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La mujer reivindica su papel en el campo, representa el 28% de los activos y una cada tres nuevas incorporaciones

Natalia Álvarez, en su explotación apícola en el entorno de Boñar. / S. Santos

Ugal-UPA aplaude el creciente número de mujeres afiliadas e incide en la necesidad de facilitar su participación en todos los estamentos del mundo rural | En el Día de la Mujer Rural, Natalia Álvarez cuenta su andadura en la apicultura que empezó hace dos años en el entorno de Boñar

A. CUBILLASLeón | Boñar

La mujer ha sido, es y será parte integral del campo. Sin embargo, su protagonismo, que no su responsabilidad, se ha visto ‘oculto’ por la figura del hombre. Hasta ahora, cueando la imagen de la mujer empieza a cobrar la relevancia que se merecía en explotaciones agrícolas y ganaderas.

En la actualidad, ya son 34 las explotaciones con la titularidad compartida y las mujeres representan el 28% de los afiliados al régimen especial agrario en la provincia de León, que alcanzan en la actualidad los 7.300, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística.

Un porcentaje que se mantiene porque en los últimos cinco años han sido 237 los jóvenes que se han incorporado al campo leonés, de los que 66 son mujeres, es decir, una de cada tres son mujeres. Un colectivo que, en su mayoría, descartan como alternativa la agricultura extensiva y apuestan más por la ganadería, en sectores como la apicultura, cunicultura o la avicultura.

«Tenemos que lograr la participación de la mujer en todos los estamentos del medio rural porque todo funciona mejor cuando hay mujeres y están integradas» MATÍAS LLORENTE (UGAL-UPA)

Una tendencia al alza, según constata Matías Llorente, secretario provincial de Ugal-UPA, que entiende que el aumento de la incorporación de mujeres al campo es un paso importante. Aunque aún queda una asignatura pendiente: su participación en el resto de estamentos del medio rural, como en el marco sindical, en las cooperativas o en las administraciones locales.

De ahí la necesidad, remarca Llorente, de impulsar su participación para lograr un desarrollo del medio rural equitativo, eficaz y sostenible. “Tenemos permitir que participen las mujeres en todos los estamentos porque la realidad es que las cosas funcionan mejor cuando hay mujeres y están integradas”, sentencia Llorente.

De la hostelería al mundo apícola

Porque la realidad es que, hoy por hoy, tanto hombres como mujeres ven en el campo una salida profesional. Este es el caso de Natalia Álvarez, una joven leonesa que, guiada por la pasión de su pareja, se embarcó en él, hasta entonces, desconocido mundo de las abejas.

Reconoce que su incursión en el mundo de las abejas fue una mera cuestión del destino. Su pareja tuvo conocimiento de la venta una explotación en el entorno de Boñar y simplemente le dio un empujón. Y lo que empezó como una “carambola”, según bromea, hoy se ha convertido en una forma de vida.

“Fue un cambio de aires radical”, recuerda Natalia, que durante años compaginó el sector de la educación con la hostelería. Tanto, que aún son muchos los familiares y amigos que tachan de locura la decisión de Natalia que, sin embargo, se muestra convencido de la incursión en el campo.

“A mi familia les costó un poco porque fue un cambio radical pero poco a poco están convencidos de que ahora está es mi profesión”, señalan Natalia, que no oculta que aún son muchos los que no se han acercado a los colmenares por miedo a sufrir un picotazo de las abejas.

Algo a lo que esta joven está más que acostumbrada. Recuerda cómo, totalmente inconsciente, el primer día visitó una explotación apícola sin protección, lo que provocó que acabará con tres picaduras. Aunque, como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga. Inmediatamente se compró el traje de protección que se ha convertido en un imprescindible en su día a día.

Protección que si bien, sonríe, no la exime de sufrir alguna picadura. “El primer día me picaron tres y a partir de ese día empecé a venir con el atuendo adecuado aunque aun así te pica. Cada trabajo tiene un riesgo pero al final piensas que las toxinas de las abejas son beneficiosas para el organismo y parece que duele menos”, bromea Natalia.

Las dos caras del campo

Dos años después, Natalia se ha convertido en una experta sobre el mundo apícola, que le ha despertado una pasión que, para el que no entiende, podría parecer innata. Porque hoy por hoy Natalia siente verdadera admiración por sus abejas. Y eso se nota en el cariño que utiliza para referirse a ellas.

“Es bonito abrir la colmena y ver lo ordenadas que son, lo tranquilas que están mientras trabajan. Es bastante reconfortante saber que ellas están produciendo al miel con la que vas a sobrevivir”, asegura Natalia, que arrancó el año pasado con 70 colmenas, como “una primera toma de contacto”, y que en la actualidad cuenta con 300 con el objetivo de ampliar la explotación de cara a la próxima campaña.

«Cada trabajo tiene un riesgo pero al final piensas que las toxinas de las abejas son beneficiosas para el organismo y parece que las picaduras duelen menos» NATALIA ÁLVAREZ

Sin embargo, tampoco oculta la ‘cara B’ de su profesión. Los inicios nunca fueron fáciles, no sólo por la fuerte inversión iniciar que se requiere, sino por los factores externos que condicionan el campo, como la climatología que ha echado a perder más del 80% de su producción este año. “Si no llueve no habrá floración en el campo y, por tanto, no tendrán donde alimentarse”, lamenta Natalia, que reconoce que esta campaña ha sido un auténtico desastre.

A ello se suman, continúan, los enemigos invisibles de las abejas, como los pesticidas “dado que cuando la abeja está pecoreando y recolectando el polen y el néctar desconoces su destino y si se va a infectar”; o los enemigos naturales, como el ave abejaruco o el oso.

Porque nadie dijo que el campo fuera fácil; pero lo que nadie puede negar es que el campo sí es un espacio para las mujeres. Como Natalia, que no pierde la sonrisa ni tampoco la ilusión por ampliar su explotación y convertir a la apicultura en su medio de vida.

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