La iglesia que escapó de la peste

La parroquia de Santa María de Suárbol, en Candín, conserva uno de los pocos cementerios intramuros que aún existen en España

Fachada de la iglesia. /César Sánchez
Fachada de la iglesia. / César Sánchez
D. ÁLVAREZ

La iglesia parroquial de Santa María, en la localidad de Suárbol, perteneciente al municipio berciano de Candín, es origen de varias leyendas en esta pequeña villa de montaña situada en la falda de la sierra de Los Ancares. Más allá de las historias legendarias asociadas a su construcción, la iglesia, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento desde 1995, conserva a día de hoy un vestigio de tiempos pasados en forma de cementerio alojado en el interior de los propios muros de la iglesia, una curiosidad que estuvo presente durante siglos en muchas de las iglesias de la comarca, pero que fue desapareciendo a lo largo de los años por la llegada de la peste.

En Suárbol, las paredes de la iglesia se encalaron con el objetivo de dificultar el avance de la enfermedad, al igual que pasó en muchos templos de todo el país, pero el camposanto intrwamuros, guardado con celo por los vecinos de la localidad, sobrevivió a las diferentes normativas que obligaban a alejarlos de los lugares de culto.

En ese sentido, José Quiroga, el vecino encargado de guardar las llaves del templo, recuerda que el porche deambulatorio que rodea la nave central de la iglesia se usaba cuando el mal tiempo hacía acto de presencia en las fiestas grandes de la localidad, que se celebran en el mes de agosto. “Cuando llovía, sacaban la imagen por el porche en vez de hacerla procesionar por las calles, para que no se mojara”, relata. Más tarde, uno de los laterales del porche se utilizó para albergar los primeros enterramientos, que se mantuvieron hasta bien entrado el siglo XX.

A día de hoy, las escasas tumbas que forman parte de este particular cementerio ubicado en el ala norte del templo, disfrutan de un silencioso y tranquilo descanso que los vecinos de la localidad no permiten que se interrumpa por ninguna razón. Y es que, en la pequeña localidad, donde habitan apenas una decena de familias, muchas de ellas de forma intermitente, raro es el vecino que no tenga un familiar enterrado en el pequeño espacio, al cual únicamente un pesado portón de madera separa de la nave central de la iglesia.

Bien de Interés Cultural

Tras más de dos décadas desde su declaración como BIC, Quiroga lamenta el mal estado de conservación de la iglesia. “El deterioro lo vemos todos, pero somos los vecinos los que tenemos que cuidar de todo, con ayudas mínimas”, explicó. Al respecto, Quiroga recuerda que los bancos que actualmente ocupan la nave central de la iglesia fueron pagados por los propios habitantes de la localidad, que también tuvieron que financiar las distintas reparaciones en las lámparas o la instalación de una puerta nueva.

Lo mismo ocurrió con las reformas realizadas en la escalera del campanario y en el muro lateral del templo, que amenazaba con derrumbarse. “Cada uno hace lo que puede”, recuerda el vecino, que critica que la normativa que afecta a los BIC establezca que “todas las obras que haya que realizar en el inmueble o en su entorno, no pueden llevarse a cabo sin la aprobación previa del proyecto correspondiente por la Direeci6n General o por la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural”.

Esa misma normativa establece un entorno de protección alrededor del templo, que viene delimitado por un circulo con un radio de 200 metros, cuyo centro estaría situado en el centro de la iglesia. “Si hay que pagar a un arquitecto que haga un proyecto de pequeñas obras, ya se nos escapa de las manos”, explica Quiroga, que valora que el obispado de Astorga, propietario de la edificación, haya aportado “pequeñas ayudas” para actuar en el templo.

Al respecto, la asociación cultural Suárbol Cuiña, nacida en abril de 2015, reclama a las administraciones con competencias en la materia que “apoyen y fomenten la recuperación y mantenimiento del paraje”, explica una de sus responsables, Noelia Quiroga, que recuerda que el colectivo está formado por “un grupo de personas que tiene como objetivo mostrar la riqueza paisajística y etnográfica de Suárbol y de la comarca de Ancares”.

