dos meses, Rosa Valdeón presentó su dimisión como vicepresidenta y consejera de Empleo, ¿cómo interpreta esa decisión?

-Ese asunto se ha sacado de quicio porque era lo que era y porque parece ser que dentro de su propia familia ha habido intereses por amplificar toda esta situación. De haber sido una persona privada y particular, todo habría quedado en un trámite con las correspondientes sanciones pero sin eco. Quien le ha dado eco no fue ni la oposición ni la Guardia Civil ni el camionero, sino las tremendas luchas intestinas en el Partido Popular.

-El hecho de que se valore de un modo especial que un político renuncie de forma voluntaria, ¿significa que algo va mal en nuestra sociedad?

-Hay que hacer alguna extrapolación y pensamiento previo. A la política y, en general, a la vida pública, se va voluntariamente. Los políticos, también en general, se dedican a servir a los demás y a mejorar las condiciones de vida de los demás, especialmente de los más necesitados. Pero hoy hay una campaña de desprestigio de la política y de los políticos.

-¿A qué lamenta haber renunciado por ese compromiso público?

-No lamento nada pero he renunciado a muchísimas cosas: a estar más tiempo con mis hijos y con mi mujer, a hacer viajes de placer, a tener más espacios de libertad espontánea… No sé jugar al tute y mi padre fue campeón. (Sonríe). En el terreno más material, a tener una situación económica más desahogada. Comparado con mucha gente, no está mal pero yo soy un profesional. Mucha gente dice que estas cosas van en el sueldo pero es una forma de simplificar, sin más. Le va en el sueldo al médico y al campesino aunque, cuando mira hacia el cielo y no llueve, no crece la simiente.

-El PSOE lleva todo este tiempo en la oposición en Castilla y León, ¿a qué atribuye que se haya encasquillado y que no llegue a acercarse electoralmente al PP?

-El PSOE ha hecho esfuerzos pero no todos han sido acertados. Ha habido demasiados candidatos, con poca fijeza algunos y que han utilizado la Comunidad autónoma como trampolín para otros ejercicios y otras responsabilidades. Ese es un asunto que no ha resultado conveniente y, además, estamos en una tierra en la que todavía se notan los m muchos años de control político, de políticas de corto plazo, de campanario y de caciquismo histórico. Eso se nota cuando analizas pueblo a pueblo y mesa a mesa los resultados electorales. La derecha en Castilla y León no se ha desprendido del todo de las costumbres atávicas del tiempo no democrático, por decirlo suavemente.

-El secretario general del PSCyL está visitando a las agrupaciones locales de la Comunidad en este período convulso para el Partido, ¿se apoya en usted en este momento?

-El otro día estuve hablando con él aquí. Mantengo un contacto permanente y lo he hecho con todos los secretarios generales. Yo tengo los mismos principios, ideales y anhelos que tuve desde finales de la década de 1960, cuando decidí comprometer parte de mi vida con este proyecto. Eso sigue intacto y creo que el Partido Socialista es un proyecto de felicidad para los hombres y las mujeres, aunque suene a cursilería. Me parece lógico que quien ha estado en responsabilidades y no ha salido por la puerta trasera, en el sentido de que no renunciar a sus principios, siga dando el apoyo y las sugerencias siempre que me las pidan.

-¿Qué solución tiene la crisis del Partido Socialista?

-Tiene muchas ramificaciones. Es una situación dura y debemos recuperar con fluidez y frescura nuestros proyectos políticos. El PSOE no necesita refundación alguna, que eso no va con nosotros, pero sí debe recoger a tanta gente y tan importantes hombres y mujeres que están y algunos, a lo mejor, que no están utilizados, en el buen sentido, suficientemente, porque el mayor capital histórico que ha tenido el Partido Socialista es la riqueza humana. En ningún momento, incluida la clandestinidad, la persecución, la puesta en marcha de la democracia y la Transición, desde la fundación del PSOE, se ha podido concebir España sin el Partido Socialista y eso ha calado. La mayor parte de los medios de comunicación han estado frente al PSOE y otros, orientando lo que debía hacer el Partido. En algún caso, dio la sensación de que se deseaba la destrucción del Partido aunque reconocían después que es imprescindible para la sociedad española.

-¿Usted abogó realmente por la abstención para facilitar a Rajoy que formar un gobierno?

-No. Me parecía que era muy difícil pedir a los socialistas que apoyaran a Rajoy cuando el Partido Popular había conseguido la mayoría en el caso de la formación de la Mesa del Congreso y yo, lo que decía, es que utilizara los mismos medios, con esos mismos socios, para formar Gobierno. Yo quiero que el Partido Popular esté en el Gobierno pero no con el apoyo del Partido Socialista.

-¿Hay que volver a los matices semánticos sobre la línea que separa la abstención del apoyo y del mero pragmatismo?

-No, no. La abstención es tan beligerante como el sí o el no. No podemos engañarnos y hacernos trampas al solitario. La abstención tiene un sentido político tan beligerante como el sí o el no.

-¿Habría apostado por unas terceras elecciones?

-Eso depende de quien tiene la obligación de conseguir las mayorías para gobernar. De ahí viene el sentido utilizado por el PP al decir que el PSOE es muy importante. Lo era para conseguir el apoyo pero, seis meses antes, hubo un candidato socialista frente a la negación del Rey por parte de Rajoy para intentarlo. El PP y Podemos se juntaron para impedir un gobierno de progreso. Como los socialistas somos tan responsables, ahora se nos dijo que sin nuestra abstención o apoyo no se podía y nos amenazan con el infierno de las Elecciones en Navidad.

-Es decir, que habría apostado por otras elecciones...

Es que tampoco quiero unas terceras elecciones sino que el PP consiguiera la mayoría con los más próximos.

-Pero, como se decía en el mundillo, “no sumaba”.

No sumaban porque no eran hábiles. Y ¿por qué sí para conseguir la Mesa del Congreso? Ah, pues ese asunto tendrá que aclararse algún día. En cualquier caso, yo no tengo miedo a unas elecciones. Nunca. Se que no habrían sido buenas pero estamos hablando en un plano puramente descriptivo.

-¿Cuándo habló con Pedro Sánchez por última vez?

-Hace mes y medio.

-¿Cree que todavía tiene mucho que decir en política nacional?

Es una persona de cuarenta y tantos años, que tiene un perfil bastante presentable en la sociedad española y una clara determinación. No podemos ser tan cainitas de arrinconar a personas que están en lo mejor de su vida profesional y personal. No sé si tendrá posibilidades en los próximos meses. Eso se verá. Pero lo que está claro es que no se puede hacer un cadáver. Para ser un buen enterrador lo menos que se necesitan son sepultureros, como decía León Felipe.