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El trabajo que no te saca de pobre

Alejandro camina por las instalaciones de Cáritas Burgos junto a la trabajadora social de la organización Itziar Negruelo.
Alejandro camina por las instalaciones de Cáritas Burgos junto a la trabajadora social de la organización Itziar Negruelo. / Ricardo Ordóñez
  • Un burgalés relata su experiencia como empleado a tiempo parcial y autónomo con sueldos que le impiden llegar a final de mes, por lo que requiere de una ayuda de Cáritas para comprar alimentos

Un trabajo por cuenta ajena durante 28 horas a la semana por el que cobra 645 euros y dado de alta como autónomo en limpieza por 140 euros netos. Dos empleos que no le impiden recibir una ayuda de alimentos Cáritas desde hace un año. Es una situación real a la que se enfrenta el burgalés Alejando (nombre ficticio) ante la imposibilidad de llegar a final de mes con su sueldo, pasar una pensión alimenticia de 240 euros para sus dos hijos, hacer frente a una deuda contraída con la Tesorería de la Seguridad Social y pagar 170 euros por una habitación en un piso compartido. Así que este hombre de 42 años admite sin complejos a la Agencia Ical que es un trabajador pobre. “Es lo que hay aunque me jode de corazón decirlo”, sentencia.

Su caso es uno más de los 121.213 hogares en la Comunidad que, pese a estar en el mercado laboral, cuentan con unas condiciones de precariedad que impiden mantener un proyecto de vida y alcanzar la inclusión social. No es de extrañar que cada vez más organizaciones asistenciales adviertan que la crisis económica ha traído consigo una nueva clase social, la del trabajador pobre. Cáritas, Cruz Roja Española y la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social aseguran que cada vez atienden a más trabajadores pobres que, pese a tener un contrato, el salario que perciben no es suficiente para pagar facturas o hacer la compra por lo que se ven obligados a acudir a la ayuda social para frente a los gastos mensuales.

Pero la llamada de atención no solo procede de este tipo de organizaciones ya que el Consejo Económico y Social (CES) de Castilla y León considera que el empleo generado aún es insuficiente en términos de volumen y de calidad y no se podrá hablar de salida de la crisis hasta que no exista una recuperación social. En ese sentido, el presidente del CES, Germán Barrios, mostró su preocupación sobre los denominados 'pobres invisibles', trabajadores con un salario que no les permite cubrir sus necesidades básicas. También se habla de que los empleados con sueldos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), cifrado en 655 euros mensuales, son trabajadores pobres.

Los números de Alejandro no cuadran, se mire por donde se mire, y la cosa puede empeorar porque en 2017 finaliza el periodo de carencia hipotecaria de la vivienda donde reside su ex mujer y sus hijos. Pero este burgalés asegura que, después de muchos reveses en la vida y preocupaciones que le han deteriorado su salud hasta ser diabético, piensa en el “día a día” y se deja llevar al comentar que “ya me apañaré”. Su única obsesión, confiesa, es que sus hijos de 13 y 6 años estén bien atendidos y cuentan con la comida suficiente.

En la actualidad y gracias a la mediación de Burgos Acoge, trabaja en una empresa de limpieza con un contrato temporal de 28 horas a la semana al cubrir una baja por enfermedad por el que percibe poco más de 600 euros. “Estoy contento porque me permite pagar gastos y ayuda a hacer frente a la deuda de la Seguridad Social”, apunta. Ese sueldo lo completa con 400 euros que percibe como autónomo, aunque de esa cantidad tiene que deducir la cuota de alta que ronda los 260 euros.

Cáritas entrega a Alejandro 40 euros al mes para realizar la compra en uno de los economatos de la ONG en la capital burgalesa, a los que se suman otros 55 euros en vales para carne, pescado y fruta cuando acoge a sus hijos. Al menos, ha logrado un empleo que le ha permitido pasar página a los episodios vividos el año pasado cuando pasó varias noches en el albergue de transeúntes y acudió al comedor social de la asociación.

Una caída al abismo después de haber disfrutado de una “buena vida” sin apreturas que le llevaron a montar una empresa de limpieza en 2006 con dos empleadas y firmar en 2005 una hipoteca con una cuota mensual de cerca de mil euros para una vivienda. Allí, viven ahora su exmujer y sus hijos puesto que Alejandro cuenta con una habitación en un piso compartido del alfoz de Burgos por 170 euros.

“No me arrepiento de la vida que he llevado porque tenía un trabajo digno y siempre tenía dinero en el bolsillo. El dinero que gané fue con el sudor de mi frente y no por traficar con drogas”, sentencia. Otra cosa, precisa, es si hubiera sido conveniente haber ahorrado parte de esos ingresos.

Todo se torció en 2011

Alejandro recuerda, a la perfección, cómo su negocio funcionó bien hasta 2011 pero, de repente, la crisis se llevó por delante la mayor parte de sus clientes y “se acabó la fiesta”. Desde entonces, todo se torció en su vida y a la pérdida del trabajo se sumaron los problemas con su entonces mujer que le denunció por querer ver a sus hijos, por lo que pasó alguna noche en el calabozo de la comisaría, y la diabetes que le deterioró su salud. “Nunca pensé que iba a pasar por todo esto pero ahora toca olvidar el pasado y vivir el presente porque esta situación me ha ayudado a madurar”, lamenta este burgalés que apenas tiene familia a la que recurrir. “También han pasado lo suyo”, responde escueto.

Muchos de sus amigos estaban ligados al sector de la construcción por lo que, apunta, que están aún peor que él por los efectos de la crisis. Tanto que reconoce que les da 10 o 20 euros cuando les ve para “salir de paso “. La trabajadora social de Cáritas Burgos Itziar Negruelo confirma a Ical que hay muchas personas con empleos precarios, de poca duración, estacionales o con salarios muy bajos que solo permiten cubrir el pago de la hipoteca o el alquiler de la vivienda y algunos gastos. De ahí que la ONG vinculada a la iglesia tenga que entregarles alimentos o pagarles algún recibo de la luz o gas. En el caso de Alejandro, recibe ayuda para comprar comida por las deudas que arrastra con la Seguridad Social.

Nuestro protagonista es poco optimista con mejorar su situación actual y augura que el número de pobres con trabajo aumentará en España porque nada volverá a funcionar como antes. La Encuesta de Condiciones de Vida del INE señala que el 18,3 por ciento de la población de la Comunidad está en riesgo de padecer la pobreza, tras caer 2,1 puntos en el último año. Es decir, 452.547 personas. Además, hay 573.513 afectados por riesgo de pobreza, carencia material severa y/o baja intensidad en trabajo.

El Informe sobre Servicios Sociales de Comisiones Obreras de Castilla y León concluye que un 16 por ciento de las personas ocupadas tiene rentas inferiores al umbral de riesgo de pobreza que para una unidad de consumo con una sola persona se sitúa en 8.011 euros anuales. Un porcentaje que aumenta hasta el 48 por ciento entre los parados.