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Quique Martín el día anterior a su salida, en plaza Zorrilla
Quique Martín el día anterior a su salida, en plaza Zorrilla / Gabriel Villamil

Nueve provincias, una comunidad sobre ruedas

  • Quique Martín cumple el reto de recorrer sobre patines toda la región pese a que la minusvalía que padece le obliga a utilizar un neuroestimulador para que sus piernas se muevan

A finales de agosto este periódico recogió en sus páginas las ambiciosas intenciones de Quique Martín, vallisoletano que sufre una minusvalía por enfermedad lumbar que le ha hecho pasar por el quirófano en 20 ocasiones y le obliga a llevar un neuroestimulador en su cuerpo para suministrar el voltaje necesario a cada una de sus piernas. En su cabeza estaba hacer una ruta en patines de línea que pasara por las nueve capitales de provincia de Castilla y León. Doce días y unos 1.000 kilómetros después, los mensajes de ánimo de amigos y desconocidos y el orgullo de sus hijas se materializaron en el éxito de la constancia. El patinador sufrió por el frío y el calor, los grandes puertos y las carreteras sin arcén pero finalmente lo consiguió. Como si de un pequeño viaje se tratase, Quique, no contento con realizar su hazaña, se enfundó de nuevo los patines el día de llegada para dar un paseo por su ciudad y maquinar su siguiente reto: realizar el perímetro de España sobre las ocho ruedas.

Un plan aún sin definir, pues se convierte en imprescindible la aparición de patrocinadores. «Entre dormir y comer podría suponer un desembolso económico de entre 6.000 y 8.000 euros» anunció Martín. La ruta por Castilla y León le costó al deportista 900 euros en equipamiento y casi 700 en dietas y hostales, aunque no todo salió de su bolsillo debido a la ayuda de amigos y alguna empresa. De darse el nuevo reto, su realización sería en primavera de 2017.

Se lleve a cabo o no ese rodeo a España, lo que nadie va a arrebatar a este hombre es la experiencia de la ruta ya realizada por la comunidad donde vio «paisajes muy bonitos» y cuya capital preferida fue Segovia. El ‘selfie’ con el acueducto fue el que más ilusión le hizo aunque disfrutó del monumento poco tiempo ya que la ruta no podía detenerse. Su viaje más largo fue de 101 kilómetros en un solo día. Toda una mañana dedicada a patinar por el asfalto que en su mayoría se encuentra en buen estado ya que, según Martín, «al menos el 70% de las carreteras de Castilla y León están muy bien para patinar». Y es un buen testigo de ello, pues ha tenido tramos de bajada a 70 kilómetros por hora y rutas muy rápidas como la de Burgos-Palencia a una velocidad media de 24 kilómetros por hora.

Los problemas físicos –dolores de espalda y piernas causados por su minusvalía y acrecentados por los 17 kilos de la mochila– y los psicológicos, debido a la continua soledad y la intermitente negatividad que ello conlleva no pudieron con el patinador. «Ha sido más duro de lo que esperaba pero nunca pensé en abandonar». Como el día de su partida, recordó a sus hijas. «A ellas no les gustaría que abandonase, igual que yo rechazaría que ellas dejaran los estudios» confesó.

Ejemplo para los demás

El principal objetivo de Quique es demostrar que los límites de cada uno están para superarlos. «Creo que va a valer para que mucha gente tenga un poquito menos de barrera, que no se lo piensen tanto para lanzarse a hacer algo» confesó.

Y por lo visto ha conseguido lo que pretendía porque son muchos los que han inundado los perfiles de sus redes sociales con mensajes de apoyo y de enhorabuena. Cada palabra es importante para Quique, no solo en la red, también en la vida real. «Ha habido bastante gente que cuando veían a una persona patinando por ahí se paraban y daban ánimos. Eso sube la moral», concluyó.