Ruinas del pasado con futuro

El arqueólogo Miguel Ángel López Marcos, conocido por sus trabajos en el templo egipcio de Amenofis III, dirige las obras de restauración del Castillo de Sarracín en Vega de Valcarce

Trabajos de restauración del castillo de Sarracín en Vega de Valcarce ./César Sánchez
Trabajos de restauración del castillo de Sarracín en Vega de Valcarce . / César Sánchez
DAVID ÁLVAREZ

El Castillo de Sarracín, que vigila desde las alturas el paso de los peregrinos por el Camino de Santiago, se somete este invierno a unas obras urgentes de consolidación y mejora con el objetivo de abrir a las visitas el monumento, situado en el municipio berciano de Vega de Valcarce. La construcción de un mirador para los turistas y el trabajo de refuerzo y recrecimiento de los muros corren a cargo del arqueólogo y restaurador soriano Miguel Ángel López Marcos, responsable del rescate y recuperación del templo funerario del faraón Amenofis III en Luxor, considerado el más extenso de Egipto.

“El patrimonio se suele ver como la ruina del pasado, cuando es el futuro de un pueblo”, recalca López Marcos, que considera que la fortaleza más occidental del Bierzo, cuya existencia se menciona ya en 1135 en el famoso Códice Calixtino, es “un yacimiento maltratado por el tiempo y por el hombre al que hay que devolver la dignidad perdida”.

Las actuaciones cuentan con un presupuesto de 50.000 euros del programa 'Iniciativas sociales por el patrimonio' promovido por la Junta. Las obras, ejecutadas por la empresa Consalpa, consisten en el aumento y la reconstrucción del muro exterior de la fortaleza para adecuar el antiguo pretil de ronda a las visitas. Además, se aprovechará el techo de una antigua estancia para instalar un entarimado de madera que sirva de atalaya para contemplar la fortaleza “desde el interior”.

Escuchar a los muros

López Marcos recalca la importancia de procesos de la metodología arqueológica como la “lectura de paramentos” o la “estratigrafía muraria” en los trabajos de restauración. “Los muros te hablan, hay que saber escucharlos”, explica el arqueólogo, que en los últimos 30 años ha participado en la restauración de otros antiguos castillos como el de Rocha Forte, en Santiago de Compostela, el de Allariz, en Ourense, o la fortaleza musulmana de Alcalá la Vieja, en Madrid. En todas esas restauraciones, lo más importante es evitar “la pérdida de información”, señala López Marcos, que indica la existencia de unos antiguos goznes de puerta horadados en las piedras como ejemplo de que “se pueden leer muchas cosas en una excavación, pero hay que saber leerlas”.

En esa línea, el responsable de los trabajos recuerda que el castillo, que albergó en sus entrañas a caballeros de la orden templaria, sufrió muchas reformas a lo largo de los más de 500 años en los que estuvo activo, desde el siglo IX hasta el siglo XV, cuando que se abandona debido al daño causado por la Revuelta Irmandiña. Como testimonio de esas sucesivas reformas, existe en el castillo otro punto en el que se aprecia la existencia primigenia de una apertura en forma de arco, que se convirtió más tarde en una puerta más estrecha para acabar reducida a una simple ventana. “Son tres fases que tenemos que enseñar, dejando las reformas más bajas que el original”, explica López Marcos, que insiste en que en un proceso de restauración “hay que respetar el original y mantener el patrimonio tal y como es”. “La obra ya la hizo otro antes que nosotros, no se tiene que notar que hemos estado”, recuerda como una de las lecciones más valiosas de su etapa universitaria.

El arqueólogo soriano Miguel Ángel López, junto a varios miembros de su equipo de trabajo en uno de sus trabajos en Egipto.

Al respecto, López Marcos lamenta que este tipo de obras no requieran de la participación de un especialista y reclama “un poco de respeto” para el patrimonio. “Nosotros aterrizamos aquí porque nos llamó la empresa que ganó, pero no puede ser que cada uno construya como quiera porque al final el que pierde es el patrimonio, que no es de la Junta ni de nadie, es de todos”, remarca. En ese sentido, el arqueólogo reivindica que “cada uno tiene que tener su parcela” y lamenta que existan “proyectos tipo hechos por arquitectos” que no se adaptan a la realidad de cada espacio. “Yo de resistencia de materiales no voy a discutir, porque los arquitectos saben mucho de obra nueva, pero no de restauración y conservación”, insiste.

