Como en casa, en ningún sitio

La unidad de convivencia del centro de día de AFA Bierzo cumple un año creando un «ambiente casero» para favorecer la autonomía personal de los pacientes

nidad de convivencia 'En mi casa', impulsado por la Junta de Castilla y León. /César Sánchez
nidad de convivencia 'En mi casa', impulsado por la Junta de Castilla y León. / César Sánchez
D. ALVAREZ Ponferrada

Una zona de comedor, una cocina, un salón, un área de taller y un cuarto de estudio integran la unidad de convivencia que estos días celebra el primer aniversario de su inauguración en las instalaciones del centro de día que gestiona la Asociación de Familiares de Alzheimer (AFA) Bierzo en el barrio ponferradino de Flores del Sil. “Nos falta la tele”, reconoce entre risas la directora del centro, Ana Pilar Rodríguez, que recuerda que esta “forma de trabajo nueva” se desprende del modelo 'En mi casa', impulsado por la Junta. Se trata de “potenciar las actividades de la vida diaria y adaptar el lugar donde conviven los pacientes para que se parezca lo máximo posible a sus propias casas”, explica.

Tras una inversión de 24.000 euros, de los cuales la Junta aportó el 75 por ciento y el Ayuntamiento de Ponferrada el otro 25 por ciento, los profesionales del centro aprovechan el nuevo espacio para programar actividades diarias, como labores de costura, de lectura o de cocina, que se proponen a los pacientes. Éstos “tienen la libertad de integrarse en la actividad que se está llevando a cabo en esta sala” o de acudir a cualquier otro de los puntos de referencia del centro ya que disponen de “trasiego libre”, recalca Rodríguez, que señala que en otra sala, los usuarios practican una actividad en la que usan una guía adaptada para poder llamar por teléfono a comercios, restaurantes o peluquerías, con el objetivo de mantener su autonomía personal.

Mientras tanto, en la zona de cocina de la unidad de convivencia, Miguel, que trabajó de cocinero en un restaurante, organiza a sus compañeros para preparar un almuerzo con canapés elaborados con una pasta de atún, tomate y mayonesa. “Nos encanta estar aquí y disfrutar de las actividades que nos proponen”, explica. Sus compañeros de mesa coinciden en destacar que el “ambiente casero” que se crea en la sala propicia que se produzcan reuniones espontáneas para charlar o jugar una timba de cartas. “Nos sentimos muy bien, porque trabajamos muy a gusto y estamos todos muy unidos”, aseguran los pacientes.

Mantener lo que aún se preserva

Además, los grupos que se crean son “heterogéneos” y formados por personas “con diversidad de capacidades”, de manera que “cada paciente se beneficia del taller de una manera”, matiza la directora del centro. “Al contrario que un niño, que cada día aprende cosas nuevas, vemos que nuestros usuarios van 'desaprendiendo'. Lo que han 'desaprendido' no se toca, pero lo que todavía está preservado se intenta mantener”, explica Rodríguez.

Por su parte, la terapeuta ocupacional del centro, Marta Fisteus, remarca que el “ambiente jovial y alegre” de las instalaciones colabora en el objetivo de mantener las habilidades sociales de los pacientes. “Están más tranquilos, más cómodos e integrados y se mueven con más normalidad y confianza”, explica Fisteus, que recuerda que “al principio, a nivel conductual, se hacía difícil tener a 15 personas en la sala”, aunque la “reeducación” también ha servido para que los terapeutas se adapten al nuevo espacio y a las nuevas exigencias del trabajo. “Aprendemos a la vez a integrarnos en el nuevo método”, explica Fisteus.

Este nuevo método implica llevar a cabo un exhaustivo registro de las actividades diarias en el programa de atención individualizada (PAI), que fija los objetivos específicos a corto plazo para cada paciente, con actividades dirigidas a diferentes áreas con déficit. Además, la documentación se completa con la historia y el proyecto de vida de cada paciente,. “La clave es el proyecto de vida”, remarca Rodríguez, que insiste en que “a veces olvidamos que esas personas tienen que sentirse integradas e importantes en la sociedad, porque lo son, son nuestros filósofos de toda la vida”.