En ese sentido, entre los objetivos de la asociación destacan otros aspectos como el fomento de actividades socioculturales en la pequeña localidad y la recuperación, limpieza y señalización de las sendas y caminos que en su día fueron importantes vías de comunicación y que hoy, prácticamente olvidados, apenas son usados por el ganado y algún que otro senderista.

Trasladada piedra a piedra

Otra de las leyendas asociadas a esta remota iglesia cuenta que su actual ubicación responde a un capricho de la Virgen, que habría decidido trasladar el templo desde su anterior emplazamiento, montaña arriba, hasta la parcela en la que hoy se alza, en una pequeña planicie de la localidad, que recibió el nombre de Ambasaguas hasta el siglo XIV, por su situación entre dos cursos de agua. En aquel entonces, los habitantes tenían que desplazarse hasta el entorno conocido como O Coladín para asistir a los oficios religiosos en el templo que compartían con los vecinos de Balouta.

Según la leyenda, a la que dan pábulo los mayores del pueblo, el cambio de nombre del pueblo se debería a que la imagen de la Virgen que se custodiaba en el antiguo templo aparecía todas las mañanas en el actual emplazamiento de la iglesia, debajo de un árbol. Asombrados por el milagro, tanto los vecinos como el clero habrían interpretado ese gesto como una señal y habrían trasladado “piedra a piedra” la iglesia hasta su actual ubicación. El nombre de Suárbol, pues, haría referencia al árbol de la Virgen María, patrona del templo.

Más allá de la leyenda y de un modo más prosaico, Quiroga sospecha que el episodio seguramente tuvo más que ver con una jugada del párroco de la época, que vivía en una de las casas de Suárbol, en la parte baja de la ladera, y que no quería recorrer los duros y empinados caminos de montaña todos los días para oficiar los distintos servicios. Él habría sido el responsable de llevar, durante las noches, la imagen hasta el solar en el que se construyó el actual templo, para convencer a los feligreses de que el traslado de la iglesia era una cuestión divina, explica el vecino.

Sea como fuere, la actual iglesia, construida a lo largo del siglo XIV en el terreno en el que la leyenda sitúa la existencia del árbol bajo el que aparecía la imagen, vio con el paso de los años como un nuevo árbol se empeñaba en enraizar en uno de los muros laterales, amenazando con derribar la construcción. Los vecinos, divertidos por la coincidencia pero preocupados por el futuro de la edificación, tuvieron que eliminar el ejemplar para evitar males mayores en la estructura del templo.

Barroco clasicista

Tras las muchas restauraciones y reformas sufridas a lo largo de los siglos, la iglesia de Santa María de Suárbol constituye a día de hoy uno de los mejores ejemplos de la mezcla entre elementos estilísticos de carácter tradicional con otros pertenecientes al periodo barroco del siglo XVII que se conservan en la comarca del Bierzo. El templo, situado en un lugar presidencial dentro de la estructura urbana de la localidad, está compuesto por una única nave, con un pórtico de enormes sillares que se abre hacia el sur, en el que destacan los cinco grandes arcos de medio punto que configuran la imagen más conocida de la iglesia.

La fachada principal presenta un frente liso de granito gris, coronado con una espadaña de dos cuerpos, adornada con las típicas esferas herrerianas. En el interior, la nave, el crucero y el presbiterio tienen un estilo sumamente sencillo, en el que destacan los símbolos asociados a las rosas. El templo fue declarado BIC con categoría de monumento el 24 de marzo de 1995, en una declaración que vino a complementar la que en 1971 recibió la localidad, a la que el Ministerio de Educación y Ciencia otorgó el título de “paraje pintoresco”, lo que supuso su inclusión en el Patrimonio Histórico-Artístico Nacional.

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