El trabajo pendiente

Tras un mes y medio de trabajo, el equipo dirigido por López Marcos, del que forman parte seis personas, rematará las tareas antes del 15 de enero. Según el informe semanal de los trabajos que que se envía a la administración autonómica, de las 205 toneladas de piedra que se prevén volver a colocar en el castillo, ya se han resituado 142 toneladas, tanto en el adarve que separa las dos torres, conocido como paseo de ronda, como en el entorno de la plataforma que servirá de mirador. Las piedras con las que se recrecen los muros son las originales de la fortaleza, acopiadas en el interior de la misma desde la anterior excavación del año 2014.

En aquella ocasión, la restauración permitió sacar a la fortaleza, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1949, de la Lista Roja de Hispania Nostra, en la que estaba incluida desde el año 2007. Los trabajos contaron con un presupuesto similar al actual y se centraron en la consolidación de las dos torres principales, así como en la limpieza y acondicionamiento de los patios interiores hasta su cota original. La retirada de escombros permitió que salieran a la luz doce saeteras de defensa y estancias interiores como el aljibe, el depósito en el que se recogía las agua del castillo. Según el arqueólogo, este elemento es, precisamente, “lo más urgente de consolidar”, ya que la bóveda abierta quedará expuesta a la intemperie tan pronto acabe la actual campaña y los responsables de las obras retiren el andamiaje con el que trabajan en la plataforma superior. “Las piedras de la parte superior se hundirán”, lamenta López Marcos, consciente de que el “presupuesto pequeño” con el que cuentan los trabajos provoca que “algunas cosas se queden fuera”.

En sucesivas campañas, “sería muy interesante excavar las torres más altas para leer el muro, no sólo para quitar las hierbas”, explica López Marcos, que recuerda que las huellas de los merlones y almenas que coronaban las torres podrían aportar información sobre la altura de estas estructuras y sobre el remate de la muralla. “Confío en que se hagan otras fases”, asegura el soriano, que avanza que señalará la “conveniencia” de estas actuaciones en su informe final sobre los trabajos. Además, tras las obras actuales, el perímetro de la fortaleza se cerrará con cuatro rejas por motivos de seguridad y para que los curiosos no puedan entrar fuera de los horarios de visita.

De cara al futuro, López Marcos insiste en que “sería interesante recuperar la mitad norte del castillo”, así como limpiar las encinas que han crecido a lo largo de la muralla, algo que supone un “arduo trabajo” debido a que “las raíces de estos árboles buscan los huecos entre las piedras y para retirarlas es necesario desmontar medio muro”. En cuanto a la apertura del castillo a las visitas, el arqueólogo ignora los plazos que se manejan aunque subraya la necesidad de disponer de “guías de interpretación” que puedan ofrecer al turista las indicaciones relativas a la construcción.

El aula de Las Médulas

En la comarca del Bierzo, el arqueólogo soriano ya trabajó durante más de diez años en la restauración, musealización y señalización de yacimientos como el de Orellán, el Castrelín de San Juan de Paluezas o la villa romana de Pedreiras, en el entorno del Patrimonio de la Humanidad de Las Médulas. Por aquel entonces, el equipo en el que trabajó López Marcos dotó al conjunto de un aula arqueológica y puso en marcha la excavación, restauración y señalización de los canales romanos de Benuza, por los que se llevaba el agua hasta la antigua mina de oro romana.

En lo que respecta a Castilla y León, López Marcos es el responsable del montaje del centro de interpretación de los grabados rupestres y el convento de San José de Batuecas, en Salamanca, así como de la recuperación de un menhir en Alcubilla de las Peñas (Soria), que ya está expuesto en el Museo Numantino. “Me encantaría trabajar en Numancia, pero desconozco si podré hacerlo”, confiesa el restaurador y arqueólogo, que también dirigió la recuperación del menhir más voluminoso de España, de 12 toneladas de peso y 4,65 metros de altura, en Alcántara (Cáceres).

El arqueólogo de los colosos

Aunque el trabajo por el que López Marcos es más reconocido a nivel mundial tiene que ver con su labor en Egipto, donde trabaja desde hace 15 años en la reconstrucción colosal más grande del mundo, dirigiendo a un equipo de 25 técnicos y 300 obreros alemanes. Tras rescatar ya ocho estatuas erigidas para gloria del faraón Amenofis III, el soriano volverá a Luxor a partir de enero para restaurar los dos últimos gigantes de alabastro que integran el conjunto arqueológico.

Los colosos, que en algunos casos superan los diez metros de altura y pesan más de 200 toneladas, se recuperan utilizando técnicas similares a las usadas en el antiguo Egipto, con la ayuda de elementos sencillos como rodillos, palancas y poleas. El reto, agravado por el hecho de que las estatuas han estado parcialmente sumergidas durante milenios, consiste en evitar que los colosos sufran daños durante su restauración. “Allí están los vigilantes y si se rompe algo, vas a la cárcel, no estamos para bromas”, recuerda López Marcos con una media sonrisa.

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