En ese sentido, la directora del centro recalca que “el 50 por ciento del trabajo es con los familiares porque la mejor medicina es la formación a las familias”. Rodriguez apunta que la motivación, la información y el apoyo psicológico a estos cuidadores es “un trabajo que no acaba nunca” y recuerda que “esta enfermedad caracterizada por la falta de memoria, pero también por cambios en la conducta y la personalidad, hace que el enfermo se enganche del familiar cuidador, que se convierte en su tabla de salvación”.

Por ello, el centro de día de AFA Bierzo tiene entre sus objetivos “cuidar al enfermo y ofrecer un respiro a la familia”, a través de la mejora de la autoestima del paciente, con el fin de conseguir que muestre una conducta menos exigente en su domicilio. “Las personas mayores son ciudadanos de tercera, a nivel de sanidad, social o familiar, y aquí luchamos porque estas personas salgan del ostracismo”, explica Rodríguez, que recuerda que “pasar por esa etapa nos va a tocar a todos”.

Dos décadas de actividad

AFA Bierzo cumplió en el mes de febrero veinte años desde su constitución y celebrará la efeméride con una pequeña fiesta que tendrá lugar a lo largo del verano. En estas dos décadas de trabajo, la asociación ha ido creciendo hasta disponer de 44 profesionales, entre trabajadores sociales, psicólogos, enfermeros y fisioterapeutas, de los cuales 36 trabajan en el centro de día.

“Podemos presumir de un gran equipo de trabajo, con reuniones multidisciplinares y el deseo de seguir creciendo”, explica la directora del centro, que valora la creación de estos puestos de trabajo como uno de los “motivos de orgullo” de la asociación. En el mismo sentido, Rodríguez destaca que las instalaciones del centro de día no se ajustan al “concepto de asilo oscuro” que asociamos a estos espacios. El “luminoso local” donde se levanta el centro, cedido por el Ayuntamiento de Ponferrada y ubicado junto a la residencia de personas mayores del barrio, dispone de baños adaptados y gimnasio para los 65 usuarios que pasan por las instalaciones a lo largo del día.

En cuanto a la lista de espera, Rodríguez recuerda que ha llegado a estar integrada por hasta 50 personas, aunque en los últimos meses la situación se ha aligerado hasta reducir la lista a 25 pacientes que aguardan por una plaza. En cualquier caso, la directora del centro lamenta no disponer de más espacio para albergar a estas personas y recalca que “si no somos capaces de ofrecer el recurso, se lo buscarán en otro sitio”.

No son síntomas de la edad

Otro de los proyectos en los que AFA Bierzo centra su actividad es el programa 'Quédate', cuyo objetivo es fijar población en el ámbito rural de la comarca. Este proyecto, que ya se desarrolla en 15 municipios bercianos, se articula a través de un primer encuentro con los centros de acción social y los Ayuntamientos para crear “aulas de prevención y formación para las personas del pueblo”.

Tras esta primera toma de contacto que sirve para apreciar el grado de vulnerabilidad de las personas mayores del entorno y sus posibles problemas de aislamiento, se ponen en marcha “intervenciones para demorar el ingreso en residencia”, como talleres de memoria o charlas formativas mensuales para pacientes y sus familias sobre asuntos como fisioterapia, recursos para adaptar la casa o métodos para afrontar la depresión y la ansiedad.

Además, en el caso de Cacabelos, Bembibre y Fabero, AFA ha puesto en marcha unidades terapéuticas de respiro en las que se imparten programas de estimulación cognitiva para promover la autonomía personal de los pacientes, a la vez que se ofrece un margen de tres horas para favorecer la conciliación de la vida personal y laboral del familiar cuidador.

Por otro lado, el programa también sirve para que la asociación colabore en un proyecto a nivel nacional, encabezado por la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Alzheimer (Ceafa), para realizar una estadística de personas diagnosticadas con Alzheimer o demencia. “Queremos aportar nuestro granito de arena orientando a la familia para que se dirija al médico de cabecera, porque hay que entender que esto no es habitual, no es algo que pertenezca a la edad, es una enfermedad que tiene nombre y tratamiento”, recalca Rodríguez, que recuerda que un eventual diagnóstico abre las puertas a solicitar las ayudas correspondientes a la ley de dependencia.

En la misma línea, la directora del centro celebra que la federación regional que agrupa a los colectivos relacionados con estas dolencias haya repartido un documento orientativo destinado a los médicos de familia que ejercen en Castilla y León, en el que se incide en que “los síntomas de la demencia no son síntomas propios de la vejez”.

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