La tradición, seña de identidad de Cabañas Raras

La localidad impulsa la recuperación del antiguo pendón de la villa y de dos elementos que recuerdan su pasado agrario y ganadero: el potro de herrar y la viga de un antiguo lagar

Antiguo lagar de Cabañas Raras, después de su restauración. /César Sánchez
Antiguo lagar de Cabañas Raras, después de su restauración. / César Sánchez
D. ÁLVAREZ

El nombre del municipio berciano de Cabañas Raras remite de manera casi mística a esa época pasada en la que la fisionomía de la localidad estaba marcada por las cabañas de barro, piedra y madera con las que los pastores construían sus viviendas. Esa tradición de un pueblo “vinculado a la agricultura y la ganadería” es la que se intenta recuperar desde el Ayuntamiento con la restauración de tres elementos del pasado tradicional de la villa: su pendón que había caído en desuso desde la década de los 50 del siglo pasado, el antiguo potro en el que se herraba al ganado y la majestuosa viga de un lagar de los que se utilizaban antaño para producir vino.

Según explica el concejal de Cultura y Hacienda y exalcalde, Manuel García Marqués, las tres restauraciones tratan de “poner en valor algo que era de nuestros antepasados, de todo el pueblo”. Para ello, se recuperarán “de manera simbólica” dos de los elementos más asociados a la economía agraria de la zona, como el potro y la viga del lagar, además de su principal seña de identidad en festejos y celebraciones. “La agricultura y la ganadería fueron de lo que siempre vivió Cabañas Raras y estas acciones son muestra de la inquietud por hacer algo más”, resume.

Por su parte, el concejal de Obras, Jorge Muñoz, coincide en remarcar el “interés” de los miembros de la Corporación por “recuperar la tradición”. “Fuimos pioneros en 2004 en celebrar la ceremonia tradicional de la siega, que se sigue llevando a cabo en municipios cercanos, o en celebrar la fecha asociada al origen del pueblo y a su 'independencia' del señorío de Arganza”, recuerda y remarca que “todas las obras se han realizado a coste cero”.

La recuperación del pendón

La restauración del pendón que identifica a la villa busca recuperar uno de los estandartes más grandes de los existentes en la comarca del Bierzo. Según recuerdan los más ancianos del lugar, el pendón, que medía más de nueve metros de altura y que sólo podían sacar los hombres más fuertes del pueblo, dejó de usarse durante la década de los 50 del siglo pasado. “Cuando vino la luz, por los cables, se fue perdiendo”, explica Marqués, que recuerda que la presencia del cableado impedía el paso del estandarte por las calles de la villa.

Tras años en desuso, en los que el estandarte municipal quedó aparcado en la iglesia, “la tela se cuarteó, se perdió y nunca más se supo de ella”, explica el exregidor, que añade que, en un alarde de lo que entonces se entendía por cuidado del patrimonio, el mástil del pendón, de madera de castaño, se partió por la mitad para fabricar una escalera. “Recuerdo que mi tío, Pepe el zapatero, me contaba que cuando era joven ya existía la escalera que se hizo con la vara del pendón y que la utilizaban para coger las cerezas de la finca limítrofe a la casa del cura. Yo mismo, en una vendimia de no hace muchos años, la busqué y efectivamente, allí estaba, en un bajo de la casa parroquial”, explica el concejal de Cultura. Las dos piezas de la estructura original se volverán a unir, la madera se restaurará y se aprovechará para fabricar con ella una pendoneta, más corta que el estandarte original, que se podrá usar para misas menores.

Además, los servicios del Consistorio encargaron al artesano local José Pérez Puerto que fabricase una réplica exacta del original, con madera de pino, a la que se ha añadido un grabado con el nombre del pueblo y el de su patrona, Santa Ana. El estandarte se podrá coronar, en su parte superior, bien con la tradicional cruz o bien con una talla en forma de casa fabricada para la ocasión, con la que evitar el carácter religioso de la insignia en las ocasiones en que ésta desfile en nombre del Ayuntamiento, como las ceremonias civiles o los desfiles de pendones. La talla escogida es resultado de la fusión de los dos elementos que forman parte del escudo del municipio: la palloza y el árbol.

En cuanto a los colores del pendón, Marqués asegura estar seguro “al 99 por ciento” de que eran el verde, el morado, el carmesí y el blanco. “Algunos dicen que no era blanco, sino amarillo, pero creemos que se trata de blanco desgastado”, explica. Para documentarse sobre el asunto, los responsables municipales acudieron al Archivo Diocesano de Astorga, donde figura una referencia a la compra de una tela para el pendón, pero no se especifican los colores.

