TROBAJO LLORA A LUCíA

La localidad despide a la pequeña, reconociendo su lucha contra el cáncer infantil en un funeral en el que no faltó detalle

La carroza de caballos llevó a Lucía en su último trayecto. / Noelia Brandón
N. BARRIOLeón

La batalla ha sido larga, dura y difícil, pero sería un error pensar que al final se ha perdido. Parece lógico creerlo, pues el resultado invita a entender que al fue el maldito DIPG el que dijo la última palabra. Pero no.

El glioma de tronco difuso, que tiene un nombre tan feo como sus consecuencias, no ganó por un simple razón: el que lucha nunca pierde. Y Lucía, mientras estuvo en la batalla, no dejó de plantar cara.

Trobajo del Camino despidió en la tarde del miércoles a Lucía, la pequeña de la localidad que padecía este tipo de de cáncer infantil. Acompañada por varios centenares de vecinos y siendo llevada en una calesa tirada por caballos, Lucía realizó su último viaje del tanatorio a la iglesia parroquial. En el camino Nieves, su madre, dedicó palabras de agradecimiento a los presentes, pues gracias a ellos la pequeña pudo recibir un tratamiento novedoso en Barcelona que arrojaba algo de luz en la enfermedad. Desolada, caminó junto a su marido Ángel y su hijo recibiendo el cariño de un pueblo que ha sentido esta lucha como suya.

Y es que Lucía y sus padres desataron una enorme ola de solidaridad basada en su lucha que ha servido también para concienciar sobre esta enfermedad poniendo el acento en que la inversión en investigación es algo innegociable. Una obviedad que no lo parece tanto en pleno siglo XXI.

El caso logró multiplicar la sensibilidad frente al DIPG y sus padres consiguieron que la pequeña pudiera alcanzar tratamientos experimentales que, si inicialmente sembraron un hilo de esperanza, finalmente no pudieron ser suficientes para que superara su enfermedad.

En su último recorrido, Lucía llegó entre aplausos a la iglesia parroquial, donde su hermano leyó unas palabras en su recuerdo, en las que destacó que la niña «fue tejiendo sus alas para volver a un cielo que no entiende de edad». Tanto él como sus progenitores dejaron volar una paloma blanca en recuerdo de Lucía antes de realizar el funeral.

Un adiós en el que el pueblo de Trobajo acompañó a Lucía consicentes de que pese a que la batalla ha sido dura, larga y difícil, el haber luchado ayuda a pensar en un futuro sin despedidas tempranas.

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