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Lucía, en el salón de su casa junto a sus padres. / Noelia Brandón

Un tren directo a la esperanza

  • La pequeña Lucía viajará en la madrugada del lunes a Barcelona con el fin de someterse al tratamiento contra el cáncer que sufre

Es domingo por la tarde. Lucía, ajena a la conversación que se mantiene en el salón de casa, pinta y colorea en la mesita de su habitación. El pequeño Caillou centra sus esfuerzos antes de percatarse de que el bullicio está en otro lado. Se levanta y, asomada a las cristaleras de la puerta, hace gestos a su madre. «Espera un poco, Lucía». Ella, obediente, vuelve al mundo de princesas que es su dormitorio.

Tras meses de lucha e iniciativas, Lucía viaja en la madrugada del lunes a Barcelona en tren. El objetivo no es otro que someterse a un tratamiento en el que será pionera. «La primera visita es la más complicada, porque hay que pasar por todas las áreas que tienen que hacer consulta, para que hagan todas las pruebas y muestras necesarias», explica Luis, su padre.

Una vez allí comenzará el ritual de vacunas, que durará cerca de cuatro o cinco meses. Diez viajes más el primero y un últmo para resonancias y pruebas diversas. «Los médicos fueron los primeros que nos comunicaron que llevaban cinco años trabajando en las vacunas y que tenían muchas esperanzas en que si no se cura, se frene bastante el tumor. No hay mucho más donde agarrarse, tenemos que tener fe».

Llegar a este punto podría parecer sencillo pero nada más lejos. La ciudad y la provincia de León se han volcado con la causa de la pequeña, fruto de la que ahora su familia cuenta con una base para poder realizar los desplazamientos y la estancia. Luis muestra la retahíla de consultas que guarda en el móvil como sms enviados por el Hospital Sant Joan de Déu, tratando de descifrar lo que aquellos mensajes en catalán quieren decir. «Nos vamos a Barcelona con una mochila llena de ilusión, cariño y apoyo», afirma orgulloso Luis.

Pero, a pesar de todo, a veces también llegan los momentos de caída. «Nosotros tenemos ratos desesperantes, que solo los puede saber alguien que haya pasado algo similar. Va en contra de la naturaleza que yo luche por la vida de mi hija, por lo que hay momentos en que tienes que salir a andar para que ella no te vea mal».

En la habitación las princesas Disney comparten espacio con un balón de Adidas que llama la atención de inmediato. La pequeña de Trobajo pudo compartir un rato con ídolos como Cristiano Ronaldo, Gareth Bale o Marcelo, en un momento que no olvidan, especialmente cuando hablan de la amabilidad del crack luso. En ese momento Lucía entra en escena. El hambre aprieta como una consecuencia más del tratamiento anterior y el cansancio va haciendo mella. «Igual vemos a Messi en Barcelona, como cuando vimos a Ronaldo», le dice su madre. Ella, siempre risueña, asiente y juguetea con su hermano. El ambiente de mayores no le termina de gustar y tras pedir permiso, vuelve al mundo de princesas en el que ha estado todo este tiempo. Una gran aventura que, a pesar del dolor, la ha hecho pensar que lo que tiene en la cabeza no es más que una pupa que se curará pronto. Una historia de eventos y actos en el que muchos leoneses han tomado parte como actores solidarios. El cuento continúa el lunes, con un tren de madrugada. Como en las grandes historias de fantasía. Y ojalá que el final sea el más feliz posible. León y Lucía tienen el mismo sueño.