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Granja de desarrollo ovino AGM en Olmedo.
Granja de desarrollo ovino AGM en Olmedo. / De Miguel

La imaginación al servicio del ganado ovino

  • Alberto García Torés convierte una antigua granja de gallinas en Olmedo (Valladolid) en la primera de Europa en robotizarse, medir la huella de carbono e introducir genética y alimentación innovadoras

«No tengo ninguna experiencia ganadera y hasta hace solo 12 años trabajaba en un registro de la propiedad», resume Alberto García Torés, para tratar de demostrar que utilizando la «lógica», el constante fluir de ideas, el aprendizaje mutuo junto a veterinarios e investigadores con los que ha trabajado, y el jugar a «prueba y error» se puede conseguir estar a la cabeza de Europa en proyectos de I+D+i en el sector lácteo. Tras la inesperada muerte de su padre, de contar con una antigua explotación de gallinas pasó a crear la granja denominada AGM de desarrollo ovino en Olmedo (Valladolid) y se metió de lleno en una actividad reacia a los cambios para ser competitiva.

«Se trata de un sector atomizado y un poco primitivo en el que no hay nada hecho, pero después de darte muchos golpes compruebas que con innovación se puede sacar un producto mucho mejor. Aquí se rompe el tópico de que los ganaderos repiten curso por no hacer bien los deberes», tal y como expone a Ical. Con tesón, esfuerzo y mucha imaginación ha demostrado que para crecer son claves las mejoras genéticas en los lechazos que cría, la alimentación natural con plantas aromáticas y medicinales y subproductos agroalimentarios, la robotización y domotización de la granja, el análisis de costes de producción o el control de la huella de carbono para contaminar lo mínimo.

En su cabeza, que obtiene las mejores ideas cuando trata «de conciliar el sueño», según dice sonriendo García Torés, siguen surgiendo proyectos aún en ciernes como producir carne rica en Omega 3 y Omega 6 envasada para salir directamente al mercado, crear una quesería artesanal con productos innovadores y elaborar cosméticos naturales a partir de la leche ordeñada en la granja.

Consciente de su inexperiencia inicial, ahora se congratula de haber logrado en poco tiempo que la antigua explotación avícola familiar críe lechazos de la raza de origen israelí Assaf -mejorada tras cruzarse con razas autóctonas de Castilla y León- y que se haya convertido en la primera en lograr producir leche rica en Omega 6, de gran calidad y demanda. Al final de 2016, con 2.000 animales disponibles en la explotación -de entre seis y ocho años de vida útil- se conseguirán en torno 600.000 litros, con una previsión de un millón al concluir 2017.

Un 95 por ciento de la leche de oveja tiene como destino el mercado exterior, sobre todo Italia y Portugal para hacer quesos artesanales, y un diez por ciento va para Castilla y León en este mismo ámbito. AGM es en suma una empresa del sector primario dedicada en una explotación de ganadería extensiva a la cría y venta de leche, lechazos y genética de ovino, exportando sementales y reproductoras a Francia, Italia, Grecia, Turquía, Rumanía y Bulgaría, Túnez y Oriente Medio. Las ovejas, una vez que cesan su labor productiva y reproductiva en Olmedo, van al matadero y la carne se destina al mercado turco para elaborar las masas de 'kebab' de cordero.

Exportar y producir todo el año

El propietario de la granja AGM sostiene que el sector ovino no es muy dado a exportar y que el secreto de su éxito radica en haber logrado producir leche todo el año cuando el resto no lo hace. «Hemos podido desestacionalizar el rebaño y, cuando todas las explotaciones están en su pico producción de febrero a mayo, en nuestra explotación se produce el 35 por ciento de la leche, y a partir de junio un 65 por ciento», relata. Este hecho permite ganar en competitividad por que cada vez hay más demanda láctea en el mercado exterior. «En España esto no ocurre al producirse todo en unos meses, lo que hace bajar el precio y que los ganaderos pierdan dinero. Al lograr contar con producto todo el año cuando nadie lo tiene se puede fijar el precio con más facilidad», indica.

La explotación ovina cuenta con cinco trabajadores a jornada completa y otro más a media jornada. «Todos son búlgaros que vinieron sin conocer el idioma, salvo una mujer española», dice, al tiempo que recuerda que no contaban con experiencia previa, se han formado y adaptado a las tareas ganaderas y a la vida cotidiana de la comarca de Olmedo sin ningún problema. También lo han hecho a las nuevas tecnologías, controlando de forma informatizada los dos ordeños diarios, su duración y número de ovejas ordeñadas, de las que se obtiene una media de 500 litros de leche por cada una al año.

Robotización y huella de carbono

El reciente proceso de robotización y domotización de la explotación permitirá en breve controlar las ventanas y cubiertas -para abrirlas y cerrarlas- y ya lo hace con los ventiladores y las sondas que mediante 9.000 metros de cable logran que la temperatura ideal se sitúe entre 26 y 28 grados en 10.000 metros cuadrados de naves, además de medir el nivel de humedad y la existencia de amoniaco procedente de las heces o la orina de los animales, ya que en altas proporciones perjudica la producción láctea. «Ninguna granja hace esto, lo que nos convierte en pioneros al medir y contrastar diversas variables que permiten a las ovejas encontrarse bien y producir más leche», significa.