Ayudados por auténticas enciclopedias andantes, como el historiador local Aquilino Guerra o Pepe el zapatero, que año a año plasma en su Belén las tradiciones y costumbres de la zona en su particular museo etnográfico, así como por las fotografías antiguas aportadas por los más veteranos del pueblo, los responsables de la restauración están ahora a la espera de que una empresa de Zamora fabrique, en su forma tradicional, la tela con la que se completará el estandarte, que quedará instalado “probablemente” en la iglesia, explica el edil. Todo el proceso de restauración del pendón ha ido acompañado de una pequeña subvención de la Diputación de León. “Hacerlo al amparo de un organismo superior aporta legitimidad y facilita la entrada en las asociaciones de pendones, pero complica la cosa porque hay que aportar muchos datos”, explica Marqués.

El potro de herrar y el lagar

Además del estandarte municipal, el Ayuntamiento también ha puesto en marcha dos procesos de restauración en la zona del barrio de Abajo, uno de los 14 núcleos de población que integran el municipio. El área, conocida como la Poza, era el lugar donde se le daba de beber al ganado, aprovechando la existencia de una depresión que recogía el agua y en la que los más pequeños patinaban sobre hielo cundo llegaba el frío.

Junto a esta poza, se situaba la antigua casa de los Cabo, cuyo cabeza de familia, Bernardino, era el herrador y el veterinario del pueblo, oficio que continuaron sus hijos, Kiko y Vicente, artífices del “empuje” en la restauración del lagar. El hoy destartalado edificio conservaba entre sus ruinas la impresionante viga de castaño del lagar que antaño se utilizó para la producción de vino y que la familia cedió de manera gratuita al municipio para su recuperación. Pese a que la intención original era restaurar la madera en su emplazamiento original, el gran tronco, instalado sobre el huso del mecanismo, tuvo que trasladarse hasta su actual ubicación de la Poza, en un lugar visible desde el Camino Real de Carlos III, actual trazado del Camino Olvidado a Santiago.

Tras restaurar, sanear y limpiar la madera de la viga y del huso, que estaba “bastante deteriorada” según explica el artesano encargado de la restauración, los responsables del Consistorio prevén construir una estructura que sirva de cobertizo al esqueleto del lagar. “Pretendemos tapar a tres aguas, de manera que sea visible desde el Camino, que sea una especie de escaparate”, explica Marqués. El material con el que se alzarán las paredes de la estructura será el tradicional adobe, una mezcla de barro y paja, que se encargará a una empresa experta en la materia. Sobre esas paredes y para evitar que el agua eche a perder la madera de la viga, se colocará una “techumbre típica” a base de pizarra y paja, lo que recreará completamente el aspecto de las antiguas edificaciones, herederas de las tradicionales pallozas, de las que Cabañas Raras tomó su nombre.

Por su parte, el potro en el que los antepasados de los Cabo herraban al ganado de sus vecinos, que se situaba junto a esa misma antigua poza en la que hoy día se alza la viga del lagar, volverá a la vida en su emplazamiento original, “justo en el sitio donde estaba”, remarca Marqués, que recuerda que los pequeños del pueblo se subían encima del aparato para dar rienda suelta a sus fantasías de niño de camino a la escuela. La estructura original, desaparecida por el paso de los años, se recreará a partir del numeroso material gráfico en el que aparece el potro.

Para que sea “totalmente idéntico”, además, su construcción se llevará a cabo con materiales tradicionales. “Va a ser fuerte, para que quede como el original”, asegura el edil, que bromea con la posibilidad de que la moda que preconiza el regreso del arado tirado por animales de carga dote a la estructura de un improbable futuro uso, más allá del de embellecer el paisaje y atestiguar la forma de vida de los pobladores de antaño. Por su parte, Pérez Puerto recuerda que la madera con la que se fabricará el potro debe estar “bastante curada” y asegura que tuvo que desplazarse a Galicia para conseguirla. “Queremos darle un aspecto antiguo, y me hubiera dado menos trabajo hacerlo con aspecto de nuevo”, asegura el tallador.

Entre tanto, los descendientes del antiguo veterinario esperan “ansiosos” la inauguración de los dos nuevos elementos de valor etnográfico, vestigios de una época pasada para los habitantes de la localidad y, en su caso, además, algo parecido a reliquias familiares. Marqués asegura que ambas estructuras estarán terminadas de cara al verano y se fija en una fecha marcada en rojo en todos los calendarios del pueblo. “Para las fiestas de Santa Ana, están terminados”, promete.

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