La última de las innovaciones llevadas a cabo se basa en haber sido la primera granja en medir su huella de carbono para conocer lo que contamina. «Una investigadora que trabajó siete meses con nosotros acaba de presentar su proyecto de fin de carrera en la Facultad de Ciencias Agrarias y Ambientales de la Universidad de Salamanca. Este estudio demuestra que una persona humana, un trabajador de la granja como ejemplo, contamina como 9,16 ovejas nuestras, y que generamos la misma contaminación que un pueblo de 112 habitantes con nuestros 2.000 animales», señala el granjero.

Para obtener conclusiones medioambientales se han medido, entre otros aspectos, las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero que generan el consumo de energía, la alimentación animal, la gestión del estiércol y la fermentación entérica. Otra de las buenas prácticas responde a la reciente incorporación alrededor de las naves de plantas aromáticas para formar una cortina biológica y, como se riegan los techos para lograr que se enfríe la cubierta, el agua sobrante cae encima de lo plantado a modo de riego.

«Así se reutiliza el agua y, además, una vez que se empiece a formar una buena masa vegetal, se evitará la entrada de mosquitos de forma natural en la explotación sin tener que utilizar insecticidas. Los factores ambientales influyen mucho y si los animales están bien enferman menos, se utilizan menos antibióticos y se reducen los residuos», afirma.

Alimentación, música y genética

Para que las ovejas sean más productivas, una buena alimentación es clave y a la base tradicional de productos naturales como la cebada, maíz, alfafa -y también recientemente semilla de colza- se añaden residuos de la industria agroalimentaria en buen estado y que pueden comer los rumiantes como bagazo de cerveza -cebada aplastada- junto a pulpa procedente de naranja, manzana y remolacha. «Esta alimentación natural logra que la leche cruda de oveja tenga un sabor y textura diferentes y sea muy rica Omega y Omega 6. Con ello, los quesos artesanos que se elaboran, ya que no trabajamos con la gran industria, permiten que desde Portugal se exporten a Estados Unidos, donde los controles de calidad son muy exigentes», arguye.

Aunque no fuera la primera granja en poner en marcha la idea -en el sector vacuno ya se hacía- en 2008 se empezó a poner música en la explotación de ovino al estar comprobado que mejoran las condiciones de lactancia y reproducción. «Se trata de algo terapéutico y que puede marcar el estado de ánimo. En un proyecto que creamos se vio que mostrando fotos con feronomas de los machos y poniendo música romántica se quedaban preñadas el 80 por ciento de las hembras», dice Alberto. A su vez, señala que antes los animales se asustaban y escondían cuando llegaban alumnos de universidades o de casas rurales en visitas guiadas a la granja. «A partir de poner música con voz, las ovejas dejaron de alterarse», relata, mientra suena en una de las naves los acordes de uno de los temas más conocidos de Alejandro Sanz.

El ganadero explica que se controla en distintos espacios a las ovejas, por un lado las de lactación divididas por su estado hormonal y a las que se realizan ecografías para ver si están preñadas, y por otro lado se añaden las que acaban de parir y se sitúan en otra ubicación para que estén más tranquilas. «Se trata de contar con un ambiente propicio y un mayor bienestar para que los animales produzcan más leche, quedando en la granja los mejores animales genéticamente hablando como reproductores, para lo cual se las hace un seguimiento y pruebas de ADN. Los cruces se producen por filiación padre-madre con mejores condiciones productivas y reproductoras», arguye.

Sostenibilidad económica

Alberto García Torés fue uno de esos jóvenes del mundo rural que decidió acogerse a un proyecto de incorporación y mejora al sector ganadero de la Junta, con una ayuda superior a 200.000 euros a reintegrar en siete años. «Es como una pequeña trampa al tratarse de poco tiempo para devolver mucho dinero que no generas al estar empezando y creciendo. Lo que hecho es suscribir pólizas e ir reinvirtiendo las subvenciones de la PAC siempre en investigación para la granja. Eso hace que este año hayamos dedicado un diez por ciento del total facturado para mejorar las instalaciones, aunque nos gustaría tener más beneficios para crecer más rápido», opina.

«Además de aprender inglés para tratar con clientes a los que exportas tus productos, en la empresa eres el gerente, el encargado, el comercial, el del I+D+i y el chico de las compras y recados», concluye el ganadero, que de los 33 a los 45 años no ha parado de innovar en el sector ovino. Por ello, no deja de acudir a jornadas de trabajo para exponer sus proyectos y ayudar a otros ganaderos a crecer. Recientemente formó parte del foro 'I+i Agroalimentaria. Nuevo modelo de investigación', organizado por la Consejería de Agricultura y Ganadería, actuando como experto en la mesa redonda titulada 'La relevancia de la investigación y la innovación en la competitividad'.